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Un día intranquilo

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Un día intranquilo. Se ha levantado, a pesar de mi insistencia para que volviera a la cama, y bien temprano ya tenía la gorra puesta esperando impaciente el momento paseo

– A quien madruga Dios le ayuda… que uno que madrugó se encontró un costal.

– Más madrugó el que lo perdió

– No, ese seguro que trasnochó

– Siempre te tienes que salir con la tuya

– ¡Ay! Estoy tan echao a perder que hasta ganar me incomoda…

Decide sacar una silla fuera para sentarse a la puerta. Vuelve a entrar a buscar su garrote. Salgo yo con una botella de agua y se la doy para que beba, mientras le advierto que me llame, si le apetece salir a andar de repente. Da un sorbito de agua y cierra parsimoniosamente la botella, dejándola en el suelo al lado de la silla.

– No, me quedo aquí sentao viendo pasar a la gente que me saluda y no sé quién son ¡Uy, eso es muy entretenío!…Además, que si me da un repentino de estirar las piernas… no te voy a andar llamando pa eeeeeso…- Me mira, se ríe – Tú descuida que no me voy a escapar.

 

El trabajo es salú

– Las malas hierbas hay que sacarlas a mano, doblando el espinazo y hay que quitarlas toas hasta estas tan pequeñas que dices tú que son bonitas, porque luego crecen y se hacen con el terreno y absorben el alimento de este naranjo que tienen aquí, que por eso se ponen alredor, pa ver lo que pillan,  además que muchas traen miseria  que contagian a diestro y siniestro, no tiés más que ver las hojas de esa mata de ahí enfrente que se ponen blancas y se alacian y estos pimientos que se arrugan antes de hacerse grandes…pues eso es por la pura miseria.

– Entonces, el huerto,  es como un país rico que impide el paso a los emigrantes que vienen en busca de tierra para medrar

– ¡Qué coño tendrá que ver una cosa con otra! Si trabajas la tierra tendrás que procurar que de alimento y que sea pa el que lo trabaja, no pa los chupones – dice incorporándose mientras hace ese gesto de tentarse con una mano  los riñones –

– Estás trabajando mucho Pablo

– ¡El trabajo es salú!…mientras trabajo se me quitan de la cabeza las tonterías…

Psicodélicas Perseidas

Me envían una foto de L. con Dylan y se la enseño a Pablo, que hoy no quiere salir de su cuarto. Se queda mirando pero no da señales de reconocer a nadie.

-Un perro y una niña -dice al rato, con los ojos entrecerrados – y también veo colores y chispas, desde que me has subío ahí a la terraza a ver si caían estrellas…
y luego pa bajar la escaleraaaa… Pero ¡a quién se le ocurre! ¡Ahora ya no se me va de la cabeza!

– Pero si estás bien, no te ha pasado nada. Yo creía que te iba a hacer ilusión. ¿No me dices que te gustaba mucho mirar las estrellas cuando dormías en el campo y que ese pastor que se llamaba Cigarro te iba dando los nombres de  todas?

– Sí, las cabritilla y el camino de Santiago y muchas más que me sabía…pero ahora no me gusta lo que está pasando, ni las cosas que se me meten aquí – se aprieta la frente –  en el majín este…Yo no sé si serán las pastillas esas que me das, pero yo ya no soy lo mismo…Miá tú, con el paso que yo llevaba antes, que no había quién me pillara – se va quedando dormido, saco el cuaderno y hago un dibujo con muchos colores

No sé por qué será

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– Pablo, ¿Te has comido los tres helados de la caja?

– ¿Tres helaaaaaos? ¿Dónde?

– Eran para invitar a tus amigas

– Pero como no aparece nadie…¡Yo no sé qué harán que no salen!…Pero yo me he comío   uno solo…yo creo que no había ninguno más… a lo mejor se han derretío por el calor…

– Pues desde que empecé a dibujarte has engordado un poco.

– No creo, si yo no he estado gordo nunca…¿Sabes lo que decía mi padre? – se ríe – Que si hubiera sío un cerdoooo, que arruinaba al dueño, eso me decía, porque comiera lo que comiera, siempre estaba seco… Claro, es que me movía mucho, era lo que se dice de rabo de lagartija…Ahora ya no me muevo tanto –  Mientras habla forcejea tratando de meterse la mano al bolsillo para sacar el pañuelo y le cuesta, porque el pantalón le queda muy ajustado y esa postura de sentado adolescente, complica aún más la operación – ¡Ay, qué cooooño! – Cuando lo consigue se limpia la nariz y la frente, vuelve a doblar el pañuelo parsimoniosamente y esta vez se levanta para guardarlo.

-Yo creo que este pantalón ha encogío un poco

 

El retrato

He encontrado una foto en la que está con su novia, los dos muy jóvenes y la hemos colgado en la pared de su cuarto.

Se queda mirando atentamente, luego se ríe:

-Es que a las fiestas de los pueblos iba siempre un fotógrafo. Tenías que ponerte, muy quietito, mientras él metía la cabeza en una cosa…como una manga ancha que salía de la cámara, hasta que daba el chispazo… Pero no salía al instante, ¡Uy! Tiempo había pa echar un baile hasta que te lo enseñaban …Una vez -se ríe- ¡acarreaba también la estampa de  un avión, ná menos! y nos hicimos una foto mi amigo Rafa y yo como si fuéramos subíos…Uno conduciendo y otro atrás…yo no sé qué habrá sío de eso…

Yo recuerdo haber visto esa imagen que dice, con García Lorca y Buñuel en el avión de cartón; debía de ser un decorado muy popular. Se la enseñoIMG_20170725_072412.jpg

– ¡Esa misma es! Y ¿Qué hace ahí? – Pero no repara más tiempo en ello. Se levanta, vuelve a pararse enfrente de la foto en la pared – ¡Ay qué ver! Ya no me acordaba de cómo era – Y se queda ahí, mirando

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Tiempo de melón

Aunque esté en la mesa y tenga sus cubiertos, cuando sale el melón, saca su navajita del bolsillo, la abre y va haciendo con ella trozos pequeños que se lleva a la boca sin soltarla wp-1499065002675.

Mientras esto hace con parsimonia, moviendo el tiempo a su modo y manera, recita mi navajita bien corta un chiste de gallegos. (Véase, el que lo quiera, yendo a entrada 23/4/17) Echa la cabeza hacia atrás, mira a la parra y se asombra de la cantidad de uvas y de que no nos preocupe compartirlas con los pájaros y con esa amiga nuestra que le dijo que iba a venir a llevárselas para hacer vino.

– ¡Miá tú, a ver si atina! Bien que me preguntó y yo bien que le dije pero, no creo ni que se ponga; ahora ya no se gasta tiempo en aprovechar las cosas

Mira el melón que ha quedado en el centro de la mesa y vuelve a partirse una rajita, repitiendo el proceso

– Esto se come sin sentir, como un caramelo… a vosotros es que os ha tocao vivir en un buen tiempo… ¡Aquí, claro! Que en otros sitios habrá que pasen hambre y estén en guerra ahora…¡Qué mal repartío está el mundo!

Ahora todo lo hacen las máquinas

-Hace mucho calor para trabajar, Pablo. ¿Por qué no descansas ahora a la sombra y luego, cuando baje el sol continúas la faena?

– Porque ahora es cuando tengo ganas…

– ¿No has oído decir por la tele que nos protejamos del sol con estas temperaturas?

-Entonces, porque lo digan por la tele…tié que ser

-Bueno, vale, haz lo que te dé la gana, ya iré a recogerte cuando te dé un vahído y te caigas

Se sienta a mi lado, pero se aburre. Le miro

– Cuando estábamos segando, ya podía estar el sol alto o bajo, que hasta que no se ponía no te ibas pa casa.

Se levanta y me enseña la hoz con la que recoge unas ramas secas de madreselva que hemos estado podando

– ¿Con eso segábais?

– A ver, ¿Con qué iba a ser? – Hace el gesto de segar, agachándose- Se iban haciendo tres “manadas” y lo ibas dejando a un lado, luego se iban juntando pa formar las gavillas – me va explicando todo el proceso y los trucos para que cundiera más el trabajowp-1498475846171.

– Yo pensaba que se segaba con guadaña

– ¡Esa es la muerte, dicen!. Pa segar hay que doblar el espinazo…pero ahora ya todo lo hacen máquinas