Archivo de la categoría: fauna y flora

“todo pasa y todo queda”

Como no podía ser de otra manera

Pablo ya…estará asaltando los cielos

“Sostiene el bastón con las manos juntas, señalando una nube. Pienso que me va a hablar del tiempo y dice:

-Allí estará San Pedro, esperándome

-Pero si tú no vas a misa, no eres de ellos

-Y eso qué “tié”que ver…cuando me muera voy allí…y luego ya veremos si entro o no”

 

img_20161004_153921

IMG_20181102_212824

Pablo García subido en una silla y sosteniendo un cochecito.

Vivió noventa años. Según creo supo sacarle provecho a la vida

Murió el último día de octubre de 2018

IMG_20181102_212908

Montse García (Note Claves)

He acompañado a Pablo en sus últimos años

escribiendo y dibujando sus crónicas para dar recado de él

Gracias por leer.

Anuncios

Señales de otoño

En este lado del mundo, en otoño, los árboles se mantienen verdes

Y asoman flores exóticas entre los huecos de las tapias blancas

Las gente que por aquí viven, mantienen en otoño las sandalias

O si se ponen algo de abrigo

Siempre se descalzan en la playa

Me siento enfrente de Pablo y le cuento las cosas que he visto. Presiento por su mirada que ha empezado a interesarle lo que digo

-Pablo, aquí no se nota el otoño, todos los árboles siguen verdes, no se ven volar las hojas, ni hace frío

– ¡Qué sabrán las palmeras! – me dice

Para saber en el tiempo que estamos, hay que mirar las parras…si empiezan a arrugarse y aaa…marronar las hojas…- se para, busca las palabras, carraspea- es que vienen “Los Santos” que es el tiempo de sembrar…las habas y los guisantes yyyy… cosas de invierno…

Luego se calla, deja de mirarme y se vuelve a su mundo, a seguir gesticulando con las manos, haciendo nudos en la manta, tejiendo lo invisible

Rififi en un pueblo de la mancha

Esta noche, mientras llegaba al suelo en uno de sus repentinos y agitados despertares, ha sido interrumpido por un mueble que le ha dado un golpe en la cara. Ahora en el parque hay un par de moscas que buscan la herida. Se las aparto y me dice:

-¿Qué mueves tanto las manos, que parece que estás espantando moscas?

-(…)

-Déjalas, es que algo están barruntando

-¿El cambio de tiempo?

-O a muerto… Y que no parece que vaya a venir nadie ya…

-¿Tus amigas? Es que salen más tarde; ahora estarán echándose la siesta…¿Esperamos un poco?

-Hasta las tres te esperé y en vista que no venías, las gallinas me llevé…

-¿Y eso?

-Eso es un cartel que dejaron escrito en el gallinero… los que se llevaran las gallinas

-¿Te las robaron a ti?

– ¡Quia!…A la guardia civil, ná menos…que tenían un gallinero en la parte de atrás del cuartel y no lo tendrían vigilao…¿Quién iba a ser capás y ¡en ese tiempo!…de entrar a robar allí

-No dejaron ni una…y ellos tan descuidaos

Encimaaaa, para más chunga les escriben el cartel.

– Y ¿no encontraron al ladrón?

Menea la cabeza a un lado y a otro

-¡Ni rastro! Ni al ladrón ni a las gallinas

Y vámonos, que aquí no hay más que moscas…

En el barbero

Le tiembla demasiado el pulso en su lucha contra los elementos. Ha roto la maquinilla eléctrica, con su afán de hacerlo todo y luego ha ido escondiendo las piezas en el armario del baño, entre las toallas.

-Es que se ha debido romper la maquinilla

-Y luego ha desaparecido

-Algo así será

-Pues tendré que afeitarte yo, al viejo estilo

-¡Hay que ver qué cosas se aprenden en el barbero!

-Sí, ¿verdad? Será que como no hay nada que hacer, sólo esperar…

-Yo por ejemplo, aprendí a podar escuchando a un hombre que lo explicaba, ¡oye!, con todo detalle…Y yo me iba quedando con lo que decía y luego me fui a la viña y unos peros que había, osea que no eran perales de esos que dan peritas dulces, no, de esos no eran; lo que daban era unos peros duros y un poco ácidos, que iban muy bien pa ir bien del vientre -se ríe – Luego mi padre los vendía en la tienda y hacía esa propaganda…

Mientras me habla, termino el aseo, le ayudo a vestirse, le pregunto si quiere salir

– No, que estoy muy cansado. Me quedo aquí, que se está muy bien entre almohadones

Se queda con los ojos cerrados, en silencio. Voy a la cocina, pelo algo de fruta y vuelvo

-¿Te apetece comer este poquito?

Se asusta con mi voz y da un respingo. Mira el tazón con trozos de fruta

-¡Menudo florecieron esa primavera! y ¡Menudos peros dieron ese año! ¡Uy, daba gusto verlos!

Y vuelve a empezar desde el principio la historia

-No sé si te lo he contado, pero yoooo… aprendí a podar en el barbero…

El huerto, los amigos y el valor de estudiar cuidando cabras

Han venido amigos a vernos y han acampado en el huerto

En el grupo hay tres jóvenes que se ríen, cuentan chistes,

hablan de política y ecología y compromiso,

de Superman, de Avengers, de Harry Potter, de si se puede o no separar a la persona de su obra,

de estudiar biología y bellas artes, de…

Pablo dormita en la hamaca, “atento” a sus patatas fritas y a su vaso de naranjada.

De regreso a casa le pregunto si le ha estado agusto con los amigos. Se queda callado y trato de estimularle con “loas” a la juventud:

-Son muy inteligentes y sacan muy buenas notas, como tu nieta, ¡todo dieces! -le digo, porque sé que estima mucho el éxito en los estudios-

-Como mi hijo también…Pero eso es normal ahora…Ahora todos pueden estudiar…El que tenía mérito es uno de mi pueblo que cuando fue a examinarse a Madrid, yo no sé de qué sería, pero el caso es que dejó con la boca abierta a los maestros, osea a los que hacían las preguntas, de lo bien y lo mucho que sabía. Y que le preguntaron: “¿Usté en qué colegio ha estudiao, que no lo dice aquí en sus papeles?” Y él dijo: “Entre dos chopos”…
-Y ¿le dieron un título?

-Claro que se lo daríen y ¡bien gordo! ¿No ves que era la verdá la que decía? Un cabrero que era, ¡fíjate! Se preparó con unas tablas, así, de un lao a otro, entre dos árboles, para tener vigilás a las cabras y desde allí con un silbo las llamaba a la que se apartaba de su vista

Y al mismo tiempo estudiaba ¡Qué valor tenía!… Luego ya de mayor, nos daba clases de escribir y de cuentas a los que no habíamos ido al colegio; por la noche, cuando volvíamos de trabajar.

Equilibrios biológicos y las siete (o más!) plagas

Tomates del supermercado; a Pablo no le gustan porque como “les echan cosas, no saben a tomate”

Pero esta temporada, los tomates del huerto están recibiendo el castigo de “las siete plagas”. Después de preguntar en el Vivero, en la cooperativa agraria, que tienen fitosanitarios y fertilizantes biológicos, y de seguir al pie de la letra los tutoriales de los más afamados rural-youtubers del momento…Este es el aspecto que tienen:

-Pero ¿qué pasa, que no haces más que ir y venir de un lao pa otro…?

-Pues que este año el huerto tiene demasiados habitantes y todos con hambre, Pablo…y estoy quitando lo malo y llevando la poda lejos, para que no vuelva a contaminar lo que queda sano…

-Que se te da mal la cosa…Con tanto caloooor…Eso es como uno que le decía su padre, ¡hijo, yo veo mal la cosecha este año!…y el hijo, que nooo, que yo la veo bien…¿La ves bieeen?, dice el padre ¿Cuándo la miras?…porque si acudes por la mañana con el rocío, se te hace que no está falta de ná…¡Ves a verla por la tarde cuando le está pegando la solanera!…Y a la noviaaa, ¡al revés!, hay que ir a rondarla de buena mañana pa verla de verdá, que luego atardecío, ya le ha dao lugar de aviarse…A ver, hay que saber cómo mirar y cuándo…

-Pero esto va mal lo mires como lo mires… Pablo, ¿Tú qué hacías cuando plantabas?

-Ná

-¿No les echabas nada?

Se levanta, se va renqueante y muy despacio, hacia la caseta de herramientas y vuelve con:

-Toma, espulverízalos con ésto

-¡Entonces!

El tiempo de las cerezas

Le han cambiado la medicación de nuevo y el efecto es una relajación muscular excesiva, que le resta, aún más, equilibrio. Eso no le impide seguir mostrándose digno e independiente. No me llama cuando tiene que ir al baño por la noche, lo descubro yo por él sonido del golpe, no el que se da contra el suelo que es leve como su peso, sino el de tratar de levantarse dándose impulso; sin una queja, sin una llamada.

Cuando venimos de que le curen, (no os asustéis) una pequeña brecha que se hizo en la cabeza, unas vecinas nos traen un cesto de cerezas

Como hace algún tiempo que “no le pasa lo sólido” y estamos a dieta de flanes y papillas, las vecinas me recomiendan recetas triturando la fruta con canela y azúcar… Él dice “¡Cosas que pasan!” y hace un gesto con la mano quitándole importancia. Cuando nos quedamos sólos me pide que le lleve unas pocas, que las quiere masticar.

Las come con gusto. Coge dos de las que van unidas por el rabo, me las señala y dice

– Esto se lo ponían las chicas en las orejas ¡de pendientes!… – sonríe – ¡Qué tiempos!