Archivo de la categoría: fábulas fabulosas

malditos pies y malditas manos que se quedan atrás y ven como andamos

…y de entre los arbustos saltó una zorra, ¡la zorra tenía que ser! Y allá que volvieron con la pregunta

-Yo es que así- dijo la zorra- por lo que me contáis y a bote pronto… A ver ¿cómo estaba la culebra cuando la encontró el soldao? Y ¿de qué manera se apartó la piedra ? Porque yo necesito ver con mi propio ojo pa opinar certera.

La culebra , que estaba bien segura de tener razón, se volvió a poner donde la encontró el soldao.  La zorra preguntó que si era así “sastamente” y el soldao, que no, que faltaba la piedra que él apartó de encima… y de una patá y ayudándose con el rabo la zorra volvió a dejar a la culebra en su sitio

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Pero no acabó ahí la cosa. El soldao dice “¡Uy! pues mis padres tienen ganadería y a la que vuelva te voy a traer un cordero”. Y como era muy cumplío, después de estar con su familia, metió un cordero en un saco y allá que fue con él pa dárselo a la zorra. Pero, teniendo que hacer parada en una fonda, unas mujeres que andaban allí en corro: “¿Qué llevará el soldao en ese saco?” Miraron y arramplaron con el cordero metiéndole en él un galgo…Así que el soldao que iba tan contento, creyendo que llevaba un cordero, cuando se presenta la zorra y abre el saco,  salió corriendo el galgo y a la zorra se la oía decir: “¡Malditos pies y malditas manos que se quedan atrás mientras yo ando!” Y así es como, aunque no quieras, pa pagar un bien, el mal siempre encuentra la manera. 

…me cuenta un poco más, pero no lo termina

Hoy teníamos cita en Serveis Socials del Ajuntament,  para informarnos sobre “tecnología y sistemas localizadores de ancianos desorientados y deambulantes”. Pablo, en silencio, observaba cómo buscaban información y requisitos en el ordenador y cómo se perdían en unos vericuetos por los que él nunca ha caminado.

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– ¿Qué resultao han dao?

Me pongo a hacer un resumen , pero veo que lleva la mirada perdida hacia el río y que no me está oyendo.

-Pablo, ¿me oyes lo que te digo

-No…¿Oyes tú a esa rana?

– ¡No me digas que oyes una rana desde lejos y a mí no!

-Si es pa hacerte de rabiar…¿Quieres saber como sigue el cuento?

-Sí

-Pues al siguiente que preguntaron fue a un perro viejo y apaleao que pasaba por allí y contestó lo mismo que el burro. Que cuando había  servío pa cazar y guardar la finca no le faltaron huesos y pan duro y hasta alguna caricia por el lomo, pero ahora, que ¡mira!, no le dejaban ni morirse alli tranquilo en el corral. Y que lo habían echao a palos, olvidándose de tó lo bien que se había portao con  sus amos…

-Así que la serpiente…

-Así que la culebra se retorcía de gusto y pa alargarlo más, le dejó al soldao que preguntara a otro que se movía entre los arbustos

 

 

“Cómo se devuelve mal por bien” (continúa el cuento)

-“¿Quieres que te demuestre cómo las buenas obras con mal se pagan? – dijo la serpiente – Pues vamos a preguntar al primero que pase 

-Y si me da la razón, gano yo y me dejas en paz…

– Si te da la razón…

 Y mira tú por dónde, vieron un burro pastando a la sombra de un árbol de allí cerca 

 – ¡Eh, burro! – gritó el soldado – Contesta bien a una pregunta que te haga está serpiente que me quiere comer – Y el burro se queda mirando y la serpiente que hace la pregunta y el burro que dice

– Pues mira, yo he estado toa mi vida  trabajando como un burro. He tirao del arao, he cargao leña, he dao vueltas a la noria, he llevao a los niños y a los mozos a la feria, a mis costillas, he hecho todo lo que me han mandao…Y ahora que soy viejo, ya no me quieren pa ná…y aquí estoy, buscando un poco yerba que llevarme a la boca y sin cobijo…”

Pablo ha terminado de comer, se limpia bien  todo rastro de chocolate y se levanta del banco a tirar la servilleta de papel y el envoltorio del helado a una papelera, le pregunto si estaba bueno.

– ¡Ya ni me acuerdo! – se ríe 

Está en su naturaleza

A los animales si los tratas bien te cogen cariño, aunque sean salvajes. ¡Hay gente salvaje también! Pero en mi casa estábamos enseñaos a tratarlos bien…¡A ver! ¡Trabajaban tanto como nosotros!

¡Uy!, ahora se me viene a la memoria el cuento de un soldao que llegaba a su pueblo, ya cumplío y se topó con una serpiente que se había atascao entre unas piedras y no podía salir ni pa trás ni pa’lante… Así que el hombre, que parecía bueno,  se amañó como pudo pa dejarla escapar. Pero la serpiente se revolvió contra él, ¡oye! y dijo que se lo iba a comer, que había pasado mucho tiempo sin poder moverse y tenía mucho hambre. Y el soldao va y le diceee:

– ¡Anda! y ¿cómo crees que vengo yo? Pues de pasar más que penurias… Y encima que me’parao a salvarte de morir atrapada…¿Cómo vas a pagar obra buena con daño? ¿Dónde se ha visto eso?                                                              
 -“Pues esa es ley de Hombre” – y que contestó el bicho

Se queda callado un rato, pensando, esperando.

-Y ¿cómo sigue el cuento? ¿Se lo come?

-¿Sabes lo que me comería yo ahora, pa refrescarme?…Un helaíto

Navegando entre turbulencias, desvaríos, conspiraciones y…

Hay un incidente, infiltrado en muchas de sus historias, de alguien que se fue del pueblo a consecuencia de un acontecimiento “histórico”. .Cuando llega a “ese evento” en el relato, misteriosamente, pierde toda comunicación con la lógica aparente pero se mantiene firme en el puente de mando

-Entonces ese que era tan malo y que hizo tanto daño a tó el mundo, se fue de allí cuando se enteró que había muerto Franco

– Pero Pablo, si estás hablando de los años cuarenta y Franco no murió hasta el setenta y cinco…sería otro el motivo que le animó a irse…

– Pero, ¿cómo que nooooo? ¡Lo que tiene es que lo escondieron!

-¿ A quién escondieron?

-¡ Pues que no lo dijeron!, pero murió poco después de acabar la guerra…Se lo llevaron de ese hospital envuelto en una alfombra

– Yo creo que te confundes con alguna película que has visto

– Que no, ¡coño! Que luego le pusieron una mascarilla

– ¿A quién ?

– Pues al otro,  cuando hubo esa cola tan larga de gente pa ir a ver si era verdad que estaba muerto…Si uno de mis hermanos, no sé quién de ellos, se acercó hasta allí y luego me lo dijo. ¿Qué sabréis vosotros?

Y la nave vaIMG_20170529_110959155.jpg

Donde me cuenta un “fenómeno viral” que provocó su abuela en el callejón del aire

-Por este callejón siempre corre el aire. Hay uno así en mi pueblo…Y en él se encontró mi abuela…-se ríe-¿Te he dicho alguna vez que mi abuela Faustina era muy chistosa?

-Sí, me lo has dicho

-Pues yendo una vez por este callejón, uno al que ella habría hecho alguna trastada, porque por ná no sería, “y que la dijo” que estaban vendiendo vino y bien barato a la entrada del pueblo, por donde el cuartel de la guardia civil. Así que ella agarró una garrafa y fue, creyendo que era verdá, a comprar vino, que en esos tiempos había que estar listo cuando vendían algo, pues había poco de todo…El caso es que cuando llegó allí se echó a deber de que la habían burlao…y en lugar de volver así, no se le ocurrió otra cosa que ir con la garrafa hasta el arroyo pa llenarla y figurar el peso… Y con ella en la cadera volvió al pueblo y a tó el que se encontraba le decía que la traía con vino y daba las señas de adónde había que ir a comprarlo.. Engañó a medio pueblo, incluido al tonto que la había engañao a ella, ¡Fíjate, lo que son las cosas!. Y no hago más que acordarme cuando paso por aquí…

-A lo mejor estamos en un corredor del tiempo 

-¡Yo qué sé!

Mi navajita bien corta

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-¡Mi navajita bien corta!…Eso eran dos gallegos que habían traído una piara de cerdos y les darían… Ná, cuatro perras por el porte. El caso es que uno de ellos se compró un pan y el otro, se encaprichó de una navaja y se gastaría en ella to el beneficio. Y ya cuando pararon en el camino, el uno se puso a comer el pan, a pellizcos, y el otro sacó su navaja y abriéndola decía “¡mi navajita bien corta!” y el otro le contestó “pues si quieres pan lo compras” – Se queda pensando mientras mastica lo que ha cortado con su navaja – Ahora ya no hay gallegos; les debe ir bien en su tierra…Antes se les veía mucho, iban de pueblo en pueblo con un carrito que llevaba una rueda grande como la de un carro, pero sólo una y unas patas donde lo apoyaban y afilaban cuchillos, navajas, lo que hubiera pa sacar filo…Iban tocando un silbato, así haciendo un sonido largo y la gente salía al escucharlo… También iban otros con una sartén al hombro y haciendo “tintintiquitín”con un hierro en el rabo de la sartén…Y esos soldaban y arreglaban cacharros, porque antes lo que se rompía se apañaba.