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El mar, ese río grande

Me sirvo otro café y miro el móvil mientras él desayuna. Le veo cómo mira de reojo al reloj mientras mete en la taza el bizcocho. Se le derrama un poco de leche sobre el mantel y se pone, nervioso, a recogerlo con la servilleta

-Es que como me tiembla tanto la mano, tengo que estar muy listo al hacer las cosas

-No te preocupes, eso nos pasa a todos…yo creo que hoy tienes prisa, que miras mucho la hora ¿Quieres salir de paseo?

-Pues sí, porque las piernas no se quieren estar quietas…- Mira los restos en la mesa-¿Dejas esto empantanao?

-Sí, venga, ya fregaremos luego…

-A lo primero de empezar a venir por aquí, nos llegábamos a ver el mar, na más soltar la maleta, aunque fuera de noche…Mi mujer, Pili, ¡Uy lo que la gustaba!…Tó se le hacía querer traer a su madre a que lo viera: “Tiene usté que venir que es cosa muy bonita…” “No será pa tanto – decía ella- será como un río grande” …y se murió sin verlo, le dió una cosa de esas que se sube toa la sangre a la cabeza de golpe y se quedó en el sitio… fregando estaba, ¡fíjate!

– Menos mal que hemos dejado nosotros todo empantanao…

– Y estamos aquí – suspira hondo – que es cosa muy bonita…

Las vainas mágicas

Según dice,  anda porque se lo piden las piernas. Se pone en marcha con prisas y de una manera automática, mecánica. Le digo  que se detenga un poco, que piense en el camino, que se fije en ese árbol que hay delante…

-Es que yo siempre he tenido algo que hacer y andaba bien listo pero ahora…Puede que sea un algarrobo el árbol ese -dice pero da la sensación de que no mira…

Que se me escapa de aquí y…

-…Una vez en ese tiempo de tanta escasez que hubo…Que llevaba mi padre dos días por ahi sin encontrar nada, se topó con unos algarrobos que nadie había recogido y llenó dos sacos con las vainas, que son muy duras, de la forma de la quijá de un burro…y en llegando a Villarejo llamó al pueblo para que avisaran a mi madre de lo que llevaba

-¿Por teléfono?

-…En cada pueblo había una central, claro…Bueno, el caso es que antes de que le llegaran con el aviso a mi madre, ya se le había llenao la tienda de mujeres que se debían haber barruntao algo ¡Fíjate, por un alimento que servía de forraje! Así que se vendieron las vainas… antes de que llegara mi padre acarreándolas.