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…me cuenta un poco más, pero no lo termina

Hoy teníamos cita en Serveis Socials del Ajuntament,  para informarnos sobre “tecnología y sistemas localizadores de ancianos desorientados y deambulantes”. Pablo, en silencio, observaba cómo buscaban información y requisitos en el ordenador y cómo se perdían en unos vericuetos por los que él nunca ha caminado.

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– ¿Qué resultao han dao?

Me pongo a hacer un resumen , pero veo que lleva la mirada perdida hacia el río y que no me está oyendo.

-Pablo, ¿me oyes lo que te digo

-No…¿Oyes tú a esa rana?

– ¡No me digas que oyes una rana desde lejos y a mí no!

-Si es pa hacerte de rabiar…¿Quieres saber como sigue el cuento?

-Sí

-Pues al siguiente que preguntaron fue a un perro viejo y apaleao que pasaba por allí y contestó lo mismo que el burro. Que cuando había  servío pa cazar y guardar la finca no le faltaron huesos y pan duro y hasta alguna caricia por el lomo, pero ahora, que ¡mira!, no le dejaban ni morirse alli tranquilo en el corral. Y que lo habían echao a palos, olvidándose de tó lo bien que se había portao con  sus amos…

-Así que la serpiente…

-Así que la culebra se retorcía de gusto y pa alargarlo más, le dejó al soldao que preguntara a otro que se movía entre los arbustos

 

 

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La cabeza perdida y la tormenta de ranas

Ayer, cuando me levanté Pablo no estaba en casa. Fui en su busca siguiendo el camino que suele tomar cuando pasea solo. A la vuelta, sin que ninguna de las personas a las que pregunté le hubiera visto, me esperaban dos policías que lo habían encontrado en el pueblo de al lado.

-Estababa desorientado, pero nos ha sabido dar sus señas.  No obstante es bueno que lleve puesta una pulserita con teléfono y dirección – Nos han dicho muy amablemente.

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Anoche hubo una tormenta eléctrica y llovió copiosamente.

Esta mañana nos hemos levantado muy temprano y después de las pastillas, la leche y las galletas, hemos salido a dar un paseo. Los dos juntos y sin desasosiego. Ya en el camino nos hemos topado con algo que no se ve a menudo,  un montón de ranas diminutas que se movían desordenadamente, brincando de un lado a otro.

– ¡Mira!, Si son ranas – me ha señalado con el garrote – Esas son ranas que van sorbiendo las nubes de los charcos donde viven – Hace un gesto con la mano como de cuenco para recoger agua – y luego las sueltan cuando descarga la tormenta, en otro sitio…y ahora están que no saben y a ver si encuentran a dónde ir… IMG_20170605_121805_processed.jpg