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Por las ramas

 

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Deja la sudadera en el árbol como buscando en qué rama se detiene, igual que cuando rememora el pasado

-(…) También había árboles en la viña. Dos peros, que son como las peras pero más duros…

Aquí se va por la “rama” de la poda, de cómo aprendió y lo puso en práctica…

-(…) También albaricoqueros, que son tan buenos los albaricoques de por allí que hasta la pipa se come, como si fueran almendras…

Esto va a las ramas del mazapán, cómo se hace y a la familia del pueblo que tiene el negocio confitero…

-(…) Y yo creo entrever que había también alguna encina…¡Ah! Y una parte que dejábamos para labrar y allí plantamos algarrobones, que son como algarroba pero el grano más redondo y hacen una mata, así a esta altura – señala con las manos unos quince centímetros- Eso era de forraje para los guarros, que los soltábamos allí y ellos iban comiendo…De vigilarlos se encargaba Faustino, que era el más chico por ese tiempo y una vez – se ríe – nos le encontramos llorando y que porque se le habían perdío…Y es que se habían hartao de comer y ¡se habían echado a descansar!

Y en esta rama lo dejo.

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El misterio del vino y los rencores

– Y ¿cómo hacíais el vino?img_20170331_191530120.jpg

-¡Pues en el corral! Teníamos una pila  grande y pisábamos allí la uva… Según iba escurriendo se recogía en unas especies de orzas, con ollejo también,  porque el ollejo es el misterio de que fermente y haga vino… Después se cuela hasta que sale claro y sin el poso….Y nosotros lo teníamos en tinajas con un agujero bajo, así tapao con un corcho.

– ¿Os lo bebíais todo o daba para vender?

-¡Para vender! ¡Miá tú!  Y ya verás lo que pasó: Que después de la guerra pusieron de Alcalde a uno que tenía taberna y nos prohibió hacer el vino…Y la uva se la tuvimos que vender a él por fuerza y ¡al precio que nos quiso poner! ¡Una ruina!..Pero duró poco de alcalde…unos dos años…Luego ya nombraron a otro, que entre ellos no se llevarían muy bien, ¡Si es que había “muchas”rencores! Y el que vino, que se quedó ya muchos años; hablaría con él mi padre lo que fuera, y no solamente le dejó hacer el vino, si no que le dijo que podía venderlo por copas…Y así puso mi padre la taberna…

 

De viudas y arañas 

-Entonces, ese abuelo, Pablo, no te gustaba mucho

-Ni me gustaba ni me dejaba de gustar, yo cuento las cosas tal como son…-Suspira con una sonrisita mientras remata la chumbera con la azada 

– Si hasta dejó a deber algo a uno que vendía vino y aguardiente y tuvo que ir a reclamárselo a mi padre ¡las deudas de la viuda! Menos mal que le dejó y se fue – se acuerda de algo, deja la herramienta, hace una jarrita y con voz de misterio dice: – También había unas arañas que llamaban viudas negras, que tejían así unas telarañas para cazar… Decían que se comían al macho después de reproducirse y se quedaban viudas, claro… Pero yo eso no lo he visto nunca. Los que también picaban eran los “arraclanes”, por eso cuando había que quedarse a dormir en la viña, nos subíamos a un risco grande que había, que en la parte de arriba hacía un liso como de resguardo y ahí se acoplaba uno el cuerpo muy bien

– ¿Es que las arañas y los demás bichos no se suben a los riscos?

-Pues no, más bien buscan sus escondrijos debajo de las piedras, no se las veía “porcima” así al descubierto…Y voy a dejar esto ya que me están empezando a doler los riñones…¡Ya no valgo pa ná!

De precio incalculable

-(…)Pues que estando en la viña vigilando mis primos y yo… Había que estar allí porque había mucha hambre…Se robaba hasta los garbanzos recién plantados, iban rebuscando en los surcos y..

-Te estás desviando otra vez de la historia

Bueno, pues que llegó la mujer, que se bajó de un coche y nos dijo que si podíamos recoger unas hierbas que le habían dicho que se encontraban por allí

¿Qué hierbas eran?

-Collejas -me mira esperando a ver si le pregunto qué son-Y se las llevamos a casa de un sobrino, que es donde nos dijo que estaba viviendo y nos preguntó que cuánto nos tenía que pagar…Y los otros, que aparentaban más grandes que yo, se encogieron de hombros y se quedaron callaos…Y yo dijeeee: “Mire usté, estas yerbas no se puede calcular su precio, porque no se venden como si fuera una carga de leña. Cada uno recoge las que se va a comer y no se comercia con ellas, así que, si le parece bien, como somos tres, denos treinta céntimos por hacerle el favor de traérselas,  diez para cada uno”. Y ella dijo, “Pues no me parece mal, toma diez para ti, diez para ti y a ti por ser el tratante te doy quince y ya te puedes dedicar a esto, que te defiendes bien”. Eso me dijo

Refugios y vericuetos

Hoy le he pedido detalles de una historia que me contó ayer, (curiosa), pero ha tomado un desvío de la leche:

-Pues esa era la mujer de un abogado muy “sonao”, que tenían una casa muy buena, en la plaza de arriba frente a la iglesia, tenía hasta cueva

-¿Para guardar el vino?

-Yo no sé lo que “dejaríen” allí refrescando, cuando entramos nosotros estaba vacía, se lo habían llevao todo…Es que las casas con cueva tenían que tener pintada una señal en la pared o en la puerta,  para saber dónde había que cobijarse si había bombardeo

-Y ¿tuviste que refugiarte alguna vez?

-Yo estaba siempre de un lao pa otro, como un salvaje, sin control ninguno…Una vez tuvimos que irnos todos a pasar dos o tres días a la viña, niños y mujeres porque se temían represalias por algo…Y mi tía Eleuteria se llevó un saco con ropa, porque no se sabía lo que iba a pasar, y lo escondió bajo un montón de pajas y hojas para que no vieran relucir lo blanco…Y yo que estaba, con los demás chicos quemando montoncitos por allí, pues allá que fuimos a prender fuego también a ése…No se me olvidará que mi madre le daba el biberón a un niño, debajo de una higuera…

felices penurias

Hoy, arropado con la manta, comiendo unas natillas, con un desánimo que le deja “el cuerpo frío y la cabeza caliente”img_20161112_203728960.jpg

-(…) es un frío por dentro lo que tengo, una cosa difícil de decir…

-¿Así te arropabas con la manta cuando ibais al campo?

-¡La manta no la soltaba!- empieza a hablar como enfadado de que le pregunte, pero poco a poco se va animando y su cabeza se va hacia esos días de “felices” penurias- Valía hasta de bolsa, en la parte del “doble” llevaba el cacho pan y las sardinas que me echaba mi madre de merienda….y valía para hacer sombra cuando hacía falta…y en poniendo unas pajas debajo, ya tenías la cama – se ríe- Me has hecho acordarme de una vez, yendo con mi primo ya muy tarde a guardar la viña…que veníamos del baile, ya de noche, y cómo iría de cansao que dice, “yo me quedaba aquí mismo”, y se echó sobre un risco…Yo me preparé bien la cama y me dormí enseguida y cuando “disperté” porque amanecía, mi primo no se había movido de según se había quedao, así tumbao y  ¡sin molestarle las piedras debajo! -se ríe y se aparta la manta- y con la manta en el hombro, sin arroparse ni naaaa…

-¿Ya no tienes frío?

-No, ¡ya se me ha quitao!- y sigue hablando de su primo y de cosas que me cuenta tantas veces…

La espuma de los días

-(…)pues esas cosas me las contaba mi bisabuelo, que últimamente lo tenían por meses en casa de su hijo y de su hija… Él prefería su hijo porque su nuera le cuidaba mejor

-Su nuera era tu abuela Faustina…

-Sí, esa que era muy chistosa y siempre andaba gastando bromas…Pues verás lo que pasó una vez: Que tenían el matrimonio un cacho viña y sacaban para hacer una tinaja de vino to los años…Y en mes que ya se estaba acabando y se tenía que ir pronto a casa de su hija, se conoce que se quejó con sus amigos de que se iba a ir de en ca su nuera sin catar el vino, porque todavía no había hecho el fermento…Y alguno le dijo que echara bicarbonato y que eso hacía que el alcohol se diera más prisa…Y ni corto ni perezoso allá que fue de noche a la tinaja, y si a lo mejor había que echar una cuchará, él echaría un bote…-Se ríe- Y cuando llegó mi abuela a la cocina, se la encontró encharcá de vino y a mi bisabuelo nadando en la espuma

-Y para ninguno hubo vino!

-Cómo iba a haber si se salió todo de la tinaja!