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Lo que pasó cuando su padre intentó purgarle con agua de carabaña

Se está negando a comer y dormita casi todo el día. La doctora dice que es por demencia y me ha recetado unos sobres para disolver en agua que le abrirán el apetito, parece.

Le acerco la cuchara con el brebaje

Aprieta los labios y me rechaza enfadado

-¿Qué quieres, darme un purgante? ¿También se estila ahora eso? Pues no vas a poder conmigo, no ha podido ni mi padre…

Sé cuál es la historia a la que se está refiriendo porque me la ha contado ya otras veces. Parece ser que cuando él gastaba pocos años, los médicos recetaban para limpiar el hígado y eliminar lombrices,”agua de carabaña” o “aceite de ricino” y los padres obedientes purgaban a los niños con regularidad

Pero Pablo se negaba en redondo a tomárselo, así que su padre dijo, “trae que verás cómo se lo doy yo”

Pablo apretó los dientes, su padre hizo palanca con la cuchara y un diente (que sería de leche) salió disparado por el aire, su padre retrocedió asustado

Mientras su madre

se llevaba las manos a la cabeza y el agua de carabaña salía rodando por el suelo de la cocina…

Empiezo a contarle la anécdota y veo que va prestando cada vez más atención. Carraspea, se aclara la garganta y dice

-¿Y tú cómo lo sabes? ¿Es que estabas allí?

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Los recados de los otros (días de vino y homenaje)

-Pablo, hoy te voy a decir yo una cosa que me han pedido que te cuente

-¿Quién?

-Pues así es el retrato que me ha salido. Se llama Magdalena y vive en tierras gallegas

-Yo creo que no la conozco…y ¿qué te ha dicho?

-Pues, además de mandarte abrazos, me ha dicho que te diga que el cuento ese que me contaste de los tres mosqueteros, lo escribió un hombre que se llamaba Auguste Maquet pero que el mérito se lo llevó otro que se llamaba Alejandro Dumas que era más famoso y le gustaban mucho las fiestas y beber con los amigos…

-Cosas que pasan…En el pueblo había uno que le llamaban Juan “el calero”… Vendía cal…Era muy trabajador y buena persona pero pasaba, que tenía mucha sed siempre y cuando nació su nieto se trajo, yo creo que desde Santa Olalla, una buena garrafa de vino, pa celebrarlo, pero ¡llevaría otra dentro!…Y ná menos que al entrar en la plaza, llena de gente que estaba, se cayó y se rompió la garrafa…y el hombre ¡Cómo iríe de borracho ya! Se tiró al suelo a beberse el vino que quedó de reposo en un charco…Es que antes no estaba asfaldao ni ná…

Y ¡cómo se reía la gente al verlo!… No era malo, es que no lo podía evitar, decía que era muy amigo del Cristo de Valdelpozo y vivía por allí, cerca la ermita…¡Le echaba unos piropos! Con decirte que su mujer, cuando le oía dar voces así… Carmen se llamaba…viendo que venía borracho, le abría la puerta del corral y le cerraba la de casa, pa que se quedara allí en el patio a dormir la borrachera – se ríe – …Y cuentan, yo no sé si será verdad, que una noche se cayó redondo al lao de la guarra, osea en la pocilga…y que se le oía decir: “date la vuelta Maricarmen que te huele mal el aliento”

-No me parece que tenga que ver con lo que yo te estaba diciendo

-¡Y yo qué sé lo que me estás diciendo!

-Pues que hay mucha gente que te envía abrazos, desde los lejos

Isabel, que hace fotos de la naturaleza

y Carlos con su estaca clavada

Laura, que guarda monos en la despensa

Laacantha que sabe un porcionao de arte y filosofía

la nati, que es una (extra)ordinaria

juan, que ha visto Blade Runner

luna, que no va al cine pero sabe dónde se ponen los acentos y las comas

evayesme, que se están leyendo la odisea

Daxiel, que lo dice en verso

Cristina, que es una aventurera concienzuda

Ana, que nos ha nominado para los óscar blogueros y(así) decimos gracias

Aileen que está activando lo de la telepatía

Eladio, que está comiendo un dulce de canela y ajonjolí

whatgoesaround, que le apasiona la música y tiene discos redondos

Eva, que se descubre en secretos que brillan bajo tierra

Carlos, que da la hora si le preguntas

Úrsula, que mira atentamente a las lagartijas

– Esos son los que, últimamente, te han enviado abrazos, pero hay muchos más

– Si tú lo dices… será verdá… Bueno tú…a to el que te pregunte por mí…le das recado

-Así haré (*pido disculpas a los no nombrados y mando también recado de Pablo, para ellos)

Las cargas de leña

Veo a un hombre que carga y coloca troncos cortados de naranjo sobre un camioncillo rojo y saco el móvil para hacer unas fotos robadas; pero nos ve, se detiene en la tarea y nos saluda. Le pregunto si puedo hacerle una foto y rápidamente salta al suelo y posa sonriente. Luego me cuenta que ha tenido que talar muchos árboles porque están malos y teme que se contagien los otros. Me dice que conoce a Pablo desde hace mucho y que siempre le ha parecido un buen hombre y dirigiéndose a él le habla de las dificultades del campo

– ¿Verdad Pablo? Si no es la mosca, es la goma y si no el piojo y si no los intermediarios…Pero siempre se quedan otros con la ganancia y nosotros con el afán

Pablo mira abstraído hacia la carga y no parece estar allí. Me despido del leñador y seguimos andando de regreso, muy despacio. Después de un rato se para a descansar en un poyete del camino y

– Esa leña que lleva enseguida arde…Es mejor la de encina y olivo que se da por mi terreno… pero aquello ya pasó…hace mucho que no voy por allí… se me van las cosas de la cabeza…¡Cuidao las cargas de leña que habré llevao yo!

El retrato

He encontrado una foto en la que está con su novia, los dos muy jóvenes y la hemos colgado en la pared de su cuarto.

Se queda mirando atentamente, luego se ríe:

-Es que a las fiestas de los pueblos iba siempre un fotógrafo. Tenías que ponerte, muy quietito, mientras él metía la cabeza en una cosa…como una manga ancha que salía de la cámara, hasta que daba el chispazo… Pero no salía al instante, ¡Uy! Tiempo había pa echar un baile hasta que te lo enseñaban …Una vez -se ríe- ¡acarreaba también la estampa de  un avión, ná menos! y nos hicimos una foto mi amigo Rafa y yo como si fuéramos subíos…Uno conduciendo y otro atrás…yo no sé qué habrá sío de eso…

Yo recuerdo haber visto esa imagen que dice, con García Lorca y Buñuel en el avión de cartón; debía de ser un decorado muy popular. Se la enseñoIMG_20170725_072412.jpg

– ¡Esa misma es! Y ¿Qué hace ahí? – Pero no repara más tiempo en ello. Se levanta, vuelve a pararse enfrente de la foto en la pared – ¡Ay qué ver! Ya no me acordaba de cómo era – Y se queda ahí, mirando

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El que mucho reza poco ofrece

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– Pues es que eran familia a los que les gustaba mucho ir dejando a deber. El marido iba a comprar ladrillos al Tejar y decía que otro día traía los cuartos, pero pasaban los días y no los llevaba. Así que la hija,  que era así muy frescales, se presentaba en la confitería a pedir que pagaran, un día y al otro también. Una vez decía la confitera que no estaba su marido, otro que ¡Ay, qué leches si pareces una alguacila viniendo a cobrar!. Y la otra, pues si me hubiera usté pagao a lo primero, ya no tenía que volver por aquí, que a mí tampoco me gusta de verla… Era así, les gustaba dar poco… Mi padre llevaba un libro donde iba apuntando lo que le debían y a ella le daba otro igual, con las sumas y las restas de lo que se había llevao y lo que había traído.    En cuanto sonaba la campana de misa de más temprano, yo no sé a qué hora sería, la cosa es que decíamos, ya verás qué pronto se presenta y así era. A veces hasta medio saco llevaba, como podía,  pero sin el libro y decía que se le había olvidao, para que la pagáramos con dinero…Y el marido rezando. ¡Qué miserias! Si “egqueeee” el que mucho reza poco ofrece.

De hernias, trajes y bolsillos

-Pues a mi bisabuelo, que era herniao de las dos partes, – se toca las ingles con ambas manos-  le llamaban “Morero el de la potra”

– ¿De la potra?

– La potra son los bultos que tenía, como los que le salen a las “azanorias” y a los nabos, que también se dice potra. Eran hernias, que antes no se operaban y se le hicieron grandes -Se queda pensativo- Cuando murió, que yo le vi porque antiguamente se les tenía allí a los muertos en las casas, por lo menos un día con su noche, allí adorándolos, ¡qué cosas! Yo me fijé que estaba tó lisito – se señala la tripa- Iba vestido con un traje de los buenos.  De un arquitecto rico de Madrid, que la que servía en su casa sería pariente y enviaba al pueblo lo que no le valía.

– Y ¿por qué se lo ponían de muerto, en vez de usarlo de vivos?

– ¡Sí hombre! Sí era de mucho luuujo…y en ese tiempo no se usaban más que pantalón de pana y cuando se rompían, apañaban uno corto pa los chicos – se ríe – Dicen que a mí el primero que me hicieron llevaba bolsillos, y estaba tan contento que iba siempre con las manos metías…y me caí de boca

– Y ¿te rompiste algo?

– Lo que sé es que mi madre me los cosió, los bolsillos

Cañaheja y tiempos de astucias para esconder el alimento

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-Mira, esto es una “cañaleja”. De estas había muchas por la viña, luego el tronco al crecer, hace una madera muy dura y con ellas se preparaban muchas cosas…hasta de pequeños nos hicimos un carro para jugar… También se usaba para techar la pocilga de los cerdos y así encima se preparaba el gallinero…

-¿Tan arriba subían las gallinas?

-No era tan arriba, eso era muy bajito, tenías que entrar agachaaao…¡Ah! Así escondimos un costal de harina; preparamos una especie de ganchos con deshechos de herramientas a un lao y a otro de la puerta y luego estas cañas soportando el costal y cuando metieron la cabeza los del registro, lo tuvieron encima del pescuezo pero se fueron con las manos vacías…-Se ríe-

-Pero, ¿os quitaban el trigo y os dejaban los cerdos y las gallinas?

-Nooo, en ese tiempo estaba la pocilga pero sin cerdos ni  ná…Ese fue un rancho muy malo que pasamos…luego ya perdieron la guerra los alemanes y se suavizó la cosa, pero hubo unos años que hasta recoger la leña y hojarasca de tu misma tierra, tenías que hacerlo a escondite y con alguna astucia…