Las cargas de leña

Veo a un hombre que carga y coloca troncos cortados de naranjo sobre un camioncillo rojo y saco el móvil para hacer unas fotos robadas; pero nos ve, se detiene en la tarea y nos saluda. Le pregunto si puedo hacerle una foto y rápidamente salta al suelo y posa sonriente. Luego me cuenta que ha tenido que talar muchos árboles porque están malos y teme que se contagien los otros. Me dice que conoce a Pablo desde hace mucho y que siempre le ha parecido un buen hombre y dirigiéndose a él le habla de las dificultades del campo

– ¿Verdad Pablo? Si no es la mosca, es la goma y si no el piojo y si no los intermediarios…Pero siempre se quedan otros con la ganancia y nosotros con el afán

Pablo mira abstraído hacia la carga y no parece estar allí. Me despido del leñador y seguimos andando de regreso, muy despacio. Después de un rato se para a descansar en un poyete del camino y

– Esa leña que lleva enseguida arde…Es mejor la de encina y olivo que se da por mi terreno… pero aquello ya pasó…hace mucho que no voy por allí… se me van las cosas de la cabeza…¡Cuidao las cargas de leña que habré llevao yo!

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43 pensamientos en “Las cargas de leña

  1. Estrella RF

    Tiene razón Pablo, por aquí no hay madera de naranjo, así que no la conozco, pero la de chopo quema muy rápido, es buena para encender pero luego para que se mantenga el fuego más tiempo mejor la de roble o encina…
    Pablo está en todo, seguro que ha ido rumiando sus pensamientos y sus recuerrdos por el camino, melancolía de aquellos tiempos.
    Un abrazo.

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  2. carlos

    Pablo sabe que con el verano se acerca el momento de llenar la leñera que nos permite salvar el invierno. Cuatro toneladas, bien trabadas, ocupan la mitad de espacio y se mantienen secas. Tiene razón la madera de encina ocupa lo mismo y calienta doble. Acá olivo no tenemos. Un saludo.

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  3. tecuentodeviajes

    Nuestras cabezas están repletas de viajes temporales. Hay muchas personas que viven en el inexistente mañana. Unas cuantas, muy poquitas, viven en el hoy, en el aquí y ahora. Y otras muchas personas viven, queriendo o sin querer, en el ayer.
    Cuando estudiaba la carrera siempre nos recordaban que se sabía más del espacio sideral que del mar que yo estudiaba…Hoy creo que se sabe mucho más del cosmos, y de los océanos…que del cerebro. Esa “frágil fortaleza” sigue teniendo tantos misterios 😮 …su formación, su deterioro,…su plasticidad, su mágica química, su gobierno…Sin duda, a veces es complicado pilotar esa frágil fortaleza y nos convertimos en meros copilotos o pasajeros de sus tumbos, de sus idas y venidas…de esos clics y clacs que menciona nuestra querida Luna…
    No he dicho nada nuevo, pero esos “viajes” de Pablo, personalmente me recuerdan que quizás todos pasamos poco tiempo en el hoy :/ …muchos se alimentan de sueños y otros nos alimentamos de recuerdos…
    Dos abrazos grandes y verdaderos.

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  4. Alfonso Cebrián

    Pablo no se deja llevar por nostalgias elaboradas y románticas: la leña es la leña, y fue tanta la que cargó.
    Esto me recuerda una anécdota ocurrida cuando la nevada de febrero del 83. Decía una mujer, con añoranza: en mi pueblo no se rompen las ramas, resisten el peso de la nieve.

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  5. laacantha

    Que buenos recuerdos me ha traido tu relato. La infancia, el invierno, nosortos delante de la estufa , mi madre contandonos las historias de su vida y el fuego que me hechiza y casi hipnotiza. Tranquilidad y ganas de dormir. Gracias. Un beso.

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  6. Magdalena

    Os contaba a ti y a Pablo las buenas hogueras que hacíamos con la leña de nuestras “carballeiras”. El llamado carballo aquí en Galicia, es el roble.
    Bueno, pues ahora besiños palmeiráns con olor a carballo.

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  7. Daxiel

    Pablo… la leña no lo despeña, a su mirada con grandilocuencia, sus respetos estaban dados al solo mirar al leñador de campo, sus recuerdos los lleva grabados en las venas de sus manos esas que mira asombrado…miles de hechuras para un planeta, que le debe el respeto de los que han labrado…

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