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El cielo encima

Me cuenta una historia disparatada de uno del pueblo que le robaba dinero a su tío con una tarjeta, pero que le descubrieron porque en el cajero siempre te hacen una foto cuando sacas dinero. Le pregunto que cómo sabe él eso, que quién se lo ha contado. Me dice que una vecina que tenía antes, que se veían desde la terraza cuando tendían la ropa. Que vivía sola y se llamaba Sole y que tenía por aquí una sobrina que la invitaba a comer cuando hacía lentejas, porque era un guiso que a ella le gustaba mucho pero que ¿Cómo se iba a hacer un cazo para ella sola? Y pone una mano haciendo un cuenquito para indicarme lo poco que es una ración de lentejas y suspira. Dice que la última vez que acudió, la sobrina vio lo mal que respiraba y que avisó para que la llevaran al hospital y allí vieron que en las venas lo que tenía no era más que agua y aunque la pusieron un injerto, la sangre nueva, al entrar con tanta fuerza, acabó con ella. Y que él fue a su entierro y vio que la caja en que la llevaban era como la de una niña, así de pequeña, de lo consumía que se había quedao. Agacha la cabeza y parece que el cielo le pesa sobre los hombros.IMG_20170726_201256_processed.jpg

– Y ahora ya nadie me tiene al tanto de lo que pasa…

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De buenas bestias

Continúa hablándome de Tarzán, ese muchacho que salió tan fuerte de una familia pobre y mal nutrida. Según repite el cuento va añadiendo datos sobre una apuesta para cargar un carro de sacos de grano con el dueño de la finca donde trabajaba, que era “muy bestia” y que se liaron los dos mano a mano echándose a la espalda sacos de dos fanegas, luego dice cien fanegas, le pregunto algo sobre equivalencias pero le rompo el hilo y se le escapan las palabras hacia el otro personaje de la historia. Coge ese desvío

– A ese le llamaban Bestia pero era muy buena persona… Tenía  un cabrero a su cargo en la finca que se puso enfermo con la tuberculosis y esooooo…era una cosa contagiosa, no se podía andar tocando la leche… Así que le dijo que se siguiera ocupando de sacar las cabras y recogerlas, pero que del ordeño se encargaba él. Y hasta que se curó el cabrero, se anduvo levantando toas las mañanas a ordeñarIMG_20170713_192826.jpgy en dejándolo  hecho atendía a su labor, que no era poca. ¡Era una mala bestia!… Y que le dijo, tú no te preocupes que el jornal lo seguirás teniendo completo y así pasó…

-Entonces era una buena bestia

-Eso digo yo

El que mucho reza poco ofrece

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– Pues es que eran familia a los que les gustaba mucho ir dejando a deber. El marido iba a comprar ladrillos al Tejar y decía que otro día traía los cuartos, pero pasaban los días y no los llevaba. Así que la hija,  que era así muy frescales, se presentaba en la confitería a pedir que pagaran, un día y al otro también. Una vez decía la confitera que no estaba su marido, otro que ¡Ay, qué leches si pareces una alguacila viniendo a cobrar!. Y la otra, pues si me hubiera usté pagao a lo primero, ya no tenía que volver por aquí, que a mí tampoco me gusta de verla… Era así, les gustaba dar poco… Mi padre llevaba un libro donde iba apuntando lo que le debían y a ella le daba otro igual, con las sumas y las restas de lo que se había llevao y lo que había traído.    En cuanto sonaba la campana de misa de más temprano, yo no sé a qué hora sería, la cosa es que decíamos, ya verás qué pronto se presenta y así era. A veces hasta medio saco llevaba, como podía,  pero sin el libro y decía que se le había olvidao, para que la pagáramos con dinero…Y el marido rezando. ¡Qué miserias! Si “egqueeee” el que mucho reza poco ofrece.

El que poco sabe, pronto lo reza

Dejo cortada la fruta (hoy sandía) y un yogur con mermelada, mientras se van haciendo los guisantes lentamente, al gusto de Pablo, “bien pasaítos”. Salgo del radio de vigilancia unos minutos. Cuando vuelvo ya está comiendo, ha empezado por el yogur. Le pregunto por qué no me llama si tenía tanta prisa.

-Lo he visto aquí, tan preparaíto…

Le sirvo la verdura y se la va comiendo con la fruta. Una pinchaíta de cada.

– ¡Qué pronto has terminado hoy!

– A ver, (suena como *aave ) si no me das más… El que poco sabe pronto lo reza … Rezar, lo que se dice rezar, yo sé bien poco… Ahora  me estoy acordando de la mujer del confitero, que aprovechaba cuando su marido estaba en misa pa venir a vendernos un cacillo de  trigo  a la tienda, 

que le iba sisando del saco a escondías y poco a poco pa que no se echará a deber el hombre…Luego ella iba a la misa de medio día, con las mujeres, como si ná…¡Esa sí que sabía mucho… de rezar!… Bueno, yo ya me voy a descansar un rato…si no se ofrece más…

 

 

 

Donde me cuenta un “fenómeno viral” que provocó su abuela en el callejón del aire

-Por este callejón siempre corre el aire. Hay uno así en mi pueblo…Y en él se encontró mi abuela…-se ríe-¿Te he dicho alguna vez que mi abuela Faustina era muy chistosa?

-Sí, me lo has dicho

-Pues yendo una vez por este callejón, uno al que ella habría hecho alguna trastada, porque por ná no sería, “y que la dijo” que estaban vendiendo vino y bien barato a la entrada del pueblo, por donde el cuartel de la guardia civil. Así que ella agarró una garrafa y fue, creyendo que era verdá, a comprar vino, que en esos tiempos había que estar listo cuando vendían algo, pues había poco de todo…El caso es que cuando llegó allí se echó a deber de que la habían burlao…y en lugar de volver así, no se le ocurrió otra cosa que ir con la garrafa hasta el arroyo pa llenarla y figurar el peso… Y con ella en la cadera volvió al pueblo y a tó el que se encontraba le decía que la traía con vino y daba las señas de adónde había que ir a comprarlo.. Engañó a medio pueblo, incluido al tonto que la había engañao a ella, ¡Fíjate, lo que son las cosas!. Y no hago más que acordarme cuando paso por aquí…

-A lo mejor estamos en un corredor del tiempo 

-¡Yo qué sé!

Bella estampa

-Y ¿qué miras tanto ahí?

-Los santos, ¿no decías tú eso cuando un libro estaba ilustrado?

-¿Los santos? Eso sería en los libros de iglesia y a eso yoo, he sido poco aficionao.

-Entonces, ¿Cómo decías tú cuando había dibujos en un libro?

-Pues te voy a decir verdad, pocos libros he tenío yo en las manos en mi vida; he sujetao más una hoz y la azada, cosas de campo… Aaaah! Lo que tú dices son estampas, un dibujo de una oveja o de un pastor…¿eso quieres que te diga?

-Sí, las palabras que solías usar, es para dar recado a una amiga.

-¡Mira!, esa sí que es una buena estampa -me señala a un hombre que lleva varios días limpiando de hierbas y cavando una parcela enfrente del huerto – ¿Qué irán a poner ahí que lo está preparando tanto?IMG_20170420_184206.jpg

-¡Buenos días! – le digo al hombre, que se acerca y nos pregunta que de dónde somos y él a su vez nos cuenta que van a vallar la finca para meter caballos…-

-¿Caballos? – pregunta Pablo- Entonces no trabajes más ¡hombre!  Suelta aquí los caballos y ¡verás qué pronto lo dejan  limpio de yerbas!

 

 

Historias de violencia

Han pintado una esvástica en el suelo, por el camino que pasamos a menudo. Señala con el bastón

-Por aquí también hay nazis

Seguimos andando sin decir nada. Luego,  vuelve a tomar la palabra durante la lenta y laboriosa acción de cambio de zapatillasIMG_20170425_093519987.jpg

-En el pueblo quedó uno queee…Habría más, pero cuando perdieron la guerra los alemanes, se quitaron las camisas azules…Ese que digo guardaba mucho rencor y lo voceaba en el bar… También cantaba al estilo Antonio Molina y le invitaban a beber…Y luego en casa, a su mujer… ¡Uy! Tenían una purrela de hijos, ¡cada paliza una tripa! Ya cuando fueron creciendo se enfrentaron a él, porque salieron buenos…Y un día y que la emborrachó, la hizo beber, no sé si hasta con un embudo, dijeron… y el cabrón llamó a los hijos para enseñársela diciendo “Ahí la tenéis cómo se pone, por eso la pego”. Y ya los hijos no aguantaron más y se llevaron a la madre a Madrid. Luego y que apareció él con un saco de garbanzos para hacerse perdonar

-Y ¿le perdonaron?

-No… Acabó pidiendo por la calle. Y ya por últimas se tiró por una ventana. Eso dicen. Pero los hijos salieron buenos y trabajadores.