Archivos Mensuales: octubre 2018

Señales de otoño

En este lado del mundo, en otoño, los árboles se mantienen verdes

Y asoman flores exóticas entre los huecos de las tapias blancas

Las gente que por aquí viven, mantienen en otoño las sandalias

O si se ponen algo de abrigo

Siempre se descalzan en la playa

Me siento enfrente de Pablo y le cuento las cosas que he visto. Presiento por su mirada que ha empezado a interesarle lo que digo

-Pablo, aquí no se nota el otoño, todos los árboles siguen verdes, no se ven volar las hojas, ni hace frío

– ¡Qué sabrán las palmeras! – me dice

Para saber en el tiempo que estamos, hay que mirar las parras…si empiezan a arrugarse y aaa…marronar las hojas…- se para, busca las palabras, carraspea- es que vienen “Los Santos” que es el tiempo de sembrar…las habas y los guisantes yyyy… cosas de invierno…

Luego se calla, deja de mirarme y se vuelve a su mundo, a seguir gesticulando con las manos, haciendo nudos en la manta, tejiendo lo invisible

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Lo que pasó cuando su padre intentó purgarle con agua de carabaña

Se está negando a comer y dormita casi todo el día. La doctora dice que es por demencia y me ha recetado unos sobres para disolver en agua que le abrirán el apetito, parece.

Le acerco la cuchara con el brebaje

Aprieta los labios y me rechaza enfadado

-¿Qué quieres, darme un purgante? ¿También se estila ahora eso? Pues no vas a poder conmigo, no ha podido ni mi padre…

Sé cuál es la historia a la que se está refiriendo porque me la ha contado ya otras veces. Parece ser que cuando él gastaba pocos años, los médicos recetaban para limpiar el hígado y eliminar lombrices,”agua de carabaña” o “aceite de ricino” y los padres obedientes purgaban a los niños con regularidad

Pero Pablo se negaba en redondo a tomárselo, así que su padre dijo, “trae que verás cómo se lo doy yo”

Pablo apretó los dientes, su padre hizo palanca con la cuchara y un diente (que sería de leche) salió disparado por el aire, su padre retrocedió asustado

Mientras su madre

se llevaba las manos a la cabeza y el agua de carabaña salía rodando por el suelo de la cocina…

Empiezo a contarle la anécdota y veo que va prestando cada vez más atención. Carraspea, se aclara la garganta y dice

-¿Y tú cómo lo sabes? ¿Es que estabas allí?

Un golpe y dos chichones

Se cayó de noche y se hizo dos heridas, una a cada lado de la frente.

Llamamos y vinieron enseguida en nuestra ayuda, uno de ellos parecía un gigante

Con qué fuerza se agarra y qué bien se sube al coche, dicen admirados de su agilidad

Estos enfermeros le revisan la herida mientras él se deja hacer sin soltar ni un gemido. La herida es leve, nos dicen y nos envían de vuelta a casa, con el encargo de ir el lunes a la consulta de enfermería para cambiar el vendaje

Ya en casa, hace un hatillo con la manta que le pongo en las rodillas y dice que se va a dormir al campo, que es allí donde se duerme bien y que además su cama está llena de gente y que, cómo los va a echar, si no tendrán a dónde ir

Pero si soy yo, le digo, que me he tumbado aquí en tu cama para hacerte compañía. Ah! Con que eres tú, dice, ¡como tienes esos malos pelos, me pareces un león!

Perdidos en el espacio

El camino que va desde su cuarto a la cocina es un “agujero negro” que nunca se sabe a dónde nos lleva”

y aunque lo recorre conmigo de la mano

porque “este es un pasadizo que se mueve mucho”, siempre va tembloroso porque, “a ver a dónde vamos a ir a parar ahora”.

Ya sentado en la mesa, lo mira todo y no lo reconoce; quiere acabar cuanto antes con el trámite de la comida, que es líquida (unos batidos hiperproteicos que le ha recetado la neuróloga) y volver a “su pueblo donde tienen una chimenea más grande que esta casa y alrededor de ella nos sentamos todos los hermanos y mis abuelos y mi padre y algún vecino que entra, también cabe, fíjate si será grande”

Sobre vocación y gallardía militar de las mujeres en el día del Pilar

Esta mañana, mientras dejaba a Pablo descansando de su agitada noche y al cuidado de J….., he pasado a casa de Vicenta a llevarle unos dulces

-Ay, muchas gracias, hazle sitio en la nevera que esta noche vendrá Margarita a dormir conmigo y lo cenaremos. Yo es que ahora estoy esperando que me recoja mi hijo, que vamos a comer en la casita todos, como es fiesta…Iba a venir a recogerme antes, pero he dicho que no, que quería ver el desfile. Pero no lo han puesto por la tele, este año no…

-¿Te gustan los desfiles, Vicenta?

-Uy sí! Yo si fuese hombre sería militar. Siempre con su uniforme tan bien puesto…

Es porque mi abuelo fue militar y tenía galones y todo, yo no sé qué rango sería…pero en una pelea entre dos, él se metió en el medio a terciar…¡y mira!, uno de ellos le cogió manía y se quejó de él a su familia y no se sabe qué mal hablaría…a su padre y su tío que eran altos rangos…y entonces a mi abuelo le quitaron los galones, todos los galones y le echaron sin paga y sin nada…y del disgusto ¡Ay mira! Le dio un ataque al corazón…Pero mi abuela puso una tendeta, de las que venden de todo… ahora ya no hay, ahora ya los supermercados…pero ella sacó a todos adelante, vendiendo salats…

Entra Pilar, la vecina de al lado que va muy arreglada porque hoy sale a comer con la familia, dice. Le doy un beso, la felicito por su santo y alabo su vestido. Vicenta se une a los piropos

-Y quina figura més bona conserves, xiqueta…

-¡Y no llevo faja ni nada!

Se da una vuelta enseñándonos el vuelo del vestido y hace el amago de levantarse la falda para demostrar lo que ha dicho, pero enseguida se arrepiente, viéndome con el móvil preparado…

-Uy no, fes-me la foto aci

– A ver cómo he salido… Sí yo salgo muy mal en las fotos…Yo es que estoy muy mal de salud…Pero me pinto, me arreglo, me coloco los pelos…¡Ay que ver, con el pelo que yo tenía! Y mira, me quedan cuatro…eso es de las peluquerías y los tintes…a mí me gustaría dejármelo sin teñir, pero no me atrevo, pienso que qué dirán de mí y no me atrevo…¿Qué tal está Pablo?… ¿Durmiendo le has dejado? …Yo tampoco duermo por la noche y me levanto muchas veces a orinar, pero no puedo quedarme a descansar por la mañana como hace él, porque pienso ¿Y si llaman a la puerta? ¿Cómo no voy a abrir? Y ¿Qué van a decir si abro y me ven recién salida de la cama? ¡Ah, no! Yo me levanto, me arreglo, limpio la casa…que la tengo siempre limpia… Algún día tienes que pasar y te la enseño…Yo esté como esté, aunque me duela todo…me arreglo, dejo mi casa en orden y pa’lante

fotosíntesis y penicilina

Cuando le pongo el pastillero en la mesa casi siempre se alegra y las va tomando con sus manos como el que elige una golosina, por colores

-Primero esta azulita. – se la lleva a la boca que abre exageradamente para meterla en el gaznate – Luego esas dos pequeñas…¡Cuántas medicinas nos dan ahora!…En otros tiempos la gente se moría, los niños sobre tó, porque había muchas fiebres malas y los curanderos poco sabían curar, no siendo una torcedura…yo me torcí un tobillo y me lo arregló una curandera muy buena, que decían que era una bruja…

Pero las “pelicilinaaas” sólo las podían comprar los ricos y las traían de la parte de América…Hasta salió una película…de un hombre gordo que se subía a una noria muy alta y queee…ya no me acuerdo, tararararán tarán (*tararea la música de “el tercer hombre”)

…ya no me acuerdo

Levanta la taza con cuidado y, para evitar el temblor, coloca los codos apoyados en ese cuerpo consumido y exhausto pero todo él concentrado, como un equilibrista en sus pasos sobre un cable, como un Jedi en la fuerza, como una planta en su fotosíntesis

Las visitas

Han venido a visitarnos unos amigos, J….y B….. Sólo han parado un poco, de camino a su pueblo que está a pocos kilómetros de aquí, el tiempo de comer y alegrarnos de vernos, mientras nos contamos cómo van las cosas. Cuando se han ido dejándonos un dulce de higos de su higuera y llevándose ellos conserva de berenjenas del huerto de Pablo, me han preguntado si les iba a sacar en el blog y les he hecho esta foto movida (*la perrita es Maggie)

Luego he despertado a Pablo, que andaba adormilado en su hamaca, toda la tarde y le he propuesto dar un paseo

-Déjame tranquilo, si aquí estoy bien…

-¿Quieres que vayamos a casa de Vicenta?

Se incorpora, se pone la gorra y busca el bastón. Le explico que es mejor con el andador, que vamos más seguros y se deja convencer.

Vicenta se alegra mucho de vernos y le ofrece a Pablo el sofá y unos cojines para que se acomode.

-Uy qué manos más frías y qué primet te estás haciendo. ¿No menja? – me pregunta a mí, pero sin esperar respuesta sigue hablando con él – Yo en cambio, mira, no em perd la gana

Mientras sigue hablándonos, de lo que come, de la faja que gasta, que es muy cómoda y le protege los riñones, de cuando el callejón iba sin asfaltar y se hacía barro, no dejan los dos de compararse las manos

Cuando nos vamos, sale a acompañarnos a la puerta y nos dice

-Hasta mañana

-Hasta mañana…¡si Dios quiere!

-Jajaja, yo no sabía que tú mentabas a Dios, Pablo

-Tú porque no sabes lo que le pasó a uno de mi pueblo… que le dijo su mujer …”hasta mañana si Dios quiere”…y él, “y si no quiere también” y se cayó del carro y le coceó la mula y volvió a su casa con el brazo en cabestrillo diciéndole a su mujer : “Que me he caío porque Dios a queríiiiiiio”

– Ai aquest home, sempre em fa feliç