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El que mucho reza poco ofrece

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– Pues es que eran familia a los que les gustaba mucho ir dejando a deber. El marido iba a comprar ladrillos al Tejar y decía que otro día traía los cuartos, pero pasaban los días y no los llevaba. Así que la hija,  que era así muy frescales, se presentaba en la confitería a pedir que pagaran, un día y al otro también. Una vez decía la confitera que no estaba su marido, otro que ¡Ay, qué leches si pareces una alguacila viniendo a cobrar!. Y la otra, pues si me hubiera usté pagao a lo primero, ya no tenía que volver por aquí, que a mí tampoco me gusta de verla… Era así, les gustaba dar poco… Mi padre llevaba un libro donde iba apuntando lo que le debían y a ella le daba otro igual, con las sumas y las restas de lo que se había llevao y lo que había traído.    En cuanto sonaba la campana de misa de más temprano, yo no sé a qué hora sería, la cosa es que decíamos, ya verás qué pronto se presenta y así era. A veces hasta medio saco llevaba, como podía,  pero sin el libro y decía que se le había olvidao, para que la pagáramos con dinero…Y el marido rezando. ¡Qué miserias! Si “egqueeee” el que mucho reza poco ofrece.

malditos pies y malditas manos que se quedan atrás y ven como andamos

…y de entre los arbustos saltó una zorra, ¡la zorra tenía que ser! Y allá que volvieron con la pregunta

-Yo es que así- dijo la zorra- por lo que me contáis y a bote pronto… A ver ¿cómo estaba la culebra cuando la encontró el soldao? Y ¿de qué manera se apartó la piedra ? Porque yo necesito ver con mi propio ojo pa opinar certera.

La culebra , que estaba bien segura de tener razón, se volvió a poner donde la encontró el soldao.  La zorra preguntó que si era así “sastamente” y el soldao, que no, que faltaba la piedra que él apartó de encima… y de una patá y ayudándose con el rabo la zorra volvió a dejar a la culebra en su sitio

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Pero no acabó ahí la cosa. El soldao dice “¡Uy! pues mis padres tienen ganadería y a la que vuelva te voy a traer un cordero”. Y como era muy cumplío, después de estar con su familia, metió un cordero en un saco y allá que fue con él pa dárselo a la zorra. Pero, teniendo que hacer parada en una fonda, unas mujeres que andaban allí en corro: “¿Qué llevará el soldao en ese saco?” Miraron y arramplaron con el cordero metiéndole en él un galgo…Así que el soldao que iba tan contento, creyendo que llevaba un cordero, cuando se presenta la zorra y abre el saco,  salió corriendo el galgo y a la zorra se la oía decir: “¡Malditos pies y malditas manos que se quedan atrás mientras yo ando!” Y así es como, aunque no quieras, pa pagar un bien, el mal siempre encuentra la manera. 

Donde se para a conversar de (bailes, chicas y jabalíes) lo que se fue y no volverá

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Pablo.- ¡Vaya moto que te has echao!

El templao valenciano.- “Y tú quin garrot”

P.- Este me lo hice yo de una…

TV.- ¡Ja ja ja! “Si dic la companyia”

P.- (…?)

El templao dirigiéndose a mi, cuenta

TV.- ¡Menudo era este elemento! Es que yo era el presidente de la “associació de jubilats” y él iba todos los sábados al baile, “però no siga com siga”, ¡eh! Con sus botines “ben enllustrats” y el pantaló “ben estret” con un cinto, todo “elegant” como un “Fredaster”…¿Eh Pablo? Cómo se te “acostaven” para bailar contigo, sobre todo aquella morena “xicoteta”…¿Qué fue de ella?

P.- Ya murió

TP.- ¡Ah, coño! Ya decía yo que no se la veía…A ti sí que te veo que “camines ben lleuger”…Yo en cambio, mira, tinc l’esquena roïna y no me quieren meter mano ya, a mis años – sonríe – Pero en esta motosilla “no se’n va malament” ¿eh? Vengo hasta aquí a ver lo que está haciendo mi hijo en los naranjos. Que los quiere cercar para que no entren los “jabalines” – me mira atentamente – ¿Sabes que un jabalí te puede destripar con esos colmillos que tiene? ¡Jajajaja! Si yo “fora un porc senglar” a más de uno le sacaba las tripas… Pero ya no es lo que era, ¿eh Pablo? Esos tiempos no vuelven…

P.- No

 

Historias de violencia

Han pintado una esvástica en el suelo, por el camino que pasamos a menudo. Señala con el bastón

-Por aquí también hay nazis

Seguimos andando sin decir nada. Luego,  vuelve a tomar la palabra durante la lenta y laboriosa acción de cambio de zapatillasIMG_20170425_093519987.jpg

-En el pueblo quedó uno queee…Habría más, pero cuando perdieron la guerra los alemanes, se quitaron las camisas azules…Ese que digo guardaba mucho rencor y lo voceaba en el bar… También cantaba al estilo Antonio Molina y le invitaban a beber…Y luego en casa, a su mujer… ¡Uy! Tenían una purrela de hijos, ¡cada paliza una tripa! Ya cuando fueron creciendo se enfrentaron a él, porque salieron buenos…Y un día y que la emborrachó, la hizo beber, no sé si hasta con un embudo, dijeron… y el cabrón llamó a los hijos para enseñársela diciendo “Ahí la tenéis cómo se pone, por eso la pego”. Y ya los hijos no aguantaron más y se llevaron a la madre a Madrid. Luego y que apareció él con un saco de garbanzos para hacerse perdonar

-Y ¿le perdonaron?

-No… Acabó pidiendo por la calle. Y ya por últimas se tiró por una ventana. Eso dicen. Pero los hijos salieron buenos y trabajadores.