Archivo de la categoría: fábulas fabulosas

…pero ya me lo he comío

– ¡Mira cómo tiran las galletas! Poco hambre hay…

¡qué tiempos aquellos!  “¡He síiiio yooo!” – Dice con voz lastimera – Eso decía uno que robó un guarro, uno pequeñito de teta, un lechoncito …y no lo robó por hacer mal a nadie, si no porque se padecía mucha hambre ¡Oye! ¡cuánta hambre no tendría pa comerse un guarro entero de una sentá, sin pan ni ná! Le pilló la guardia civil porque vieron el humo de la chamusquina, pero cuando llegaron, ya se lo había comío

…Lo robó de una casetilla que tenían allí con una guarra y las crías…y se tuvo que meter por la chimenea, así en estrecho …y luego no corrió mucho, allí cerca se quedó y se hizo una lumbre con una poca leña y a mal asar, sin pan, ni sal siquiera…porqueee…no creo que llevara sal así en un bolsillo, ¡A ver! Bueno, lo que fuera, la cosa es que le pillaron y tuvo ir recorriendo el pueblo con el pregonero. Es que entonces era así, cuando alguien hacía algún estropicio y no podía pagarlo, le hacían ir al lao del pregonero que iba relatando el delito:”Turuuuuu, turuuu…han robao un guarro en tal siiiitio, que pertenecía a fulano de tal…” Y el pobre iba  diciendo:”Y he síiio yooo, pero ya me lo he comíiiio” 

y la gente salía a verlo pero daba más lástima que risa…

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Genoveva de Brabante

En la semana que está pasando en casa de estas buenas y acogedoras personas, Pablo come con más apetito sin que se le hagan bola las verduras en la boca y se sienta tranquilo en el sillón muy contento de tener oídos nuevos para contar sus ocurrencias.

– A mí leer nunca me ha gustao, no es que no sepa, es que se me hacen los ojos chiribitas y no me queda por menos que dejarlo y ponerme a hacer otra cosa…Al cine sí que he ido mucho, con mi novia de formalidá, que no gustaba mucho de ir al baile…y allí en el cine se veían también  buenas historias…¡Uy!, me estoy acordando de una que  llamaban Genoveva de Brabante, que era una mujer que se tuvo que echar al monte porque su marido que estaba luchando a espada, contra los moros, se creyó…¡vamos,  que contaron que ella era una mala mujer y había estao con otro!, pero no estaba y tuvo que alimentar a su hijo con raíces y yerbas, hasta que su marido se echó a deber de que todo era una falsedá de los malidicentes y se fue en su busca…

-Pero, oyes, qué memoria! -dice Paco levantando la cabeza de su libro-Si esa película debe ser muy antigua, de las mudas, de las de Rodolfo Valentino…

– Es que a mi noviaaaa…no le gustaba el baile, vamos, que no bailaba bien…y al cineee…¡Uy, al cine!

El agua, la tierra, el mar

-Mira Pablo, qué aire tan bueno y ese castillo ¿A que en tu pueblo no hay castillo? Es que este pueblo antes estaba allí bajo, por eso se llama “…de la Vega” Pero hubo una epidemia, yo no sé cuándo, en tiempo de los moros pué que fuera y subieron el pueblo aquí a lo alto. Y eso era todo regadío y “habían” manantiales y todo estaba sembrao y se vivía de lo que se iba sacando, tomates, judías, pimientos…Y, las tormentas, ¡qué miedo! Es que yo era pequeña y vivíamos allí bajo, en la ermita y teníamos que abrir y cerrar las esclusas para regar los campos de “alredor”…Pero luego nos fuimos a Madrid, mis hermanos y todos…y entonces hicieron aquí un aparcelamiento (*) de tierras y juntaron las huertas de la Vega, luego se repartieron a su gusto y manera, entre los que mucho tenían y seguían en el pueblo, y a nosotros nos dijeron que nos había “tocao” un trozo allí lejismo y de secano, que no valía pa ná y que los cachitos de huerta tan “gúenos” que teníamos, pues que ya no eran nuestros y mi hermano… ¡Uuuuh! cómo se puso, pero de ná le valió al pobre…Y ahora ya tó está perdío, hasta los caminos… tó abandonao y ni huertas, ni agua… Y ¡mira!, por allí pasaba un río y ahora está seco y no llueve

– Pues donde yo vivo ahora, tengo una huerta y tampoco llueve mucho, pero hay un río muy grande…y muy salao

(*)La primera disposición sobre concentración parcelaria se promulga en España el 20-12-1952

La enfermera Concha, que no duele, se entera de la historia de Regino el torpe

– A ver si me la vas a clavar, Concha…como se la clavaron a Regino el Torpe

– A ese no le conozco yo, Pablo

– Era uno de mi pueblo, que estando bailando con su novia de formalidá, va y le llega un telegrama que le dice: “Preséntese en la estación de Erustes a recoger a su mujer y a su hija que llegarán a tal hora” Y es que había estao de asistente con un sargento y le llevaba la ropa a lavar y a los arreglos…a la casa donde vivía esa chica…y la clavaría, ¡Claro! Porque llamó a un taxi que había y allá que se fue a recoger a la mujer y a la niña, dejando a su novia, que se llamaba Gonzala…pues así…pero luego encontró a otro, a uno que era muy bruto pero buena persona… Y a Regino, empezaron a llamarle el Torpe, porque corría la voz por el pueblo, de que esa niña era del sargento y que se la habían clavao a él

-¡Caramba, Pablo, qué cosas me cuentas!

– Pues dio la casualidad de que estuve trabajando luego con este Regino en un finca de labor y ¡Oye! Me dijo que era muy feliz con esa mujer, que se llevaban divinamente, ¡A lo mejor se hubiera llevao peor con la otra!, nunca se sabe…Como tú, que me pinchas, pero ni gota me duele…

Star Wars y otras guerras

Se queda mirando mi nuevo tapete de StarWars

-Ese hule que pones tiene un parecido a las revistas que prohibieron después de la guerra

– ¿Prohibieron los tebeos después de la guerra? Y ¿Por qué?

– Ah, pues díselo a ellos…¿Quién queda ahora, Fraga? Pregúntale a él. Algo malo verían…Es que uno no sabía lo que era malo en ese tiempo… bueno, buenooo, no había ná…tó se les hacía que era pecao. Había que andar con un cuidaaaaooo que pa qué. Con decirte que a mi abuela Faustina la tuvieron yo no sé el tiempo, hasta que se les puso a ellos, con el brazo en alto porque fue a pedir permiso pa recoger leña de su propia viña…y ya cuando se lo concedieron, se quedaron aguardando a la recogía y a que lo descargaran en el corral mi padre y su hermano, pa mandar a una patrulla a confiscarla toa; no dejaron ni la hojarasca… con que pa averiguar porqué prohibieron esas revistas…Luego yaaa, al perder la guerra los alemanes, que ¡anda que no hicieron crímenes esos y de tó! Se fue apaciguando la cosa, por lo menos por nuestra tierra… que se oía que en otros sitios siguieron dando leña, hasta lo último – Suspira y rechupetea la cuchara con los restos de natillas que quedaban en el tazón-

(En el dibujito me he esmerado más en los personajes estarwarseros y Pablo me ha quedado un poco desproporcionado😀)

La vuelta de Pablo y un riñón

Pues mi tía Raimunda, fíjate cómo estaría que, aunque los médicos decían que no tenía lo que se dice ná, ella erre que erre, yendo a que la miraran y quejándose, hasta que no tuvieron por más que abrirla y quitarla el riñón…y a otro se lo pondrían, ¡No iban a echar a perder un riñón bueno, claro! Yo estoy con la tema de eso. Es que ¡no sabía ni lo que quería!, siempre estaba a capricho, a lo primero de mi madre que la consentía tó y luego del Baldomero, que se fueron a Talavera al cuidao de una finca y él de mecánico, que sabía mucho. Y que los dijeron que ese trabajo lo tendrían hasta que llegaran otros que fueran afines al régimen, que a ellos se lo dejaban aunque fueran rojos, porque no encontraban a nadie de los nacionales que quisieran…Pero allí ella se debía de aburrir mucho y empezó a quejarse pa que la llevaran a los médicos y así se distraía, digo yo… ¡Entonces, donde he estao es en Madrid!…No sé, no lo he visto bien… Hay cosas que no siento si las he soñao o han pasao de verdá…Estoy como en un sinvivir…Y esta tierra de mirasoles…Estaremos por la parte de Castilla


Psicodélicas Perseidas

Me envían una foto de L. con Dylan y se la enseño a Pablo, que hoy no quiere salir de su cuarto. Se queda mirando pero no da señales de reconocer a nadie.

-Un perro y una niña -dice al rato, con los ojos entrecerrados – y también veo colores y chispas, desde que me has subío ahí a la terraza a ver si caían estrellas…
y luego pa bajar la escaleraaaa… Pero ¡a quién se le ocurre! ¡Ahora ya no se me va de la cabeza!

– Pero si estás bien, no te ha pasado nada. Yo creía que te iba a hacer ilusión. ¿No me dices que te gustaba mucho mirar las estrellas cuando dormías en el campo y que ese pastor que se llamaba Cigarro te iba dando los nombres de  todas?

– Sí, las cabritilla y el camino de Santiago y muchas más que me sabía…pero ahora no me gusta lo que está pasando, ni las cosas que se me meten aquí – se aprieta la frente –  en el majín este…Yo no sé si serán las pastillas esas que me das, pero yo ya no soy lo mismo…Miá tú, con el paso que yo llevaba antes, que no había quién me pillara – se va quedando dormido, saco el cuaderno y hago un dibujo con muchos colores