Archivo de la categoría: pablo, instrucciones de uso

Fiarse del hambre

Dice que le pesan las piernas y que no se fía de ellas. Camina concentrado en no inclinarse demasiado. Le agarro del brazo para servirle de apoyo e inmediatamente, dobla el suyo contra su cintura para sujetarme él a mí. Mantengo la posición del brazo pero suelto los dedos. Me dejo llevar

– Hay que acompasar bien el paso, como en la mili -se ríe – ¿Sabes que yo estuve en Barcelona haciendo el servicio militar?…Sí, hombre, sí. Estábamos en Villaverde haciendo  la instrucción y me enteré que  había un destacamento pa Barcelona y yo fui el  único que me ofrecí  voluntario… y los otros: “Pero ¡tú estás loco! ¡con lo cerca que estamos aquí del pueblo!”… Pues a mí me fue muy bien y hasta estuve a punto  de quedarme allí a vivir, porque me ofrecieron trabajo y tó, uno que su padre tenía ganadería…¡Ay!, pero en aquel tiempo tiraba mucho el pueblo y que los padres no te daban la independencia así como así…y otra cosa eraaaa, la novia de formalidá que tenía… Luego me enteré que a ella le hubiera gustao irse del pueblo, conmigo, pero como en aquel entonces esas cosas era un enigma decirlas…¡Qué sé yo lo que hubiera sío! …Anda, vamos a sentarnos un rato ahí…

-Yo creo que ya va siendo hora de ir a comer ¿Qué hora es?

– Si te advierto que de los relojes tampoco te puedes fiar mucho

– Entonces, ¿De qué nos fiamos?

– Del hambre

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Viaje a la luna

Estamos ahí, en una terraza, con cerveza en la mesa y amigos contando anécdotas. Pablo bebe, nos mira y no logra subirse al hilo de las risas, pero acecha el momento, como un cazador furtivo, preparando las palabras con las que va a captar nuestra atención
– ¿Habéis visto la luna? Parece que está como “agüevada”…- Se ríe al ver que todos dejamos de hablar y levantamos la vista; “¡nos ha cazado!”
– ‎Es porque está creciendo, no está llena todavía – digo y le fastidio (lo percibo) su explicación; él esperaba que le preguntáramos el porqué…Acerca la cara hacia R…y se dirige a ella ahora, pero sabe que seguimos mirando y escuchando hacia él
– ‎¿Tú has visto alguna vez la luna cuando sale del agua, redonda y así grande y naranja?
– ‎Del agua dices, ¿Del mar? ¡Claro que la he visto!

– ‎Es cosa muy bonita…La gente no se fija en esas cosas, pero yo sí… me fijo mucho…Duermo muy poco y me quedo así, por la noche en el campo, cuando voy a guardar la era con mis primos, viendo cómo cazan las rapaces a las alimañas…-Hace el gesto con los brazos abiertos y mirada de pájaro-Se ponen así, con las alas extendías y bajan sin movimiento alguno…y luego ya suben con el bicho en la bocaaaa…¡y mis primos durmiendo!

Vivir, soñar

-Pablo, te estoy haciendo una prueba para ver cómo tienes el corazón

-Pues yo creo que ese está en su sitio, que no se me ha movío…lo que se me mueve mucho es la cabeza, como si estuviera llena de cosas que quieren salir y no encuentran por dónde y me dan golpes, así, por dentro…y las piernas que se ponen a dar patás ellas solas cuando estoy sentao o tumbao, las jodías, como si quisieran echar a correr y luego, cuando “echoa’ndar” me pesan, ¡Uuuuuh!, como si las llevara atás a algo, como esto que me pones así, pero arrastrando un peso…y ¿por qué me pones esto en las piernas si lo que estás buscando es el corazón?, dices…

– Todo lo tenemos conectado, Pablo. El corazón está en su sitio, pero está trabajando para el resto del cuerpo…Y parece que a ti…, ahora te lo dirá la doctora, pero te funciona muy bien

– Entonces…Si no hacéis más que decir que lo tengo todo bien ¿Qué es lo que no marcha?

– El sistema de comunicaciones, Pablo. Tienes bien todas las piezas, pero no saben, entre ellas…encajarse.

Se queda callado, distraído, como si hubiera dejado de estar ahí. Cuando salimos, le digo lo bien que ha preguntado y que sí ha entendido las explicaciones..

– Yo no sé -arruga la frente y se coloca la gorra- …¡me ha parecío que me tenían atao así con unos cables! – se ríe, apartando un pensamiento de su cabeza – ¡ lo habré soñao!

Y una cosa por otra

Rebaña complacido ese dulce rosa para niños, de queso crema, rechupeteando la cuchara y volviéndola a meter al repaso de cada posible resto entre los ángulos y bordes del envase vacío. Me mira y ve que le miro.

-Tú es que no sabes lo que es alimento… Había una mujer, de algún pueblo de al lado, yo no sé de dónde sería…Iba por allí pidiendo…y se cogía unas curdaaas -sonríe, se queda pensando, se pone serio – Y uno, por pura maldá y haciendo ese día mucho frío, le tiró al río la botella… ¡Oyes! Tenías que haberla visto a la mujer, hecha y derecha, llorando y diciendo – “Ese era mi único alimento…”- Luego ese mismo, entrando yo en el pueblo con la mula cargá y yo agarrando, pa que no se me cayera un costal, iba detrás de mí y “alredor”, haciendo burla con unas llaves, de esas grandes de antes, dando golpecitos, tintilintin tilintín, tintilintin tilintín…Y en una de esas se cayó el costal, que yo no quería que se cayera, y en ese instante le agarré la llave y le di un buen golpe con ella en la cabeza, ¡porque me creía que lo había tirao él!, luego ya otro me dijo que no, que se había caído sólo, el costal…pero pensé… que la botella sí que se la había tirao a la mujer…y ¡una cosa por otra!

Higos fulminados

Hemos venido a pasar unos días en un pueblo de Cuenca, a la casa de los padres de J…

Pablo se ha hecho un lío, no sabía si enfadarse porque le hemos movido de su rutina o alegrarse porque está con gente de su generación y puede contar sus cosas y hacer como que presta atención a los otros.

-Mira Pablo qué higos más ricos tenemos aquí. Estos son árboles del ayuntamiento, podemos coger si queremos

–  ¡Buah! Estos son muy pequeños, pa higos buenos los de mi higuera, que la tengo injertá y da higos de tres clases…¡Esos sí que son gordos y dulces! Estos se nota que están “fulminaos“. Porque fíjate, ni siquiera los pican los pájaros. Aquí no hay ni pájaros, de la sequía que tenéis

-Tú prueba y verás qué ricos

– ¡Uy!¡Se me hace como  que oigo campanas!

– Sí, son las que dan las horas. Y mañana domingo hay misa, pero tú no eres muy aficionado a eso ¿No, Pablo?

– Bueno, yo ¡también sé rezar! Lo que tiene es que siempre se ha oído eso de “a Dios rogando y con el mazo dando” y yo he pensao, pues si hay que dar con el mazo de toas las maneras, mejor dar con el mazo sin rogar, porque parece que le rueguen o no, Él no te ayuda y así te cunde más el trabajo. Y al final de la jornada, siempre he preferío ir al baile que oír al cura – Se mete entre las hojas de la higuera tentando los higos; los va pelando y metiéndoselos en la boca mientras cabecea afirmativamente – Pues sí están dulces, sí, pa lo ná que dices que ha llovío …

La enfermera Concha, que no duele, se entera de la historia de Regino el torpe

– A ver si me la vas a clavar, Concha…como se la clavaron a Regino el Torpe

– A ese no le conozco yo, Pablo

– Era uno de mi pueblo, que estando bailando con su novia de formalidá, va y le llega un telegrama que le dice: “Preséntese en la estación de Erustes a recoger a su mujer y a su hija que llegarán a tal hora” Y es que había estao de asistente con un sargento y le llevaba la ropa a lavar y a los arreglos…a la casa donde vivía esa chica…y la clavaría, ¡Claro! Porque llamó a un taxi que había y allá que se fue a recoger a la mujer y a la niña, dejando a su novia, que se llamaba Gonzala…pues así…pero luego encontró a otro, a uno que era muy bruto pero buena persona… Y a Regino, empezaron a llamarle el Torpe, porque corría la voz por el pueblo, de que esa niña era del sargento y que se la habían clavao a él

-¡Caramba, Pablo, qué cosas me cuentas!

– Pues dio la casualidad de que estuve trabajando luego con este Regino en un finca de labor y ¡Oye! Me dijo que era muy feliz con esa mujer, que se llevaban divinamente, ¡A lo mejor se hubiera llevao peor con la otra!, nunca se sabe…Como tú, que me pinchas, pero ni gota me duele…

¡Qué invento!

A veces me dice que se quiere ir a la pinada (el parque al lado de casa) y que no le busque, que él vuelve solo. Que se lleva el reloj y mirará la hora para volver a tiempo a la comida, para que yo  descuide, que allí se distrae mucho porque van las chicas del supermercado a su tiempo de desayuno y a veces le saludan y él las mira mientras hablan y así se pasa el tiempo mejor que en casa, pero que yo no vaya, que no le hace falta vigilancia, que él no va a ir a ninguna parte sin dejarme el aviso. Y le digo que vale y se alegra y coge una botellita de agua y se despide “hasta la una”. Y vuelve a la media hora, “porque no hay nadie”, “porque se ha levantao una mareíta fina”, “porque le han entrado ganas de ir al baño”…

– Venga, que ya me pongo el macuto y voy contigo

– El caso es que si yo llevara un macuto así… Porque, ¡Claro! A ti con eso no se te clava la madera tan dura…

– ¡Uy, pues mira, aquí hay una mochila!, la rellenamos con un cojín y…

– ¡Qué invento! ¡Esto ya es otra cosa!