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El trabajo es salú

– Las malas hierbas hay que sacarlas a mano, doblando el espinazo y hay que quitarlas toas hasta estas tan pequeñas que dices tú que son bonitas, porque luego crecen y se hacen con el terreno y absorben el alimento de este naranjo que tienen aquí, que por eso se ponen alredor, pa ver lo que pillan,  además que muchas traen miseria  que contagian a diestro y siniestro, no tiés más que ver las hojas de esa mata de ahí enfrente que se ponen blancas y se alacian y estos pimientos que se arrugan antes de hacerse grandes…pues eso es por la pura miseria.

– Entonces, el huerto,  es como un país rico que impide el paso a los emigrantes que vienen en busca de tierra para medrar

– ¡Qué coño tendrá que ver una cosa con otra! Si trabajas la tierra tendrás que procurar que de alimento y que sea pa el que lo trabaja, no pa los chupones – dice incorporándose mientras hace ese gesto de tentarse con una mano  los riñones –

– Estás trabajando mucho Pablo

– ¡El trabajo es salú!…mientras trabajo se me quitan de la cabeza las tonterías…

Psicodélicas Perseidas

Me envían una foto de L. con Dylan y se la enseño a Pablo, que hoy no quiere salir de su cuarto. Se queda mirando pero no da señales de reconocer a nadie.

-Un perro y una niña -dice al rato, con los ojos entrecerrados – y también veo colores y chispas, desde que me has subío ahí a la terraza a ver si caían estrellas…
y luego pa bajar la escaleraaaa… Pero ¡a quién se le ocurre! ¡Ahora ya no se me va de la cabeza!

– Pero si estás bien, no te ha pasado nada. Yo creía que te iba a hacer ilusión. ¿No me dices que te gustaba mucho mirar las estrellas cuando dormías en el campo y que ese pastor que se llamaba Cigarro te iba dando los nombres de  todas?

– Sí, las cabritilla y el camino de Santiago y muchas más que me sabía…pero ahora no me gusta lo que está pasando, ni las cosas que se me meten aquí – se aprieta la frente –  en el majín este…Yo no sé si serán las pastillas esas que me das, pero yo ya no soy lo mismo…Miá tú, con el paso que yo llevaba antes, que no había quién me pillara – se va quedando dormido, saco el cuaderno y hago un dibujo con muchos colores

Vele ahí el tesoro

Hay un vecino que tiene el capricho de comprarle el huerto y como Pablo “se le hace el distraído”, vuelve hacia mí su queja  -No sabrás tú de quién es el terreno ese abandonado…Porque como Pablo no me quiere vender el suyo…pero dile que yo tengo preferencia por proximidad, en el caso de que alguna vez quisiera…

Le cuento a Pablo la oferta, y le digo que a lo mejor hay un tesoro escondido en este huerto, dada la insistencia con que ese hombre intenta conseguirlo.

– Un tesoro – menea la cabeza- Eso contó un padre,  ya muy viejo, viendo que sus hijos no eran aficionaos a doblar el espinazo.               – Escondío en el huerto tengo un tesoro, pero no me acuerdo dónde sastamente…                 Y los hijos, se pusieron a cavar la tierra mano a mano, con mucha devoción. Cuando el uno veía llegar al otro a casa, ya cansao y con las manos vacías, el otro se echaba su azadón a la espalda y se iba a ver si se lo encontraba… y así se pasaron día y  noche sin dar descanso a la herramienta, al encuentro de esa escondía riqueza…

Y pasó, que cuando llegó el tiempo de la recogidaaa… vieron que era buena esa cosecha; las uvas que no cabían en las parras,  los melones gordos y sabrosos, las bellotas, los higos, los peros, las olivas… que no daban a basto ¡vamos!, pa recoger de tanto como había…Y dijo el padre: ¡Veleahí!IMG_20170801_183718.jpg

 

*Dedicado a mi amigo Alejandro Corrales, que también cuenta este cuento (parecidamente)

Cuando la sandía sabía

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Yo no sé por qué ahora no tiene pipas la sandía. Antes tenía unas semillas negras que te las ibas encontrando según comías y había que irlas escupiendo…pero ahora, se conoce que a la gente no le gusta encontrarse con pipas en la fruta y las hacen así, artificialmente. No tienes más que ver que ya no saben como antes…Y, si no tienen semillas, ¿Cómo harán pa plantarlas? ¿De dónde sacarán la simiente?… Porque las semillas se guardaban pa plantarlas a otro año…Yo no sé cómo  harán…Sí el caso es que así se comen bien, porque si yo ahora tuviera que estar al cuidao de no atragantarme con las pipaaaas. ¡Antes es que no me faltaba ningún diente! Y silbaba que era un gusto, era capaz de imitar el  toque de corneta florida… Perooo…luego, enseguida he padecío mucho de las muelas…La primera me la sacó el peluquero, sin ningún dolor de su parte… Y me enjuagaba la boca con aguardiente de contrabando de los Navalucillos, que te dejaba la boca adormecía. ¡Eso era fortísimo!…Se te ocurría escupirlo en las brasas y pegaban un llamarazoooo ¡Uuuuuh, tú no sabes!

Estar como una cabra

-Yo no sé por qué se dice así, porque las cabras están mejor que quien lo dice. Uy, nosotros criamos una, que luego se la llevaba mi abuelo Pablo con las suyas, pa sacarla…Y ¡se comía la merienda de los gañanes!…los gañanes son los que aran -va explicando esto con las manos también- y mientras van haciendo el surco, pues dejan atrás la merienda en la manta y esta cabra aprovechaba para írsela quitando…¡Uuuuh! y cuando yo me iba a la viñaaaa, se venía detrás de mí como un perro, comía por allí lo que la parecía y se iba a corretear por los riscos…pero en cuanto yo decía ¡Vámonos! acudía  corriendo y se volvía otra vez conmigo… así que muy locas no están las cabras. Luego teníamos un burro, que ese sí estaba como una cabra. Una vez nos tiró a mi madre y a mí, vamos, yo brinqué antes de que me tirara, pero mi madre cayó patas arribaIMG_20170714_115226.jpg

Y es que este burro era mu manso y mu fuerte pa llevar lo que le echarás a las costillas; pero en viendo a alguien correr a su lao…a otro burro o mula o hasta un perro, ¡Uy, se ponía a correr como loco!

De buenas bestias

Continúa hablándome de Tarzán, ese muchacho que salió tan fuerte de una familia pobre y mal nutrida. Según repite el cuento va añadiendo datos sobre una apuesta para cargar un carro de sacos de grano con el dueño de la finca donde trabajaba, que era “muy bestia” y que se liaron los dos mano a mano echándose a la espalda sacos de dos fanegas, luego dice cien fanegas, le pregunto algo sobre equivalencias pero le rompo el hilo y se le escapan las palabras hacia el otro personaje de la historia. Coge ese desvío

– A ese le llamaban Bestia pero era muy buena persona… Tenía  un cabrero a su cargo en la finca que se puso enfermo con la tuberculosis y esooooo…era una cosa contagiosa, no se podía andar tocando la leche… Así que le dijo que se siguiera ocupando de sacar las cabras y recogerlas, pero que del ordeño se encargaba él. Y hasta que se curó el cabrero, se anduvo levantando toas las mañanas a ordeñarIMG_20170713_192826.jpgy en dejándolo  hecho atendía a su labor, que no era poca. ¡Era una mala bestia!… Y que le dijo, tú no te preocupes que el jornal lo seguirás teniendo completo y así pasó…

-Entonces era una buena bestia

-Eso digo yo

Tiempo de melón

Aunque esté en la mesa y tenga sus cubiertos, cuando sale el melón, saca su navajita del bolsillo, la abre y va haciendo con ella trozos pequeños que se lleva a la boca sin soltarla wp-1499065002675.

Mientras esto hace con parsimonia, moviendo el tiempo a su modo y manera, recita mi navajita bien corta un chiste de gallegos. (Véase, el que lo quiera, yendo a entrada 23/4/17) Echa la cabeza hacia atrás, mira a la parra y se asombra de la cantidad de uvas y de que no nos preocupe compartirlas con los pájaros y con esa amiga nuestra que le dijo que iba a venir a llevárselas para hacer vino.

– ¡Miá tú, a ver si atina! Bien que me preguntó y yo bien que le dije pero, no creo ni que se ponga; ahora ya no se gasta tiempo en aprovechar las cosas

Mira el melón que ha quedado en el centro de la mesa y vuelve a partirse una rajita, repitiendo el proceso

– Esto se come sin sentir, como un caramelo… a vosotros es que os ha tocao vivir en un buen tiempo… ¡Aquí, claro! Que en otros sitios habrá que pasen hambre y estén en guerra ahora…¡Qué mal repartío está el mundo!