Archivo de la etiqueta: culebras

malditos pies y malditas manos que se quedan atrás y ven como andamos

…y de entre los arbustos saltó una zorra, ¡la zorra tenía que ser! Y allá que volvieron con la pregunta

-Yo es que así- dijo la zorra- por lo que me contáis y a bote pronto… A ver ¿cómo estaba la culebra cuando la encontró el soldao? Y ¿de qué manera se apartó la piedra ? Porque yo necesito ver con mi propio ojo pa opinar certera.

La culebra , que estaba bien segura de tener razón, se volvió a poner donde la encontró el soldao.  La zorra preguntó que si era así “sastamente” y el soldao, que no, que faltaba la piedra que él apartó de encima… y de una patá y ayudándose con el rabo la zorra volvió a dejar a la culebra en su sitio

wp-1497454526072.

Pero no acabó ahí la cosa. El soldao dice “¡Uy! pues mis padres tienen ganadería y a la que vuelva te voy a traer un cordero”. Y como era muy cumplío, después de estar con su familia, metió un cordero en un saco y allá que fue con él pa dárselo a la zorra. Pero, teniendo que hacer parada en una fonda, unas mujeres que andaban allí en corro: “¿Qué llevará el soldao en ese saco?” Miraron y arramplaron con el cordero metiéndole en él un galgo…Así que el soldao que iba tan contento, creyendo que llevaba un cordero, cuando se presenta la zorra y abre el saco,  salió corriendo el galgo y a la zorra se la oía decir: “¡Malditos pies y malditas manos que se quedan atrás mientras yo ando!” Y así es como, aunque no quieras, pa pagar un bien, el mal siempre encuentra la manera. 

Anuncios

…me cuenta un poco más, pero no lo termina

Hoy teníamos cita en Serveis Socials del Ajuntament,  para informarnos sobre “tecnología y sistemas localizadores de ancianos desorientados y deambulantes”. Pablo, en silencio, observaba cómo buscaban información y requisitos en el ordenador y cómo se perdían en unos vericuetos por los que él nunca ha caminado.

wp-1497464814110.

– ¿Qué resultao han dao?

Me pongo a hacer un resumen , pero veo que lleva la mirada perdida hacia el río y que no me está oyendo.

-Pablo, ¿me oyes lo que te digo

-No…¿Oyes tú a esa rana?

– ¡No me digas que oyes una rana desde lejos y a mí no!

-Si es pa hacerte de rabiar…¿Quieres saber como sigue el cuento?

-Sí

-Pues al siguiente que preguntaron fue a un perro viejo y apaleao que pasaba por allí y contestó lo mismo que el burro. Que cuando había  servío pa cazar y guardar la finca no le faltaron huesos y pan duro y hasta alguna caricia por el lomo, pero ahora, que ¡mira!, no le dejaban ni morirse alli tranquilo en el corral. Y que lo habían echao a palos, olvidándose de tó lo bien que se había portao con  sus amos…

-Así que la serpiente…

-Así que la culebra se retorcía de gusto y pa alargarlo más, le dejó al soldao que preguntara a otro que se movía entre los arbustos