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Ahora todo lo hacen las máquinas

-Hace mucho calor para trabajar, Pablo. ¿Por qué no descansas ahora a la sombra y luego, cuando baje el sol continúas la faena?

– Porque ahora es cuando tengo ganas…

– ¿No has oído decir por la tele que nos protejamos del sol con estas temperaturas?

-Entonces, porque lo digan por la tele…tié que ser

-Bueno, vale, haz lo que te dé la gana, ya iré a recogerte cuando te dé un vahído y te caigas

Se sienta a mi lado, pero se aburre. Le miro

– Cuando estábamos segando, ya podía estar el sol alto o bajo, que hasta que no se ponía no te ibas pa casa.

Se levanta y me enseña la hoz con la que recoge unas ramas secas de madreselva que hemos estado podando

– ¿Con eso segábais?

– A ver, ¿Con qué iba a ser? – Hace el gesto de segar, agachándose- Se iban haciendo tres “manadas” y lo ibas dejando a un lado, luego se iban juntando pa formar las gavillas – me va explicando todo el proceso y los trucos para que cundiera más el trabajowp-1498475846171.

– Yo pensaba que se segaba con guadaña

– ¡Esa es la muerte, dicen!. Pa segar hay que doblar el espinazo…pero ahora ya todo lo hacen máquinas

malditos pies y malditas manos que se quedan atrás y ven como andamos

…y de entre los arbustos saltó una zorra, ¡la zorra tenía que ser! Y allá que volvieron con la pregunta

-Yo es que así- dijo la zorra- por lo que me contáis y a bote pronto… A ver ¿cómo estaba la culebra cuando la encontró el soldao? Y ¿de qué manera se apartó la piedra ? Porque yo necesito ver con mi propio ojo pa opinar certera.

La culebra , que estaba bien segura de tener razón, se volvió a poner donde la encontró el soldao.  La zorra preguntó que si era así “sastamente” y el soldao, que no, que faltaba la piedra que él apartó de encima… y de una patá y ayudándose con el rabo la zorra volvió a dejar a la culebra en su sitio

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Pero no acabó ahí la cosa. El soldao dice “¡Uy! pues mis padres tienen ganadería y a la que vuelva te voy a traer un cordero”. Y como era muy cumplío, después de estar con su familia, metió un cordero en un saco y allá que fue con él pa dárselo a la zorra. Pero, teniendo que hacer parada en una fonda, unas mujeres que andaban allí en corro: “¿Qué llevará el soldao en ese saco?” Miraron y arramplaron con el cordero metiéndole en él un galgo…Así que el soldao que iba tan contento, creyendo que llevaba un cordero, cuando se presenta la zorra y abre el saco,  salió corriendo el galgo y a la zorra se la oía decir: “¡Malditos pies y malditas manos que se quedan atrás mientras yo ando!” Y así es como, aunque no quieras, pa pagar un bien, el mal siempre encuentra la manera. 

…me cuenta un poco más, pero no lo termina

Hoy teníamos cita en Serveis Socials del Ajuntament,  para informarnos sobre “tecnología y sistemas localizadores de ancianos desorientados y deambulantes”. Pablo, en silencio, observaba cómo buscaban información y requisitos en el ordenador y cómo se perdían en unos vericuetos por los que él nunca ha caminado.

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– ¿Qué resultao han dao?

Me pongo a hacer un resumen , pero veo que lleva la mirada perdida hacia el río y que no me está oyendo.

-Pablo, ¿me oyes lo que te digo

-No…¿Oyes tú a esa rana?

– ¡No me digas que oyes una rana desde lejos y a mí no!

-Si es pa hacerte de rabiar…¿Quieres saber como sigue el cuento?

-Sí

-Pues al siguiente que preguntaron fue a un perro viejo y apaleao que pasaba por allí y contestó lo mismo que el burro. Que cuando había  servío pa cazar y guardar la finca no le faltaron huesos y pan duro y hasta alguna caricia por el lomo, pero ahora, que ¡mira!, no le dejaban ni morirse alli tranquilo en el corral. Y que lo habían echao a palos, olvidándose de tó lo bien que se había portao con  sus amos…

-Así que la serpiente…

-Así que la culebra se retorcía de gusto y pa alargarlo más, le dejó al soldao que preguntara a otro que se movía entre los arbustos

 

 

“Cómo se devuelve mal por bien” (continúa el cuento)

-“¿Quieres que te demuestre cómo las buenas obras con mal se pagan? – dijo la serpiente – Pues vamos a preguntar al primero que pase 

-Y si me da la razón, gano yo y me dejas en paz…

– Si te da la razón…

 Y mira tú por dónde, vieron un burro pastando a la sombra de un árbol de allí cerca 

 – ¡Eh, burro! – gritó el soldado – Contesta bien a una pregunta que te haga está serpiente que me quiere comer – Y el burro se queda mirando y la serpiente que hace la pregunta y el burro que dice

– Pues mira, yo he estado toa mi vida  trabajando como un burro. He tirao del arao, he cargao leña, he dao vueltas a la noria, he llevao a los niños y a los mozos a la feria, a mis costillas, he hecho todo lo que me han mandao…Y ahora que soy viejo, ya no me quieren pa ná…y aquí estoy, buscando un poco yerba que llevarme a la boca y sin cobijo…”

Pablo ha terminado de comer, se limpia bien  todo rastro de chocolate y se levanta del banco a tirar la servilleta de papel y el envoltorio del helado a una papelera, le pregunto si estaba bueno.

– ¡Ya ni me acuerdo! – se ríe 

Está en su naturaleza

A los animales si los tratas bien te cogen cariño, aunque sean salvajes. ¡Hay gente salvaje también! Pero en mi casa estábamos enseñaos a tratarlos bien…¡A ver! ¡Trabajaban tanto como nosotros!

¡Uy!, ahora se me viene a la memoria el cuento de un soldao que llegaba a su pueblo, ya cumplío y se topó con una serpiente que se había atascao entre unas piedras y no podía salir ni pa trás ni pa’lante… Así que el hombre, que parecía bueno,  se amañó como pudo pa dejarla escapar. Pero la serpiente se revolvió contra él, ¡oye! y dijo que se lo iba a comer, que había pasado mucho tiempo sin poder moverse y tenía mucho hambre. Y el soldao va y le diceee:

– ¡Anda! y ¿cómo crees que vengo yo? Pues de pasar más que penurias… Y encima que me’parao a salvarte de morir atrapada…¿Cómo vas a pagar obra buena con daño? ¿Dónde se ha visto eso?                                                              
 -“Pues esa es ley de Hombre” – y que contestó el bicho

Se queda callado un rato, pensando, esperando.

-Y ¿cómo sigue el cuento? ¿Se lo come?

-¿Sabes lo que me comería yo ahora, pa refrescarme?…Un helaíto

Como las liebres

-Yo es que no duermo. Descanso pero no duermo. Estoy siempre al acecho. ¿Tú sabes que las liebres duermen con los ojos abiertos? No, tú ni habrás visto nunca una liebre…Pues están así encogidas, agachás, con los ojos abiertos, pero yo sé que están dormidas – imita con mímica el movimiento de un cazador furtivo acercándose a la presa- … y me acerco así despacito …y ¡zas! cuando quiere acordar ya la he cazao. Pero el que no lo sabe cree que está despierta. Es que en el campo se aprenden muchas cosas. Tú es que no te has criao en  y el campo y no has vivido esoIMG_20170609_164245.jpg

*Pinto una liebre imitando a Durero

– Pero yo te veo y duermes con los ojos cerrados

– Sí, si yo los cierro, pero veo las cosas tan claramente, como en una película, cosas que son verdá, como cuando bailaba al son del acordeón y cuando dormía en el campo y que siempre se cazaba algo si tenías el dormir ligero…si te duermes profundo, como mis primos que no había dios que los despertara, es como si estuvieras muerto.

*Se cree que el maestro, Durero, utilizó una liebre muerta de modelo

 

De hernias, trajes y bolsillos

-Pues a mi bisabuelo, que era herniao de las dos partes, – se toca las ingles con ambas manos-  le llamaban “Morero el de la potra”

– ¿De la potra?

– La potra son los bultos que tenía, como los que le salen a las “azanorias” y a los nabos, que también se dice potra. Eran hernias, que antes no se operaban y se le hicieron grandes -Se queda pensativo- Cuando murió, que yo le vi porque antiguamente se les tenía allí a los muertos en las casas, por lo menos un día con su noche, allí adorándolos, ¡qué cosas! Yo me fijé que estaba tó lisito – se señala la tripa- Iba vestido con un traje de los buenos.  De un arquitecto rico de Madrid, que la que servía en su casa sería pariente y enviaba al pueblo lo que no le valía.

– Y ¿por qué se lo ponían de muerto, en vez de usarlo de vivos?

– ¡Sí hombre! Sí era de mucho luuujo…y en ese tiempo no se usaban más que pantalón de pana y cuando se rompían, apañaban uno corto pa los chicos – se ríe – Dicen que a mí el primero que me hicieron llevaba bolsillos, y estaba tan contento que iba siempre con las manos metías…y me caí de boca

– Y ¿te rompiste algo?

– Lo que sé es que mi madre me los cosió, los bolsillos