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Cayetano se llamaba (parece que hoy no toca el final del cuento)

Era hermano de mi madre y muy revolucionario…Se alistó enseguida en la Internacional (la FAI) pero duró poco, yo no sé en qué batalla sería que…¡y que iban a pecho descubierto! le partieron en dos de un cañonazo. Es que los nacionales tenían armas de todas clases, no ves que tenían la ayuda de Italia y Alemania…La zona roja en cambio estaba muy mal provista y la mayoría eran voluntarios, que no eran ni militares ni ná…Si no hubiera sío por las ayudas que tuvieron, puede que no hubieran ganao…Pero es que siempre…¡si no sirve!…¡que están muy unidos los de derechas!  Nacen bien aprendidos…La parte roja en cambio…Es muy bonito defender la libertad, pero es que la libertad no es como el dinero que cada moneda se sabe claramente lo que vale y lo que te dan por ella, ¡porque lo pone! Pero los pobres…Unos quieren “no estar sujetos”, como ese hermano de mi madre  que era anarquista y murió de un cañonazo, que dicen que ni lo sintió…Otros, como mi padre que era socialista, querían la libertad de tener tierra y trabajo para todos…En fin, que no todos lo ven de la misma manera…

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libertad vigilada…

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Aquí está Pablo sentado en la puerta de su caseta del huerto, caído en uno de esos sueños de libertad.

Estar al cuidado de una persona no deja de ser, un poco, tenerle bajo vigilancia. Vigilar que se asee, que se cambie de ropa, que coma a sus horas y una dieta adecuada (Pablo preferiría comer dulce solamente), las horas de sueño y de vigilia. A veces le veo paseando por el pasillo con el reloj en la mano (porque pasa el tiempo más rápido que si lo tienes en la muñeca) cuando bajo a darle la última dosis de levodopa sobre las 21:00 Y si por cualquier distracción me retraso un minuto, me reclama a la voz de

-Las nueveeee, las pastillas!

Y cuando llego a su lado, preparo la cena y  se queda ese rato en la cocina, casi siempre contándome alguno de sus recuerdos. Sentado en su sitio de la mesa, calibrando el humor que tiene “el vigilante “para desviar hacia uno u otro lado la conversación…se toma sus pastillas y dice mirando cómo vuelvo a rellenar el pastillero

-Bueno, esas ya son las de mañana, ¿no? Ya no me mandas nada más por hoy, yo ya puedo irme a la cama. ¡Buenas noches!

 

hacer por la vida

Un amigo me contó un día que al abrir un pimiento sano, encontró  un gusano vivo, enorme, moviéndose dentro… se  preguntaba, inquieto, cómo era posible que esa cosa hubiera crecido allí pues buscó, en vano, un orificio de entrada y dejó de pensar en la comida que se disponía a preparar obsesionándose con esa forma de vida que  relacionaba, sin quererlo, con la muerte…

Hoy he pasado con Pablo por un terreno donde se apilaban amontonados unos frutos junto con hojas y ramas, restos de poda.  Las moscas y mosquitos que pululaban por allí, se han acercado a saludarnos

-¿Por qué  tiran esos caquis si parecen sanos y lustrosos?-le he preguntado-

-Eso es porque les ha cagao una mosca y se agusanan…

Se ha quedado muy serio y ensimismado todo el camino, haciendo el gesto que hace cuando le molesta que le pregunte algo… A final del día, me ha dicho que no quería nada de cena…

-Algo tendrás que comer con las pastillas

-Que no quiero ná, que no me obligues…Bueno, si acaso una leche calentita, que tengo frío.

-¿Y un helado de chocolate?

Se le ha iluminado la cara

-Bueno,eso nunca viene mal…

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Me dice que no sabe si ha soñado o es verdad, pero ¡que le habíamos abandonado!

Cuando estás al cuidado de alguien, creo que te entra un poco el síndrome ese de cuando uno es objeto de rapto. No sé si les pasa a los raptados solamente o también a los raptores y a los velociraptores (ahora no sé muy bien en qué periodo geológico estamos), o nos pasa un poco a todos cuando interactuamos desde cerca, a piel desnuda…

Bueno, en cualquier caso hemos hecho una comida en el huerto, con amigos ( os pongo aquí la ilustración, que hoy no es dibujo sino foto) y Pablo ha podido explayarse contando sus historias y sintiéndose rodeado y querido… Y yo también he podido desviar la mirada hacia los otros y salir de “Estocolmo” por un rato.

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alucinaciones y dispersiones

-¿Has visto qué bien colocaditas han quedado las cañas?

-Porque estuvo ayer un hombre aquí, colocándolas

-¿Qué hombre va a ser? ¡Era yo!

-Bueno, “hacer” lo que queráis…pero yo estaba allí sentado, al lado del botijo y vi, claramente, a un hombre colocando las cañas…-lo afirma categóricamente, ¡no vayamos a pensar que le podemos engañar a él!-

-¡Algo tendrá el agua de ese botijo!

-La que era buena era un agua que traía un hombre desde un manantial del Pusa, ¡tú sí que conocerás ese río!…Lo traía en una tinaja subida a un carrito pequeño, tirado por un borriquillo…y, oye, las mujeres iban con su cacharrillos a llenarlos a la tinaja, que tenía un grifo…porque ese agua sí que cocía muy bien los garbanzos…

-Y ¿por qué no iban ellas al manantial?

-¡Porque estaba a cinco kiloooometros! – (mucho leer pero no sabemos a qué distancia está el río del pueblo)

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lo que es y lo que no es basura

Se queda dormido en su hamaca en cualquier momento, sobre todo al regresar de un paseo y cuando abre los ojos (a veces han pasado sólo 15 minutos), se levanta como impulsado por un resorte, como perseguido por un sueño que no le ha gustado y ese sueño o alucinación continúa “vivo” en la hamaca y él tiene que salir de allí, salir de casa “porque se lo están pidiendo las piernas” dice

-Pero, ¿no será la cabeza la que te pide andar? porque las piernas acabas de decir que las tienes cansadas del paseo

-Pero eso era anteeees…

-¡Hace diez minutos!

-¡Es que me vuelves loco! Si no quieres tú no salgas, pero yo voy a ir a tirar la basura…(suele ser una persona muy dulce pero a veces tiene esos brutos despertares)

A veces no da ninguna explicación, sencillamente se levanta (silenciosa y rápidamente) y sale, a tirar… una bolsa (conteniendo un edredón por ejemplo) que estaba apoyada en la pared a la espera de ser colocada en su sitio.

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leer salva vidas

Hemos visto alguna rata campando a sus anchas por el huerto y metidas, a veces, en la caseta donde guardamos los aperos y algunos platos y vasos para cuando hacemos comidas allí, yyyyy… aunque somos amantes de los bichos, sabemos que estos animalitos tan monos pueden transmitir enfermedades y eso no nos gusta. De manera que decidimos comprar raticida y dejamos el paquete en un estante al lado de un abono para plantas en la caseta. Cuando volvimos, al día siguiente, el paquete estaba abierto con la mayoría de los tacos de veneno comidos y por allí fuera (aunque la he dibujado cerca para hacer más efecto) había una ratita muerta.

Eso me ha hecho pensar un poco en la importancia de la lectura, de la literatura…

Si Pablo pudiera leer, quiero decir concentrarse en una historia y seguirla, en un libro, en una revista, en una película o hasta en una anécdota que le cuentan, no se aburriría tanto (que es como una muerte lenta).

Y esta ratita, de haber podido leer lo que ponía en el paquete, claramente, habría salvado su vida.