Archivo de la categoría: fábulas fabulosas

Psicodélicas Perseidas

Me envían una foto de L. con Dylan y se la enseño a Pablo, que hoy no quiere salir de su cuarto. Se queda mirando pero no da señales de reconocer a nadie.

-Un perro y una niña -dice al rato, con los ojos entrecerrados – y también veo colores y chispas, desde que me has subío ahí a la terraza a ver si caían estrellas…
y luego pa bajar la escaleraaaa… Pero ¡a quién se le ocurre! ¡Ahora ya no se me va de la cabeza!

– Pero si estás bien, no te ha pasado nada. Yo creía que te iba a hacer ilusión. ¿No me dices que te gustaba mucho mirar las estrellas cuando dormías en el campo y que ese pastor que se llamaba Cigarro te iba dando los nombres de  todas?

– Sí, las cabritilla y el camino de Santiago y muchas más que me sabía…pero ahora no me gusta lo que está pasando, ni las cosas que se me meten aquí – se aprieta la frente –  en el majín este…Yo no sé si serán las pastillas esas que me das, pero yo ya no soy lo mismo…Miá tú, con el paso que yo llevaba antes, que no había quién me pillara – se va quedando dormido, saco el cuaderno y hago un dibujo con muchos colores

Vele ahí el tesoro

Hay un vecino que tiene el capricho de comprarle el huerto y como Pablo “se le hace el distraído”, vuelve hacia mí su queja  -No sabrás tú de quién es el terreno ese abandonado…Porque como Pablo no me quiere vender el suyo…pero dile que yo tengo preferencia por proximidad, en el caso de que alguna vez quisiera…

Le cuento a Pablo la oferta, y le digo que a lo mejor hay un tesoro escondido en este huerto, dada la insistencia con que ese hombre intenta conseguirlo.

– Un tesoro – menea la cabeza- Eso contó un padre,  ya muy viejo, viendo que sus hijos no eran aficionaos a doblar el espinazo.               – Escondío en el huerto tengo un tesoro, pero no me acuerdo dónde sastamente…                 Y los hijos, se pusieron a cavar la tierra mano a mano, con mucha devoción. Cuando el uno veía llegar al otro a casa, ya cansao y con las manos vacías, el otro se echaba su azadón a la espalda y se iba a ver si se lo encontraba… y así se pasaron día y  noche sin dar descanso a la herramienta, al encuentro de esa escondía riqueza…

Y pasó, que cuando llegó el tiempo de la recogidaaa… vieron que era buena esa cosecha; las uvas que no cabían en las parras,  los melones gordos y sabrosos, las bellotas, los higos, los peros, las olivas… que no daban a basto ¡vamos!, pa recoger de tanto como había…Y dijo el padre: ¡Veleahí!IMG_20170801_183718.jpg

 

*Dedicado a mi amigo Alejandro Corrales, que también cuenta este cuento (parecidamente)

Una de guerra en el centro comercial

Ahora que me fijo en esos muñecos me acuerdo de una cosa que pasó en la guerra IMG_20170730_151736.jpgEn el pueblo vivíamos tranquilos, no llegaban los bombardeos, pero una vez se presentó un avión alemán, que eran los aliados de Franco y se lió a tirar bombas y, ¡fíjate! una niña que andaba al cuidao de su hermano pequeño, salió corriendo con él en brazos hacia el refugio, pero volvió pa trás por un muñeco que se había dejao y el muchacho, lloraría por él o yo que sé …¡Reventaron los dos!  Pero mira tú por dónde,  venían hacia el pueblo dos milicianos que al ver el zafarrancho, idearon subirse a un alto que hay a las afueras y desde allí, ellos cuerpo a tierra, boca arriba y con los fusiles apuntando al cielo… esperaron a que la avioneta volara por’cima de ellos y la esribaron a tiros…El alemán saltó en paracaídas y se entregó… Luego le intercambiarían por otros prisioneros, porque ¡un alemán vale más!…Pué que murieran dos o tres más ese día…y a refugio, que nunca se sabe dónde te toca…Pero lo de esa niña fue muy sentío…Y ¡miá tú! yo que estaba jugando en la era con otros muchachos, no nos pasó ná…

El cielo encima

Me cuenta una historia disparatada de uno del pueblo que le robaba dinero a su tío con una tarjeta, pero que le descubrieron porque en el cajero siempre te hacen una foto cuando sacas dinero. Le pregunto que cómo sabe él eso, que quién se lo ha contado. Me dice que una vecina que tenía antes, que se veían desde la terraza cuando tendían la ropa. Que vivía sola y se llamaba Sole y que tenía por aquí una sobrina que la invitaba a comer cuando hacía lentejas, porque era un guiso que a ella le gustaba mucho pero que ¿Cómo se iba a hacer un cazo para ella sola? Y pone una mano haciendo un cuenquito para indicarme lo poco que es una ración de lentejas y suspira. Dice que la última vez que acudió, la sobrina vio lo mal que respiraba y que avisó para que la llevaran al hospital y allí vieron que en las venas lo que tenía no era más que agua y aunque la pusieron un injerto, la sangre nueva, al entrar con tanta fuerza, acabó con ella. Y que él fue a su entierro y vio que la caja en que la llevaban era como la de una niña, así de pequeña, de lo consumía que se había quedao. Agacha la cabeza y parece que el cielo le pesa sobre los hombros.IMG_20170726_201256_processed.jpg

– Y ahora ya nadie me tiene al tanto de lo que pasa…

Pescao de secano

Cuando se pone a comer, algo que no sea dulce y le apetezca poco, se admira del poco hambre que “hace” ahora y cuenta historias de pícaros y hambrientos.

-Es que pagaban una perra gorda de jornal y algo de comer, ¡Ná!, una porquería; un cacho pan duro que se echaba al gazpacho y se embebía tó el agua…pero había quien se lo comía con un gustoooo. Había uno que si el pan estaba quemao decía “como sabe a tiznones qué bien traspone” y si estaba poco hecho decía “como sabe a masa qué bien traspasa” -se ríe-  Eso será un chiste pero así era, ¡que había un hambre atrasá…! ¡Uy!, a mí abuelo, como era sordo,  le quitaron muchas veces la merienda…La dejaba a resguardo  y cuando se alejaba segando, o la labor que fuera, se acercaban y arramplaban con tó…IMG_20170720_172020_processedY una vez, dicen, llegaron dos haciéndose los tontos como que vendían algo y el uno iba diciendo: “Pescao de secaaaaano si no pesco yo, pesca mi hermaaaano” y haciendo juegos con las manos y cartas, que mientras se iba acercando la gente, a ver que era, dejaban descuidás las meriendas y el otro se las iba pescando.

Perico Catapla tuvo el antojo

Perico Catapla tuvo el antojo de medir las varas que tenia el pozo… Ese era un cantar que se quedó en el pueblo. Es que había un pozo de donde sacaban agua las mujeres porque tenían preparao allí un lavadero y este Perico de la copla que vivía solo en una casa de cerca iba a molestarlas, tenía ese capricho ¡el tonto! y que no las dejaba en paz. Hasta que ya una que tenía un nieto que llamaban Tarzán…¡Fíjate! Eran una familia muy humilde que comían míseramente, porque eran muchos hermanos y huérfanos, toos muy enclenques, claro,  menos él que comiendo lo mismo, osea muy poco,  por lo que fuera creció y se hizo muy fuerte, ¡Uuuuy, tú no sabes! La cosa es que su abuela le diría lo que pasaba y allí se presentó Tarzán que agarró de los pies al tal Perico,   le metíó al pozo y allí le tuvo, que dicen que agarrao con una mano sola, y con la cabeza entrando y saliendo del agua hasta aclararle bien las ideas, si es que tenía alguna IMG_20170713_112338.jpg-se ríe-  Y que le metíó tanto sustooo, que de allí en adelante cuando salía de casa se daba la vuelta pa no acercarse ni a ver el pozo…y le sacaron ese cantar.

 

Palomita zurana

-Otro cuento que contaba mi abuela mucho, era el del zapatero que vivía en el pueblo, cerca de la iglesia, era de los de poner suelas y esas cosas que se hacían antes, que a tó se le daba arreglo. Pues tenía una mujer, muy guapa, que se sentaba en el patio a bordar y desde el taller él la miraba y veíaIMG_20170516_130755676.jpgque cuando al cura se le oía cantar: “palomita zuraaaana ven que ya es hora”, la palomita, dejaba la labor, calentaba agua, lo echaba a la palangana, se lavaba el culo y salía por la puerta. Y así hasta que el zapatero se jiló algo. Y a otra vez que oyó al cura con la cantinela, se levantó él y que dijooo, “sigue cosiendo palomita que yo te prepararé el baño” ¡Y bien que se lo preparó! Llenó la palangana de agua hirviendo y cuando ella se levantó las faldas y metió el culo, se lo abrasó…Y mientras el cura seguía cantando: “palomita zurana ven que ya es hora” , el zapatero, dando martillazos contestaba: ” con el culo quemaaaao no puede ahoooora…Parece que la estoy viendo a mi abuela aquí, imitando el martillar del zapatero con  golpecitos en la mesa mientras lo contaba…