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lo menos quince hoyas se hace en una mañana

Hubo un tiempo en que  ganaba todas las batallas, en que le parecía buena gente la gente y en que su familia, sus hijos lo hacían todo bien sin equivocarse, hubo un tiempo en que las horas se le llenaban de vida, pero ahora, en este momento que se le hace eterno, se acurruca entre capas de ropa y mantas, con el radiador al máximo y…IMG_20180212_180459.jpg

-Pablo, vamos a salir

-No, yo no quiero, estoy aquí muy bien

-Que sí, venga, que ha salido el sol y se está bien en la calle

Entra J… y le anima – ¡Pablo, vamos a tomar una cerveza!

– Pero ¿por qué no vais vosotros y me dejáis tranquilo…? – y mientras esto dice, se va desenvolviendo y se endereza y busca su bastón y aún protestando, nos sigue

Ya cuando se sienta en la terraza y hacemos el pedido al camarero, se desabrocha la chaqueta y J… se queda en camiseta y le dice que está echando mucha tripa y Pablo, que si eso es de no trabajar y le mira la suya y le dice que ya vería él si tuviera que ponerse a hacer “hoyas”…y que si yo me pongo también hago…y que ya lo sé que haces pero te cuesta más que si tuvieras buen tipo y que si cómo de honda hay que cavar la hoya para plantar un olivo…

Y entonces yo, viendo que todo está en orden, me acomodo en la silla y llevo el dedo al móvilIMG_20180213_161739

 

 

 

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guardando el equilibrio

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Venimos del huerto y  me va explicando si por los terrenos que pasamos, están bien o mal hechas las podas. Porque el asunto de la poda es una cosa de mucha importancia y gravedad, tanto que eso le lleva de estos árboles a los suyos, a los de su infancia y juventud toledana, a los olivos y a lo bien que preparaba él los troncos, limpios de chupones y bien removida la tierra alrededor…Dice se esperaban en su familia a que él fuera “de permiso”, de lo bonitos que los dejaba.

-Y ¿ a ti quién te enseñó todo eso?

-Pues mira, yo aprendí a podar oyendo cómo lo explicaba de bien un hombre en una barbería (seguramente esperando que le cortaran el pelo a tupé)…Y a subirme a varear no me enseñó nadie tampoco. Vi cómo estaban discutiendo dos hombres grandes por ver a quién le tocaba subir arriba, y dije yo, pues no tiene que ser tan difícil, trae “pacá” la vara y me subí de un brinco y así lo hice.

-A ti no te daba miedo, ¿a que no?

-A mii…¡Qué me va a dar! Yo gateaba que era un gusto…y me cambiaba de rama en rama de un brinco, sin pasar por el tronco.

 

 

 

 

La caza

-Los mochuelos se suben a lo alto de un árbol para ver bien, con esos ojos grandes que tienen, no sé si los has visto alguna vez, y luego se lanzan -hace el sonido del vuelo y con la mano imita el movimiento rápido hacia el suelo- a cazar los ratones y musarañas que hay siempre escondíos en el campo -se ríe- Por eso yo ponía las “ballestas” en las olivas cuando nos quedábamos a dormir por allí. Y siempre me despertaba el ruido que hacían cuando caía alguno. Yo he tenido siempre un dormir muy ligero y un buen despertar. Mi primo, en cambio, no los oía nunca -sonríe con el recuerdo ganador – Hasta una vez vi a mi tío que se levantaba muy temprano, así despacito, para ir a ver las trampas…-enarca las cejas- pero ¡quiá! ¡Ya los había cogido yo!img_20170129_110002307.jpg

-Y ¿los cogías vivos?

-Sí, los agarraba así de las patitas y suavemente con la otra mano, ¡zas! -Me mira la cara y …-  si no les hacía sufrir ni naaaa, era un buen golpe… Así quiero yo que me lleve San Pedro, ¡de un cogotazo bien dao!