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El trabajo es salú

– Las malas hierbas hay que sacarlas a mano, doblando el espinazo y hay que quitarlas toas hasta estas tan pequeñas que dices tú que son bonitas, porque luego crecen y se hacen con el terreno y absorben el alimento de este naranjo que tienen aquí, que por eso se ponen alredor, pa ver lo que pillan,  además que muchas traen miseria  que contagian a diestro y siniestro, no tiés más que ver las hojas de esa mata de ahí enfrente que se ponen blancas y se alacian y estos pimientos que se arrugan antes de hacerse grandes…pues eso es por la pura miseria.

– Entonces, el huerto,  es como un país rico que impide el paso a los emigrantes que vienen en busca de tierra para medrar

– ¡Qué coño tendrá que ver una cosa con otra! Si trabajas la tierra tendrás que procurar que de alimento y que sea pa el que lo trabaja, no pa los chupones – dice incorporándose mientras hace ese gesto de tentarse con una mano  los riñones –

– Estás trabajando mucho Pablo

– ¡El trabajo es salú!…mientras trabajo se me quitan de la cabeza las tonterías…

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Vele ahí el tesoro

Hay un vecino que tiene el capricho de comprarle el huerto y como Pablo “se le hace el distraído”, vuelve hacia mí su queja  -No sabrás tú de quién es el terreno ese abandonado…Porque como Pablo no me quiere vender el suyo…pero dile que yo tengo preferencia por proximidad, en el caso de que alguna vez quisiera…

Le cuento a Pablo la oferta, y le digo que a lo mejor hay un tesoro escondido en este huerto, dada la insistencia con que ese hombre intenta conseguirlo.

– Un tesoro – menea la cabeza- Eso contó un padre,  ya muy viejo, viendo que sus hijos no eran aficionaos a doblar el espinazo.               – Escondío en el huerto tengo un tesoro, pero no me acuerdo dónde sastamente…                 Y los hijos, se pusieron a cavar la tierra mano a mano, con mucha devoción. Cuando el uno veía llegar al otro a casa, ya cansao y con las manos vacías, el otro se echaba su azadón a la espalda y se iba a ver si se lo encontraba… y así se pasaron día y  noche sin dar descanso a la herramienta, al encuentro de esa escondía riqueza…

Y pasó, que cuando llegó el tiempo de la recogidaaa… vieron que era buena esa cosecha; las uvas que no cabían en las parras,  los melones gordos y sabrosos, las bellotas, los higos, los peros, las olivas… que no daban a basto ¡vamos!, pa recoger de tanto como había…Y dijo el padre: ¡Veleahí!IMG_20170801_183718.jpg

 

*Dedicado a mi amigo Alejandro Corrales, que también cuenta este cuento (parecidamente)

Una mareíta muy fina

Así como recuerda y cuenta con gran detalle sus historias de infancia y juventud,  el tiempo de ahora le parece una invención laberíntica por donde deambula sin saber si lo sueña, o lo vive.

– Pablo ¿Seguimos con el árbol?

– ¡Uy, no! No tengo ganas de ponerme a trabajar con esta mareíta tan fina.

Y se mete en la caseta a quedarse dormido. Una hora después le llamo

-Pablo

-¿Qué hora es?

-La hora de bocadillo

– ¿Es que ya hemos trabajao? El bocadillo hay que ganárselo.

– Yo creo que tú ya te has ganado todos los bocadillos de todas las jornadas del mundo, ¿qué no?

– Y yo qué sé, si no sé ni lo que me dices, pero – se levanta de un brinco y sale- ¡Uy! Parece  que se ha levantao una mareíta fina y no hace tanto calor como antes ¡Habrá que hacer algo!

-Lo que quieras

– Pues si no mandas ná, voy a ponerme con el árbol, a quitarle las ramas que estorban pa moverlo – Va hacia el árbol – Para esto va a hacer falta una herramienta de podar, pero ¿dónde estarán?

-Ahí, en su sitio

Suspira, coge una tijera podadora bien grande y se pone a la tareaIMG_20170524_161537.jpg

 

Si estuviera en otro sitio

– Este árbol lleva ya muerto mucho tiempo. Sí estuviera ahí donde comemos, se le cortaban estás ramas por aquí y con unas buena plataforma encima, se preparaba una mesa que pa qué… Pero aquí no hace nada más que estorbar; habrá que cortarle al ras con una buena sierra y pa leña.

– También se puede cavar alrededor y sacar el tronco entero, para trasladarle allí y hacer esa mesa que dices.

– Peroooo ¿tú sabes las raíces? Las raíces pueden haberse ido hasta allí -señala el huerto vecino- Eso hay que cavar muchoooo… O con maquinaria, como arrancan los naranjos ¿tú lo has visto?Pero asiii…

– Así, cavando un poco cada día. Sí no tenemos prisa

Se va hacia la caseta mientras yo me pongo con la azadilla pequeña a vaciar la tierra alrededor del tronco. Al rato vuelve y se queda mirando

– Osea que te vas a empeñar en hacerlo, pero si así no vas a poder…y ¿qué no hay otra herramienta un poco más grande?

Se va de nuevo y vuelve preparado con su zacho (que así nombra él a la azada), la pala y los pantalones recogidos dentro de los calcetines, como un “Tin-tin” resuelto a emprender su aventura.IMG_20170521_194828.jpg

 

Razón de padre

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-Y mi padre, cuando vio cómo había podao unos peros que teníamos en la viña que daban unos frutos muy duros pero eran buenos pa comer por las mañanas y limpiarse, pues llegó a casa y me dijo: “¡Cago en Dios! Si llegas a estar allí te pego una paliza con una de las varas que has quitao de esos árboles” Y mi madre le dijo: “Cállate y guarda las varas hasta la primavera y si no florecen más de lo que han florecido hasta ahora, que llevan ya años sin frutar, pues le pegas con ellas”.

-Vaya padres había… Tú ya no has sido así…

-Yo no. Yo cuando me quedé viudo, al tiempo se quedó viuda la mujer que nos vendió esta casa y al año que vine a verla,  pa arreglar papeles sería,  se ofreció para que me viniera aquí con ella -me mira abriendo mucho los ojos- Pero yo no podía quitar a mi hijo de los estudios, ni traerle aquí tampoco..Y ¡bien que le ha lucío! Y que no para de estudiar, que yo le he visto cuando he estado en su casa ¡Menuda habitación tiene de bien prepará! ¡Llena de libros!

-Estás orgulloso de tu hijo

-¡Pues claro!

-Y los peros ¿florecieron?

 

El viento en los sauces

-Me acuerdo cuando nos mandaban a sacar a los guarros… -se ríe- nos mandaban las madres a los chicos pequeños a sacarlos pa que comieran por el campo, porque en las casas, en aquel tiempo, poca comida habría para ellos y se los sacaba a las afueras del pueblo para que comieran, porque los cerdos comen de tó, bichos muertos, raíces, hierbas y hasta a ellos mismos entre ellos si tienen mucho  hambre…Te advierto que con nosotros reparaban poco;  los arreábamos bien deprisa hasta una casa que había abandoná y allí los dejábamos encerrados y nosotros nos íbamos al río.

-Pobres cerditos…img_20170315_104544.jpg

-¡Pero coño! Pobres nosotros, que en cuanto nos teníamos de pie ya habíamos de valer para hacer algo… Así que allí, que está a cinco kilómetros del pueblo, el río, ¡ná menos!..fuera del alcance de su vista era la manera de librarse…-Para de hablar, sonríe, suspira- Hasta que nos pillaron una vez porque mi primo cogió una rama de un sauce, que son muy flexibles y mi madre se dio cuenta porque esos árboles sólo crecen en las riberas y luego se fijó en mi que me había puesto la camisa del revés, a lo visto ¡Fíjate! ¡Qué chico no seríe que no valía ni pa vestirme!

Se me olvidaba

-(…)¡Ah! Se me olvidaba…Al acabar la guerra mandaron unos frailes a adoctrinar por los pueblos…Pero yo no acudía a los cánticos esos que llamaban a misa…Hasta que un día, me pilló por banda un falangista, de los que hacían patrullas, con su camisa azul… y me dio el alto, “¿A dónde crees que vas?” Y yo le digo, pues a trabajar, y me dice “¡Lo primero  a confesar los pecados!”img_20170213_191401235.jpg

…Y yo le digo, perooo…¿cómo voy a entrar ahí con el azadón y la manta? “Déjalo ahí en el escalón, ¡A ver si te crees que te van a robar eso!”-suspira-  Hice lo que me mandó, ¡Claro! ¡Cualquiera! Y dentro estaban todos de rodillas delante de los frailes… pero me tocó uno, que no sería muy malo, porque me preguntó si me pegaba con mis hermanos y que si alborotaba en la plaza y yo le dije que no,  y va y me dice con sorna “¡A ver si vas a ser un santo!” Nooo, le digo, lo que pasa es que mis hermanos son muy chicos y yo que soy un mozo de doce años ya, tengo que trabajar y no me queda tiempo de discutir con nadie y en la entrada están los aperos que no me han dejao pasar, si quiere usté ir a verlos…Y le debí caer en gracia, porque me mandó pal campo y que rezara por el camino. ¡Miá tú!