amor filial

El afecto hay que cultivarlo, como las patatas y las zanahorias. Pero él ya no sabe bien cuándo es el tiempo de dejar descansar la tierra. Continúa queriendo ir al huerto cada mañana, de una manera mecánica, obsesiva. Pero una vez allí, no sabe qué hacer y pregunta muchas veces -¿cuánto tiempo falta para los santos?- y a continuación habla de la proximidad del buen tiempo para hacer gazpacho de buenos tomates.

Con sus hijos le pasa lo mismo. Cuando está con ellos les reprocha lo solo que le dejan, “siempre leyendo y con los móviles”, porque “se aburren con él”. Pero entre “extraños”, los alaba y se muestra orgulloso de sus estudios y sus trabajos.

Así tendrá que ser: producimos muchas insatisfacciones y una gran diversidad de cultivos en el tiempo

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