Archivo de la etiqueta: Reflexiones

Señales de otoño

En este lado del mundo, en otoño, los árboles se mantienen verdes

Y asoman flores exóticas entre los huecos de las tapias blancas

Las gente que por aquí viven, mantienen en otoño las sandalias

O si se ponen algo de abrigo

Siempre se descalzan en la playa

Me siento enfrente de Pablo y le cuento las cosas que he visto. Presiento por su mirada que ha empezado a interesarle lo que digo

-Pablo, aquí no se nota el otoño, todos los árboles siguen verdes, no se ven volar las hojas, ni hace frío

– ¡Qué sabrán las palmeras! – me dice

Para saber en el tiempo que estamos, hay que mirar las parras…si empiezan a arrugarse y aaa…marronar las hojas…- se para, busca las palabras, carraspea- es que vienen “Los Santos” que es el tiempo de sembrar…las habas y los guisantes yyyy… cosas de invierno…

Luego se calla, deja de mirarme y se vuelve a su mundo, a seguir gesticulando con las manos, haciendo nudos en la manta, tejiendo lo invisible

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El mar, ese río grande

Me sirvo otro café y miro el móvil mientras él desayuna. Le veo cómo mira de reojo al reloj mientras mete en la taza el bizcocho. Se le derrama un poco de leche sobre el mantel y se pone, nervioso, a recogerlo con la servilleta

-Es que como me tiembla tanto la mano, tengo que estar muy listo al hacer las cosas

-No te preocupes, eso nos pasa a todos…yo creo que hoy tienes prisa, que miras mucho la hora ¿Quieres salir de paseo?

-Pues sí, porque las piernas no se quieren estar quietas…- Mira los restos en la mesa-¿Dejas esto empantanao?

-Sí, venga, ya fregaremos luego…

-A lo primero de empezar a venir por aquí, nos llegábamos a ver el mar, na más soltar la maleta, aunque fuera de noche…Mi mujer, Pili, ¡Uy lo que la gustaba!…Tó se le hacía querer traer a su madre a que lo viera: “Tiene usté que venir que es cosa muy bonita…” “No será pa tanto – decía ella- será como un río grande” …y se murió sin verlo, le dió una cosa de esas que se sube toa la sangre a la cabeza de golpe y se quedó en el sitio… fregando estaba, ¡fíjate!

– Menos mal que hemos dejado nosotros todo empantanao…

– Y estamos aquí – suspira hondo – que es cosa muy bonita…

De visita

A veces saco el móvil y voy leyendo, nada serio, algún washap de los amigos, comentarios blogueros, una búsqueda de autor desconocido, en fin, ya sabéis qué fácil es “caer en las redes”…y le abandono a su suerte y sus recuerdos mientras caminamos, silenciosos los dos

– Vamos a dar la vuelta ya – me dice –

-¿Quieres que pasemos a hacer una visita a Vicenta? – pone un gesto de que no le moleste y niega con la cabeza – ¿Vamos a casa entonces? ¿Estás cansado?

Cuando llegamos a la altura del callejón, en vez de seguir derecho, gira y dirige sus pasos hacia la casa de Vicenta, contradiciendo su primera intención de acurrucarse en casa…

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– ¡Qué alegría que vengáis! Pasad, sentaos, ¿quereis un café? ¡Que zapatos tan bonics! Tienen que ser muy cómodos, ¿Lo son? Mi nieto también lleva de esos. Es el alcalde de V….. mi nieto ¿Tú le conoces? Es muy cariñoso, pero viene poco por aquí, tiene mucho trabajo, viene más mi hijo, el sábado estuvo y me trajo caldo de cocido y comimos fideos los dos ¿Tú comes eso? ¡Ay! Cuánto hace que nos conocemos, Pablo…aún vivía mi marido ¡Pobret! Qué pronto me dejó ¿Con quién estará ahora? ¡Ay, no quiero pensarlo! quan penso aquestes coses em dóna per netejar, mira com tinc el vidre de la taula

– ¡Reluciente!

– ¡Ai quin home, sempre em diu coses boniques … i aquestes sabates que portes, que bonics!…

Fiarse del hambre

Dice que le pesan las piernas y que no se fía de ellas. Camina concentrado en no inclinarse demasiado. Le agarro del brazo para servirle de apoyo e inmediatamente, dobla el suyo contra su cintura para sujetarme él a mí. Mantengo la posición del brazo pero suelto los dedos. Me dejo llevar

– Hay que acompasar bien el paso, como en la mili -se ríe – ¿Sabes que yo estuve en Barcelona haciendo el servicio militar?…Sí, hombre, sí. Estábamos en Villaverde haciendo  la instrucción y me enteré que  había un destacamento pa Barcelona y yo fui el  único que me ofrecí  voluntario… y los otros: “Pero ¡tú estás loco! ¡con lo cerca que estamos aquí del pueblo!”… Pues a mí me fue muy bien y hasta estuve a punto  de quedarme allí a vivir, porque me ofrecieron trabajo y tó, uno que su padre tenía ganadería…¡Ay!, pero en aquel tiempo tiraba mucho el pueblo y que los padres no te daban la independencia así como así…y otra cosa eraaaa, la novia de formalidá que tenía… Luego me enteré que a ella le hubiera gustao irse del pueblo, conmigo, pero como en aquel entonces esas cosas era un enigma decirlas…¡Qué sé yo lo que hubiera sío! …Anda, vamos a sentarnos un rato ahí…

-Yo creo que ya va siendo hora de ir a comer ¿Qué hora es?

– Si te advierto que de los relojes tampoco te puedes fiar mucho

– Entonces, ¿De qué nos fiamos?

– Del hambre

Cuando la sandía sabía

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Yo no sé por qué ahora no tiene pipas la sandía. Antes tenía unas semillas negras que te las ibas encontrando según comías y había que irlas escupiendo…pero ahora, se conoce que a la gente no le gusta encontrarse con pipas en la fruta y las hacen así, artificialmente. No tienes más que ver que ya no saben como antes…Y, si no tienen semillas, ¿Cómo harán pa plantarlas? ¿De dónde sacarán la simiente?… Porque las semillas se guardaban pa plantarlas a otro año…Yo no sé cómo  harán…Sí el caso es que así se comen bien, porque si yo ahora tuviera que estar al cuidao de no atragantarme con las pipaaaas. ¡Antes es que no me faltaba ningún diente! Y silbaba que era un gusto, era capaz de imitar el  toque de corneta florida… Perooo…luego, enseguida he padecío mucho de las muelas…La primera me la sacó el peluquero, sin ningún dolor de su parte… Y me enjuagaba la boca con aguardiente de contrabando de los Navalucillos, que te dejaba la boca adormecía. ¡Eso era fortísimo!…Se te ocurría escupirlo en las brasas y pegaban un llamarazoooo ¡Uuuuuh, tú no sabes!

De buenas bestias

Continúa hablándome de Tarzán, ese muchacho que salió tan fuerte de una familia pobre y mal nutrida. Según repite el cuento va añadiendo datos sobre una apuesta para cargar un carro de sacos de grano con el dueño de la finca donde trabajaba, que era “muy bestia” y que se liaron los dos mano a mano echándose a la espalda sacos de dos fanegas, luego dice cien fanegas, le pregunto algo sobre equivalencias pero le rompo el hilo y se le escapan las palabras hacia el otro personaje de la historia. Coge ese desvío

– A ese le llamaban Bestia pero era muy buena persona… Tenía  un cabrero a su cargo en la finca que se puso enfermo con la tuberculosis y esooooo…era una cosa contagiosa, no se podía andar tocando la leche… Así que le dijo que se siguiera ocupando de sacar las cabras y recogerlas, pero que del ordeño se encargaba él. Y hasta que se curó el cabrero, se anduvo levantando toas las mañanas a ordeñarIMG_20170713_192826.jpgy en dejándolo  hecho atendía a su labor, que no era poca. ¡Era una mala bestia!… Y que le dijo, tú no te preocupes que el jornal lo seguirás teniendo completo y así pasó…

-Entonces era una buena bestia

-Eso digo yo

El que mucho reza poco ofrece

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– Pues es que eran familia a los que les gustaba mucho ir dejando a deber. El marido iba a comprar ladrillos al Tejar y decía que otro día traía los cuartos, pero pasaban los días y no los llevaba. Así que la hija,  que era así muy frescales, se presentaba en la confitería a pedir que pagaran, un día y al otro también. Una vez decía la confitera que no estaba su marido, otro que ¡Ay, qué leches si pareces una alguacila viniendo a cobrar!. Y la otra, pues si me hubiera usté pagao a lo primero, ya no tenía que volver por aquí, que a mí tampoco me gusta de verla… Era así, les gustaba dar poco… Mi padre llevaba un libro donde iba apuntando lo que le debían y a ella le daba otro igual, con las sumas y las restas de lo que se había llevao y lo que había traído.    En cuanto sonaba la campana de misa de más temprano, yo no sé a qué hora sería, la cosa es que decíamos, ya verás qué pronto se presenta y así era. A veces hasta medio saco llevaba, como podía,  pero sin el libro y decía que se le había olvidao, para que la pagáramos con dinero…Y el marido rezando. ¡Qué miserias! Si “egqueeee” el que mucho reza poco ofrece.