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Ya vendrán tiempos mejores

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– Ven a mi puerta Pablo, y nos sentamos allí a ver la fiesta, que por esta calle pasa todo el mundo…Sacamos unas sillas y verás qué bé lo pasamos…Porque, no sé tú, pero yo no estoy para ir al baile…¡Ay, cuánto he bailado yo y para lo que me he quedado!

– Bueno, ya vendrán tiempos mejores…

– Però, ¿què dius? els temps millors ja van passar, no milloraran ni una miqueta, per a nosaltres, dic … per als joves sempre és el bo, el que ha de venir… jajajaja…¿No entiendes lo que digo?

-Eso nunca se sabe. Lo que estar por venir.. Mejor pensar que va a ser bueno ¿Qué trabajo cuesta?

– Ay Pablo, ¡Qué cosas dices! Ahora soy yo la que no entiendo…Mira ya estamos llegando a mi puerta y mira aquests nens que bé toquen el tambor per a la fila … són molt bones festes les d’aquest poble, al fet que no les teniu així a la capital.

El cielo encima

Me cuenta una historia disparatada de uno del pueblo que le robaba dinero a su tío con una tarjeta, pero que le descubrieron porque en el cajero siempre te hacen una foto cuando sacas dinero. Le pregunto que cómo sabe él eso, que quién se lo ha contado. Me dice que una vecina que tenía antes, que se veían desde la terraza cuando tendían la ropa. Que vivía sola y se llamaba Sole y que tenía por aquí una sobrina que la invitaba a comer cuando hacía lentejas, porque era un guiso que a ella le gustaba mucho pero que ¿Cómo se iba a hacer un cazo para ella sola? Y pone una mano haciendo un cuenquito para indicarme lo poco que es una ración de lentejas y suspira. Dice que la última vez que acudió, la sobrina vio lo mal que respiraba y que avisó para que la llevaran al hospital y allí vieron que en las venas lo que tenía no era más que agua y aunque la pusieron un injerto, la sangre nueva, al entrar con tanta fuerza, acabó con ella. Y que él fue a su entierro y vio que la caja en que la llevaban era como la de una niña, así de pequeña, de lo consumía que se había quedao. Agacha la cabeza y parece que el cielo le pesa sobre los hombros.IMG_20170726_201256_processed.jpg

– Y ahora ya nadie me tiene al tanto de lo que pasa…

Caramelitos de fresa, limón y menta

-¡Mira esos carritos, qué aparentes!

-¿Te da envidia? ¿Quieres uno tú?

-Nooo, ¡si a mí no me hace falta!, Yo llevo el bastón porqueeee…Me lo puedo echar al hombro, si quiero…Es que estaba pensando en mi primo Nino, que necesita dos muletas para andar…Y una cosa así  le venía bien. Pero seguro que hasta le da vergüenza llevarlo….Si hasta le daba vergüenza cuando yo vendía los caramelos en el cine, en el descanso…Es que mi padre se quedó una temporada a cargo del kiosko el cine

-¡Estabais en todos los negocios! Y ¿qué vendíais, refrescos?

-Pues vino con sifón era lo que más tomaban…Y que era lo más barato y bolsas de “alcagüeses” que también le dicen por aquí “alcahuetes” y pipas y yo salía con los caramelos por entre las sillas de los que no se levantaban a consumir… Iba cantando:

-¡Caramelitos de fresalimónymentaaaa, pa refrescar la garganta y no tener carraspeeeeera! – Se ríe – …Y mi priiimo, ¡Uy! Qué vergüenza le daba. Me decía que no me acercara a su silla y tó… Y se podía haber sacao unas perrillas vendiendo, queee… ¡Y ahora mira! -Señala al hombre que va delante apoyado en un andador-IMG_20170414_220430856

 

 

 

Se admira de cómo la vejez quita las ganas de echarse cargas de leña a las costillas

-¿Tú conoces a Nino? ¡Uuuuuh! Si le ves ahora no le conoces, está muy viejo, fíjate que tiene que andar con dos bastones…Seguro que ya no puede echarse una carga de leña a las costillas…- se ríe – Es que verás, teníamos que llevar dos burros, el de su padre y el del mío, cada uno con una “carga leña” -gesticula con las manos-  a cada lao del burro se sujetan bien dos haces con una soga que lo llaman  “hacer el lazo” y encima se coloca otro y así cargaos echábamos varios viajes…Y por el camino yo iba al cuidao de los animales y Nino iba recogiendo más leña, que se echaba a la espalda ¡Y una carga extra que hacía!  IMG_20170406_210410423Y le dije yo al que estaba a cargo del horno de la cal: “Esta carga que vamos trayendo poco a poco, nos la paga usté a nosotros sin decírselo a nadie”.  Y repartíamos a medias lo que fuera, ¡Ná, cuatro perras darían! – Se ríe- y me daba las gracias, porque  él no se atrevía a hablar y si no llego a decirlo yoooo… se lo dan a su padre ¡Después de hacer de burro!

libertad vigilada…

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Aquí está Pablo sentado en la puerta de su caseta del huerto, caído en uno de esos sueños de libertad.

Estar al cuidado de una persona no deja de ser, un poco, tenerle bajo vigilancia. Vigilar que se asee, que se cambie de ropa, que coma a sus horas y una dieta adecuada (Pablo preferiría comer dulce solamente), las horas de sueño y de vigilia. A veces le veo paseando por el pasillo con el reloj en la mano (porque pasa el tiempo más rápido que si lo tienes en la muñeca) cuando bajo a darle la última dosis de levodopa sobre las 21:00 Y si por cualquier distracción me retraso un minuto, me reclama a la voz de

-Las nueveeee, las pastillas!

Y cuando llego a su lado, preparo la cena y  se queda ese rato en la cocina, casi siempre contándome alguno de sus recuerdos. Sentado en su sitio de la mesa, calibrando el humor que tiene “el vigilante “para desviar hacia uno u otro lado la conversación…se toma sus pastillas y dice mirando cómo vuelvo a rellenar el pastillero

-Bueno, esas ya son las de mañana, ¿no? Ya no me mandas nada más por hoy, yo ya puedo irme a la cama. ¡Buenas noches!

 

De mayor quiero ser

Hay una pintada en una caseta por la que pasamos a menudo que dice “de mayor quiero ser niño otra vez”. Y me quedo con ganas de escribir debajo “si esperas lo suficiente, lo serás” : te volverás a manchar con la sopa porque te será difícil coordinar los movimientos, te sentirás fuera de las conversaciones y te aburrirás en ellas pidiendo que te saquen de allí y te acompañen a casa, probablemente habrás acumulado mucha sabiduría, pero poca gente estará interesado en escucharte y además se dirigirán a ti hablándote como si fueras, no un niño o un anciano sordo, si no un tonto.

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Y por si todo esto fuera poco, lo que logras en un día, de esforzarte con la memoria, de tratar de entender lo que te dicen, de mover el cuerpo como si llevaras un lastre, al día siguiente no lo habrás acumulado, no serás mejor ni más fuerte, al día siguiente hay que empezar de nuevo, todo.

-Pablo, ¿cómo te encuentras?

-Voy alternando…¿En qué tiempo estamos ahora?

-En invierno, en febrero

-Entonces es tiempo de podar los olivos…-suspira-¡qué largo se me está haciendo el invierno!

Vida, el sentido de la

Hoy a Pablo se le va adelantando la cabeza (como a un personaje de Jim Henson en “Cristal Oscuro”-1982-), y se le retrasan las piernas y le pesan. 

-¿Por qué se me irá hoy el cuello “paralante”? ¡Con lo derecho que he ido yo siempre! -suspira y sigue intentando enderezarse y avanzar, yo le agarro del brazo para ayudarle.

-Son cosas que pasan, como tú dices. ¡Venga! Trata de pensar la postura y ponerte derecho.Y no te aceleres que no tenemos prisa.

-Si lo intento, pero enseguida se me olvida y parece como si me pesara la cabeza…Y ¿cómo me habrá llegado tan pronto esta vejez?

-¿Tan pronto? ¿Tú sabes los años que tienes?

-Ya, pero se podía haber esperado un poco

Sí, yo también creo que, tengamos la edad que tengamos, llega la vejez cuando menos la esperas, siempre de repente, como dice Pablo y como decían los Celtas Cortos en “la senda del tiempo”