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Perdidos en el espacio

El camino que va desde su cuarto a la cocina es un “agujero negro” que nunca se sabe a dónde nos lleva”

y aunque lo recorre conmigo de la mano

porque “este es un pasadizo que se mueve mucho”, siempre va tembloroso porque, “a ver a dónde vamos a ir a parar ahora”.

Ya sentado en la mesa, lo mira todo y no lo reconoce; quiere acabar cuanto antes con el trámite de la comida, que es líquida (unos batidos hiperproteicos que le ha recetado la neuróloga) y volver a “su pueblo donde tienen una chimenea más grande que esta casa y alrededor de ella nos sentamos todos los hermanos y mis abuelos y mi padre y algún vecino que entra, también cabe, fíjate si será grande”

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De categoría

Le han dejado una silla de ruedas en la Seguridad Social, pero la médica de familia le aconseja muy encarecidamente que la use sólo para trayectos largos, los cortitos a pie, para seguir manteniendo el tono de la musculatura.

-¡Eh Pablo, tienes que andar y seguir siendo valiente!

– Si no consiste en ser valiente, sino en saber cuándo puedes echar a correr…

  • Él va repasando con las manos las barras separadoras, las palancas de freno. Yo le digo que tenga cuidado con las ruedas y que no apoye el bastón en el suelo, mientras trato de salvar (sin accidentes) todos los obstáculos con los que me voy encontrando, bordillos altísimos, coches aparcados en batería con el morro (¡que morro!) invadiendo las aceras estrechas…
  • Llegamos al parque, donde dos operarios del ayuntamiento están realizando tareas de jardinería. Me apoyo en un banco para dibujar y uno de ellos nos grita:
  • -¡Ei Pablo! ¿ com vas?
  • -De categoría… -responde-

¿Será posible? ¡A quién se le ocurre!

A veces entra en un estado de exaltación y gesticula con ojos y manos mientras cuenta su historia, sobre todo si es la tercera vez. La de hoy,  la ha contado muchas veces y a mi me cuesta ya poner cara de asombro. IMG_20170526_175229448.jpgLe pasó a su primo, hace muchos años, recién emigrados a Madrid. Parece que recibió su jornal en un sobre y paró en un bar de Cuatro Caminos a tomar algo con los compañeros  y para pagar, según cuenta Pablo, sacó todo el dinero sin esconderse, porque le gustaba mucho presumir. El caso es, que ya en el metro, de regreso a casa, se tentó el bolsillo y vio que le había desaparecido el bulto del dinero.

– Y al tonto, porque hay que ser tonto pa hacer eso, no se le ocurre otra cosa que ir a denunciarlo a la comisaría y con exigencias de que encontraran pronto al ladrón porque y que ellos bien sabían quiénes eran los que se dedicaban a eso en el metro…Y los policías, claro, le preguntaron que qué llevaba en la cartera de documentación y va y les dice ¡que el dinero lo llevaba en un sobre! ¡Pero tío zopenco! ¡Si el dinero no tiene nombre!

La rueda pinchada y todos los de mi edad son más viejos que yo

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-¿Qué le pasa al coche? – no espera que le conteste – ¡Cuidao qué bien lo sube él solo ahí arriba!…¡Con esa maquinaria! …Pero tampoco lo vamos a echar en falta, teniendo el tren de las dos…

-Pues andando entonces

-¿Sabes que me ha dicho Ángel que ha muerto Cándido?

-Ya, ya me lo has dicho; por fumar…

-No, si cuando llega la hora, llega la hora peroooo…Es que ha fumao siempre mucho y también habrá bebido lo suyo…A Nino en cambio, que somos quintos…Bueno, lo que se dice quintos no, porque él los hace en agosto y yo luego en enero, así que no fuimos de la misma quinta aunque somos de un tiempo y ¡Uuuuuh! Y que está muy viejo me ha dicho Ángel, que le ha visto porque ha acudío al entierro de su hermano, ¡claaaaro! Pues dice que está hecho un carcamal. Es que a los que son altos les cuesta más mover la maquinaria ¡Uuuuuh! Y que le hacen falta dos bastones para andar.

– Y tú con uno solo…

– Y que no me hace falta, lo llevo porque me gusta ¡que me lo hice yo de una caña!

-Por presumir.

– Bueno…Y ¡”paporsiacaso”!