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Me dice que no sabe si ha soñado o es verdad, pero ¡que le habíamos abandonado!

Cuando estás al cuidado de alguien, creo que te entra un poco el síndrome ese de cuando uno es objeto de rapto. No sé si les pasa a los raptados solamente o también a los raptores y a los velociraptores (ahora no sé muy bien en qué periodo geológico estamos), o nos pasa un poco a todos cuando interactuamos desde cerca, a piel desnuda…

Bueno, en cualquier caso hemos hecho una comida en el huerto, con amigos ( os pongo aquí la ilustración, que hoy no es dibujo sino foto) y Pablo ha podido explayarse contando sus historias y sintiéndose rodeado y querido… Y yo también he podido desviar la mirada hacia los otros y salir de “Estocolmo” por un rato.

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alucinaciones y dispersiones

-¿Has visto qué bien colocaditas han quedado las cañas?

-Porque estuvo ayer un hombre aquí, colocándolas

-¿Qué hombre va a ser? ¡Era yo!

-Bueno, “hacer” lo que queráis…pero yo estaba allí sentado, al lado del botijo y vi, claramente, a un hombre colocando las cañas…-lo afirma categóricamente, ¡no vayamos a pensar que le podemos engañar a él!-

-¡Algo tendrá el agua de ese botijo!

-La que era buena era un agua que traía un hombre desde un manantial del Pusa, ¡tú sí que conocerás ese río!…Lo traía en una tinaja subida a un carrito pequeño, tirado por un borriquillo…y, oye, las mujeres iban con su cacharrillos a llenarlos a la tinaja, que tenía un grifo…porque ese agua sí que cocía muy bien los garbanzos…

-Y ¿por qué no iban ellas al manantial?

-¡Porque estaba a cinco kiloooometros! – (mucho leer pero no sabemos a qué distancia está el río del pueblo)

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lo que es y lo que no es basura

Se queda dormido en su hamaca en cualquier momento, sobre todo al regresar de un paseo y cuando abre los ojos (a veces han pasado sólo 15 minutos), se levanta como impulsado por un resorte, como perseguido por un sueño que no le ha gustado y ese sueño o alucinación continúa “vivo” en la hamaca y él tiene que salir de allí, salir de casa “porque se lo están pidiendo las piernas” dice

-Pero, ¿no será la cabeza la que te pide andar? porque las piernas acabas de decir que las tienes cansadas del paseo

-Pero eso era anteeees…

-¡Hace diez minutos!

-¡Es que me vuelves loco! Si no quieres tú no salgas, pero yo voy a ir a tirar la basura…(suele ser una persona muy dulce pero a veces tiene esos brutos despertares)

A veces no da ninguna explicación, sencillamente se levanta (silenciosa y rápidamente) y sale, a tirar… una bolsa (conteniendo un edredón por ejemplo) que estaba apoyada en la pared a la espera de ser colocada en su sitio.

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leer salva vidas

Hemos visto alguna rata campando a sus anchas por el huerto y metidas, a veces, en la caseta donde guardamos los aperos y algunos platos y vasos para cuando hacemos comidas allí, yyyyy… aunque somos amantes de los bichos, sabemos que estos animalitos tan monos pueden transmitir enfermedades y eso no nos gusta. De manera que decidimos comprar raticida y dejamos el paquete en un estante al lado de un abono para plantas en la caseta. Cuando volvimos, al día siguiente, el paquete estaba abierto con la mayoría de los tacos de veneno comidos y por allí fuera (aunque la he dibujado cerca para hacer más efecto) había una ratita muerta.

Eso me ha hecho pensar un poco en la importancia de la lectura, de la literatura…

Si Pablo pudiera leer, quiero decir concentrarse en una historia y seguirla, en un libro, en una revista, en una película o hasta en una anécdota que le cuentan, no se aburriría tanto (que es como una muerte lenta).

Y esta ratita, de haber podido leer lo que ponía en el paquete, claramente, habría salvado su vida.

asaltar los cielos

Sostiene el bastón con las manos juntas, señalando una nube. Pienso que me va a hablar del tiempo y dice:

-Allí estará San Pedro, esperándome

-Pero si tú no vas a misa, no eres de ellos

-Y eso qué “tié”que ver…cuando me muera voy allí…y luego ya veremos si entro o no

-Bueno, pues que siga esperando

-¡Eso digo yo!

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amor filial

El afecto hay que cultivarlo, como las patatas y las zanahorias. Pero él ya no sabe bien cuándo es el tiempo de dejar descansar la tierra. Continúa queriendo ir al huerto cada mañana, de una manera mecánica, obsesiva. Pero una vez allí, no sabe qué hacer y pregunta muchas veces -¿cuánto tiempo falta para los santos?- y a continuación habla de la proximidad del buen tiempo para hacer gazpacho de buenos tomates.

Con sus hijos le pasa lo mismo. Cuando está con ellos les reprocha lo solo que le dejan, “siempre leyendo y con los móviles”, porque “se aburren con él”. Pero entre “extraños”, los alaba y se muestra orgulloso de sus estudios y sus trabajos.

Así tendrá que ser: producimos muchas insatisfacciones y una gran diversidad de cultivos en el tiempo

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