Archivo de la etiqueta: mujeres

Ya está abrochao

Se sienta a abrocharse el cinturón y pelea un buen rato con la hebilla y sus dedos

-¡Ay que ver!

-¿Te ayudo?

-Si es que me estoy acordando de un cantar que decía “Hay que ver hay que ver las ropas que hace un siglo llevaba la mujer” -mientras habla no deja de luchar con su cinto- Era un cantar muy famoso…¿Tú no le conoces? Seguía diciendo -canturrea- “Creo yo, creo yo, que con una de esas faldas se hacen lo menos dos…”  Pero no hace tanto que llegó un día mi abuela, ¡yo no sé pa qué!, sería pa llevarnos alguna merienda a mi primo y a mi…es que había que estar cuidando los melones pa que no selos comieran los cuervos…La cosa es que fue llegar mi abuela y ponerse a llover, no mucho, así un llovizneo, pero que te cala si te quedas quieto…y entonces mi abuela empezó a quitarse faldas y nos dio una a mi primo y otra a mi y ella se agarró de otra y se la echó por’cima de la cabeza…¡Y todavía le quedaban faldas debajo!- se ríe- ¡Qué cosas se le quedan a uno en la cabeza!…Ya está ¡abrochao!

Anuncios

Aceitunas, valentía y ganas de mear

– Pablo, estas olivas tan cargadas de aceituna que van este año, ¿las recogemos y hacemos aceite?(*)

-Cómo se “esperdicia” tó ahora…Hubo un tiempo en que la gente se iba a los olivares  por la noche a coger lo que podían de aceituna y luego, en su misma casa, yo no sé cómo, con un saco y con agua caliente y estrujando, sacaban aceite y lo vendían o lo cambiaban y tó a escondías…Lo llamaban aceite de talega -Se ríe- Había una mujer, viuda de guerra, que esa ¡Uy!, hacía lo que fuera, sacaba de dónde no había, pa dar de comer a sus hijos… Un día se la toparon en la tienda unos, así ¡muy fanfarriosos! y le dijeron con sorna: “hoy sí que no has podío recoger ná, porque hemos estao toa la noche de vigilancia y habrás tenío miedo de la vara”. Y va ella y les contesta: “¿Que nooo? Y os habría podío mear encima de haberme dao gana, porque estaba arriba en la oliva y os escuchaba hablar; si queréis aquí mismo os doy señas de lo que andabais diciendo” 
– hace el gesto de cerrarse la boca con un candado- Y, oye, se quedaron mudos, algo no querrían que se supiera…Menuda era ella de echá p’alante, ¿No ves que había mucha necesidáaaa?…y eso es lo que te hace valiente… 

(*)hemos recogido ocho cajas de aceituna y las hemos llevado a la almazara de Gata 😉

Fiarse del hambre

Dice que le pesan las piernas y que no se fía de ellas. Camina concentrado en no inclinarse demasiado. Le agarro del brazo para servirle de apoyo e inmediatamente, dobla el suyo contra su cintura para sujetarme él a mí. Mantengo la posición del brazo pero suelto los dedos. Me dejo llevar

– Hay que acompasar bien el paso, como en la mili -se ríe – ¿Sabes que yo estuve en Barcelona haciendo el servicio militar?…Sí, hombre, sí. Estábamos en Villaverde haciendo  la instrucción y me enteré que  había un destacamento pa Barcelona y yo fui el  único que me ofrecí  voluntario… y los otros: “Pero ¡tú estás loco! ¡con lo cerca que estamos aquí del pueblo!”… Pues a mí me fue muy bien y hasta estuve a punto  de quedarme allí a vivir, porque me ofrecieron trabajo y tó, uno que su padre tenía ganadería…¡Ay!, pero en aquel tiempo tiraba mucho el pueblo y que los padres no te daban la independencia así como así…y otra cosa eraaaa, la novia de formalidá que tenía… Luego me enteré que a ella le hubiera gustao irse del pueblo, conmigo, pero como en aquel entonces esas cosas era un enigma decirlas…¡Qué sé yo lo que hubiera sío! …Anda, vamos a sentarnos un rato ahí…

-Yo creo que ya va siendo hora de ir a comer ¿Qué hora es?

– Si te advierto que de los relojes tampoco te puedes fiar mucho

– Entonces, ¿De qué nos fiamos?

– Del hambre

Perico Catapla tuvo el antojo

Perico Catapla tuvo el antojo de medir las varas que tenia el pozo… Ese era un cantar que se quedó en el pueblo. Es que había un pozo de donde sacaban agua las mujeres porque tenían preparao allí un lavadero y este Perico de la copla que vivía solo en una casa de cerca iba a molestarlas, tenía ese capricho ¡el tonto! y que no las dejaba en paz. Hasta que ya una que tenía un nieto que llamaban Tarzán…¡Fíjate! Eran una familia muy humilde que comían míseramente, porque eran muchos hermanos y huérfanos, toos muy enclenques, claro,  menos él que comiendo lo mismo, osea muy poco,  por lo que fuera creció y se hizo muy fuerte, ¡Uuuuy, tú no sabes! La cosa es que su abuela le diría lo que pasaba y allí se presentó Tarzán que agarró de los pies al tal Perico,   le metíó al pozo y allí le tuvo, que dicen que agarrao con una mano sola, y con la cabeza entrando y saliendo del agua hasta aclararle bien las ideas, si es que tenía alguna IMG_20170713_112338.jpg-se ríe-  Y que le metíó tanto sustooo, que de allí en adelante cuando salía de casa se daba la vuelta pa no acercarse ni a ver el pozo…y le sacaron ese cantar.

 

¿Cuántos años tienes?

IMG_20170710_203122.jpg

Nos encontramos con Vicenta y Margarita

-Pablo, ¡ven con nosotras! que nos sentamos a tomar un refresco en la terraza de ese bar, venga, no te hagas de rogar…¡No va a ser todo ir al huerto! Y dime, ¿tú cavas todavía? – Margarita sonríe todo el tiempo mientras oye hablar a Vicenta, Pablo trata de descifrar las palabras un poco aturdido, pero consiente en sentarse con ellas y pide una cerveza, Vicenta sigue hablando

– Pero ¿Cuántos años tienes?

– …ochenta yyyy… cuaa… nueve

-¡Eres más joven que yo! ¿Y por qué tendré yo tantos? A mí me gustaría ser más joven…

– ¡Haber nacío más tarde!

Se ríen y Vicenta repite el chiste. Sirven los refrescos y Margarita pide más azúcar para su café. Cuando se lo traen, dejan también un plato con un aperitivo. Se ponen contentas porque aquí no es costumbre la tapa de regalo.

-¡Mira, ya con esto, nos ahorramos preparar la cena! ¿No comes? ¡Vamos, que está muy rico!

– Es que eso no me pasa ¡Si fuera un dulce! – da un trago de cerveza-

– ¡Ah! ¿Qué te gusta lo dulce? – Pablo sonríe – ¡Claro! Ahora entiendo porqué eres un hombre tan dulce tú ¿Cuántos años tienes?

Margarita se ríe abiertamente

 

 

Palomita zurana

-Otro cuento que contaba mi abuela mucho, era el del zapatero que vivía en el pueblo, cerca de la iglesia, era de los de poner suelas y esas cosas que se hacían antes, que a tó se le daba arreglo. Pues tenía una mujer, muy guapa, que se sentaba en el patio a bordar y desde el taller él la miraba y veíaIMG_20170516_130755676.jpgque cuando al cura se le oía cantar: “palomita zuraaaana ven que ya es hora”, la palomita, dejaba la labor, calentaba agua, lo echaba a la palangana, se lavaba el culo y salía por la puerta. Y así hasta que el zapatero se jiló algo. Y a otra vez que oyó al cura con la cantinela, se levantó él y que dijooo, “sigue cosiendo palomita que yo te prepararé el baño” ¡Y bien que se lo preparó! Llenó la palangana de agua hirviendo y cuando ella se levantó las faldas y metió el culo, se lo abrasó…Y mientras el cura seguía cantando: “palomita zurana ven que ya es hora” , el zapatero, dando martillazos contestaba: ” con el culo quemaaaao no puede ahoooora…Parece que la estoy viendo a mi abuela aquí, imitando el martillar del zapatero con  golpecitos en la mesa mientras lo contaba…

De hombres y santos en el supermercado

-¡Pepita!… ¡Oye! gracias por el panecillo milagroso ese que me trajiste el otro día ¿Era milagroso, no?

-Pues milagroso sería, porque  estás muy requetebién…Era por San Antonio de Padua –  se dirige a mi dándome los detalles de la festividad

-Es que Pepita sabe mucho de iglesia…

– Ay, qué hombre este – se ríe – Pero es un buen hombre, que siempre se ha llevado bien con todo el mundo y hay que ver lo bien ha tratado siempre a sus mujeres, lo que las ha cuidado…Que Manuela, ¿eh, Pablo? ¡Menudo genio tenía! Pero él se preparó un artilugio en la bici para llevarla en su silla de ruedas y todo y cómo la arropaba y qué atenciones tenía con ella ..¡Uy, a mi me hubiera gustado tener un hombre así!

-Pues todavía estás a tiempo – dice Pablo y ella se ríeIMG_20170630_171131.jpg

-No, yo ya no quiero más hombres, que he padecido mucho cuidando al mío y ya he tenido bastante…Es que le dio una embolia,¿sabes? y se le quedó todo un lado muerto y así aguantó doce años, bueno, aguanté yo, que no me podía ni mover de su lado, que no sé cómo no me volvió loca, porque siempre estaba, Peeepa, Peepa, llamándome