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El mar, ese río grande

Me sirvo otro café y miro el móvil mientras él desayuna. Le veo cómo mira de reojo al reloj mientras mete en la taza el bizcocho. Se le derrama un poco de leche sobre el mantel y se pone, nervioso, a recogerlo con la servilleta

-Es que como me tiembla tanto la mano, tengo que estar muy listo al hacer las cosas

-No te preocupes, eso nos pasa a todos…yo creo que hoy tienes prisa, que miras mucho la hora ¿Quieres salir de paseo?

-Pues sí, porque las piernas no se quieren estar quietas…- Mira los restos en la mesa-¿Dejas esto empantanao?

-Sí, venga, ya fregaremos luego…

-A lo primero de empezar a venir por aquí, nos llegábamos a ver el mar, na más soltar la maleta, aunque fuera de noche…Mi mujer, Pili, ¡Uy lo que la gustaba!…Tó se le hacía querer traer a su madre a que lo viera: “Tiene usté que venir que es cosa muy bonita…” “No será pa tanto – decía ella- será como un río grande” …y se murió sin verlo, le dió una cosa de esas que se sube toa la sangre a la cabeza de golpe y se quedó en el sitio… fregando estaba, ¡fíjate!

– Menos mal que hemos dejado nosotros todo empantanao…

– Y estamos aquí – suspira hondo – que es cosa muy bonita…

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De visita

A veces saco el móvil y voy leyendo, nada serio, algún washap de los amigos, comentarios blogueros, una búsqueda de autor desconocido, en fin, ya sabéis qué fácil es “caer en las redes”…y le abandono a su suerte y sus recuerdos mientras caminamos, silenciosos los dos

– Vamos a dar la vuelta ya – me dice –

-¿Quieres que pasemos a hacer una visita a Vicenta? – pone un gesto de que no le moleste y niega con la cabeza – ¿Vamos a casa entonces? ¿Estás cansado?

Cuando llegamos a la altura del callejón, en vez de seguir derecho, gira y dirige sus pasos hacia la casa de Vicenta, contradiciendo su primera intención de acurrucarse en casa…

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– ¡Qué alegría que vengáis! Pasad, sentaos, ¿quereis un café? ¡Que zapatos tan bonics! Tienen que ser muy cómodos, ¿Lo son? Mi nieto también lleva de esos. Es el alcalde de V….. mi nieto ¿Tú le conoces? Es muy cariñoso, pero viene poco por aquí, tiene mucho trabajo, viene más mi hijo, el sábado estuvo y me trajo caldo de cocido y comimos fideos los dos ¿Tú comes eso? ¡Ay! Cuánto hace que nos conocemos, Pablo…aún vivía mi marido ¡Pobret! Qué pronto me dejó ¿Con quién estará ahora? ¡Ay, no quiero pensarlo! quan penso aquestes coses em dóna per netejar, mira com tinc el vidre de la taula

– ¡Reluciente!

– ¡Ai quin home, sempre em diu coses boniques … i aquestes sabates que portes, que bonics!…

Padrenuestro de los moros

Han estado con nosotros amigos (Geluka y Gaspar) con los que Pablo se ha sentido a sus anchas y aunque les ha encontrado un poco “achaquientos” y desmejorados y sin ningún reparo se lo ha dicho a la cara, no ha perdido ocasión de hablar con ellos y compartir su nostalgia de juventud y república

-Pues en mi pueblo, ni se mató antes, ni se mató después…Venían algunos que se decían milicianos, al empezar la guerra a armar bronca y meter cizaña, pero salió el hormiga…que era uno que había estao en la legión y los echó del pueblo…

-Sí – dice Gaspar-  mi tía nos contaba que estando ella en el tren, sentadita, pasaron revisando y de que vieron que llevaba un rosario en las manos, porque era muy religiosa y gustaba mucho de rezos y plegarias, se la querían llevar para matarla por facha y ella les dijo, que no, que yo soy roja, si  yo sólo me sé el padrenuestro de los moros …Y ¿cuál es ese? preguntaron los milicianos. Pues mira :

“padrenuestro de los moros,

que te dije que te qué,

quedebuá quedebué,

que la vida perderé,

paparrús mamarrús,

padrenuestro aménjesús”y les debió caer en gracia porque la dejaron ir. Yo la conocí ya de mayor y lo primero que hacía antes de nada, era rezar para agradecer el nuevo día y pedir que nos fuera bien a los sobrinos. Luego ya se hacía el moño.

 

Ya está abrochao

Se sienta a abrocharse el cinturón y pelea un buen rato con la hebilla y sus dedos

-¡Ay que ver!

-¿Te ayudo?

-Si es que me estoy acordando de un cantar que decía “Hay que ver hay que ver las ropas que hace un siglo llevaba la mujer” -mientras habla no deja de luchar con su cinto- Era un cantar muy famoso…¿Tú no le conoces? Seguía diciendo -canturrea- “Creo yo, creo yo, que con una de esas faldas se hacen lo menos dos…”  Pero no hace tanto que llegó un día mi abuela, ¡yo no sé pa qué!, sería pa llevarnos alguna merienda a mi primo y a mi…es que había que estar cuidando los melones pa que no selos comieran los cuervos…La cosa es que fue llegar mi abuela y ponerse a llover, no mucho, así un llovizneo, pero que te cala si te quedas quieto…y entonces mi abuela empezó a quitarse faldas y nos dio una a mi primo y otra a mi y ella se agarró de otra y se la echó por’cima de la cabeza…¡Y todavía le quedaban faldas debajo!- se ríe- ¡Qué cosas se le quedan a uno en la cabeza!…Ya está ¡abrochao!

Aceitunas, valentía y ganas de mear

– Pablo, estas olivas tan cargadas de aceituna que van este año, ¿las recogemos y hacemos aceite?(*)

-Cómo se “esperdicia” tó ahora…Hubo un tiempo en que la gente se iba a los olivares  por la noche a coger lo que podían de aceituna y luego, en su misma casa, yo no sé cómo, con un saco y con agua caliente y estrujando, sacaban aceite y lo vendían o lo cambiaban y tó a escondías…Lo llamaban aceite de talega -Se ríe- Había una mujer, viuda de guerra, que esa ¡Uy!, hacía lo que fuera, sacaba de dónde no había, pa dar de comer a sus hijos… Un día se la toparon en la tienda unos, así ¡muy fanfarriosos! y le dijeron con sorna: “hoy sí que no has podío recoger ná, porque hemos estao toa la noche de vigilancia y habrás tenío miedo de la vara”. Y va ella y les contesta: “¿Que nooo? Y os habría podío mear encima de haberme dao gana, porque estaba arriba en la oliva y os escuchaba hablar; si queréis aquí mismo os doy señas de lo que andabais diciendo” 
– hace el gesto de cerrarse la boca con un candado- Y, oye, se quedaron mudos, algo no querrían que se supiera…Menuda era ella de echá p’alante, ¿No ves que había mucha necesidáaaa?…y eso es lo que te hace valiente… 

(*)hemos recogido ocho cajas de aceituna y las hemos llevado a la almazara de Gata 😉

Fiarse del hambre

Dice que le pesan las piernas y que no se fía de ellas. Camina concentrado en no inclinarse demasiado. Le agarro del brazo para servirle de apoyo e inmediatamente, dobla el suyo contra su cintura para sujetarme él a mí. Mantengo la posición del brazo pero suelto los dedos. Me dejo llevar

– Hay que acompasar bien el paso, como en la mili -se ríe – ¿Sabes que yo estuve en Barcelona haciendo el servicio militar?…Sí, hombre, sí. Estábamos en Villaverde haciendo  la instrucción y me enteré que  había un destacamento pa Barcelona y yo fui el  único que me ofrecí  voluntario… y los otros: “Pero ¡tú estás loco! ¡con lo cerca que estamos aquí del pueblo!”… Pues a mí me fue muy bien y hasta estuve a punto  de quedarme allí a vivir, porque me ofrecieron trabajo y tó, uno que su padre tenía ganadería…¡Ay!, pero en aquel tiempo tiraba mucho el pueblo y que los padres no te daban la independencia así como así…y otra cosa eraaaa, la novia de formalidá que tenía… Luego me enteré que a ella le hubiera gustao irse del pueblo, conmigo, pero como en aquel entonces esas cosas era un enigma decirlas…¡Qué sé yo lo que hubiera sío! …Anda, vamos a sentarnos un rato ahí…

-Yo creo que ya va siendo hora de ir a comer ¿Qué hora es?

– Si te advierto que de los relojes tampoco te puedes fiar mucho

– Entonces, ¿De qué nos fiamos?

– Del hambre

Perico Catapla tuvo el antojo

Perico Catapla tuvo el antojo de medir las varas que tenia el pozo… Ese era un cantar que se quedó en el pueblo. Es que había un pozo de donde sacaban agua las mujeres porque tenían preparao allí un lavadero y este Perico de la copla que vivía solo en una casa de cerca iba a molestarlas, tenía ese capricho ¡el tonto! y que no las dejaba en paz. Hasta que ya una que tenía un nieto que llamaban Tarzán…¡Fíjate! Eran una familia muy humilde que comían míseramente, porque eran muchos hermanos y huérfanos, toos muy enclenques, claro,  menos él que comiendo lo mismo, osea muy poco,  por lo que fuera creció y se hizo muy fuerte, ¡Uuuuy, tú no sabes! La cosa es que su abuela le diría lo que pasaba y allí se presentó Tarzán que agarró de los pies al tal Perico,   le metíó al pozo y allí le tuvo, que dicen que agarrao con una mano sola, y con la cabeza entrando y saliendo del agua hasta aclararle bien las ideas, si es que tenía alguna IMG_20170713_112338.jpg-se ríe-  Y que le metíó tanto sustooo, que de allí en adelante cuando salía de casa se daba la vuelta pa no acercarse ni a ver el pozo…y le sacaron ese cantar.