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El Gallo kiriko (en mi casa se cuenta así)

-Pues esto es que iba el gallo kiriko a la boda de su primo Rey porque había recibido un invitación y por el camino se topó con un río que le preguntó: ¿a dónde vas gallo kiriko tan bien preparado?  Pues voy a la boda de mi primo Rey, que me han invitado, contestó él. «¡Ay! Cómo me gustaría ir, que yo soy un riachuelo de pueblo y nunca he visto una boda elegante». Pues vente, dijo el gallo, métete en mi culito y atranca con un palito. Y así hizo el río. Más tarde el gallo se encontraba con una zorra que también se mostró muy interesada en conocer los lujos de una boda de postín donde nunca se sabe a quién puedes conocer allí. Y el gallo dijo su cantinela: métete en mi culito y atranca con un palito. Y luego topó con un arriero que también se interesó por conocer las viandas que se servirían en esa boda y ni corto ni perezoso allá que se metió con su carro y sus bueyesimg_20170322_225902622.jpg

en el culito del gallo y si quieres saber lo que pasó, vas a tener que meterte también (o esperar a que te lo cuente mañana)

(des)variaciones primaverales

-¡Claro que florecieron!  ¡Menudos peros!

– Y ¿ te dijo algo tu padre por haberlo hecho tan bien?

-¿Dónde tienes una bolsa? Que voy a recoger unas habas

-Toma

-Estaaaa ¿ no es muy grande?

-No la tienes que llenar entera

-Echo las que estén pa comer -suspira-

-¿Por qué no descansas primero un poco? Acabamos de darnos una buena caminata. Siéntate y dime ¿De qué color eran las flores de los Perales?

Se sienta. Se ríe (de las tonterías que digo). Vuelve a levantarse al minuto, en cuanto me pongo yo con los dibujos

-Hay que hacer las cosas y luego ya ponerse a descansar. Tú puedes pintar monas si quieres…

Se va hacia las habas y vuelve al momento 

– ¿Dónde me has puesto la bolsa? – Me levanto, se la doy – ¿Estaaaa? ¡Esta es muy grande !Entonces, ¿cuántas te hacen falta?

-Coge las que quieras, hasta que te canses.

Se va. Vuelve con la bolsa terciada de habas y me las enseña.

-¿Hay algo pa echarse a la boca? Aunque sea un cacho pan de ese que tiene uvas..

Le doy la bolsa con la merienda y la botellita de vino con gaseosa. Se sienta en mi sitio, repara en el dibujo. Aparta el cuaderno y mientras va sacando el pan dice:

-Pues, el caso es que blancas blancas no son, tienen algo de color así como por dentro, son un parecido a las del membrillo…Y ¿qué le habrá pasao al membrillo este año?

La llave de lo dulce

-Pero Pablo, ¡voy a tener que esconderte los dulces!

-Mira, lo escondas donde lo escondas yo acertaré a hacerme con ello si lo quiero…Si mi madre también guardaba las cosas  en una alacena con llave. Las rosquillas, los cortadillos, las madalenas, lo administraba ella porque esooo no era pa tó los días como ahora…Pero yo me hice con una llave y…

-Y ¿cómo se la quitaste a tu madre para hacer la copia y todo eso?

-Sí entonces no eran las llaves como ahora, las cerraduras eran un agujero en la puerta con una palanquita que caía al otro lao y al meter la llave se levantaba y ya está. Así que yo me hice con un hierro «a propósito», le afiné bien la punta y entraba perfectamente…Se abría la puerta que daba gusto…Y ¡que yo cogía poquito y con cuidado, pa que no se notara!

-Y la llave ¿dónde la guardabas?

-Pues en un agujero de una viga de la cocina, que entonces no teníamos techos rasos, estaban las vigas y paja, o yo no sé lo que sería. El caso es que el escondite lo tenía a la mano porque yo dormía allí, en un poyete que sobresalía al lado de la lumbreimg_20170317_183937220.jpg

Dormirse en la batalla

En esta vida hay que estar despierto y si se duerme, ha de ser un dormir al acecho. 

Pablo presume de su dormir ligero, de que lo oye todo, la caza cayendo en las trampas,  un silbido diferente de brisa pasando entre las hojas…

Y los otros… Todos unos dormilones sin remedio.

-¡Uy! A Faustino le tenía que llamar mi padre, yo no sé las veces…Y mis primos nunca oían el chillido de los mochuelos al caer en las trampas…Y mi hijaa no se «dispierta» ni aunque haya un terremoto…Y mi padre, ¡Uy mi padre! Lo que le costaba levantarse por las mañanas -se ríe- Con decirte que una vez se quedó dormido en la trinchera y ni oyó a los otros cuando se fueron…Luego nos lo contó al cabo del tiempo, que cuando «dispertó» estaba solo y tuvo que ir preguntando a dónde se había mudado su regimiento…Y que cuando llegó a su encuentro, le daban por muerto y ya estaban escribiendo el parte de baja para enviárselo a la familia…-se ríe- ¡Cuidao quedarse dormido con el ruido de los disparos y todo! ¡Con el estruendo que tiene que ser eso!

Las vainas mágicas

Según dice,  anda porque se lo piden las piernas. Se pone en marcha con prisas y de una manera automática, mecánica. Le digo  que se detenga un poco, que piense en el camino, que se fije en ese árbol que hay delante…

-Es que yo siempre he tenido algo que hacer y andaba bien listo pero ahora…Puede que sea un algarrobo el árbol ese -dice pero da la sensación de que no mira…

Que se me escapa de aquí y…

-…Una vez en ese tiempo de tanta escasez que hubo…Que llevaba mi padre dos días por ahi sin encontrar nada, se topó con unos algarrobos que nadie había recogido y llenó dos sacos con las vainas, que son muy duras, de la forma de la quijá de un burro…y en llegando a Villarejo llamó al pueblo para que avisaran a mi madre de lo que llevaba

-¿Por teléfono?

-…En cada pueblo había una central, claro…Bueno, el caso es que antes de que le llegaran con el aviso a mi madre, ya se le había llenao la tienda de mujeres que se debían haber barruntao algo ¡Fíjate, por un alimento que servía de forraje! Así que se vendieron las vainas… antes de que llegara mi padre acarreándolas.

Carnestolendas

Hoy hemos comido en casa de Michelle, un arroz muy rico. Estaba Rosa, pero la Chata no ha venido… Luego hemos ido a dar un paseo hasta la ermita y Pablo, que ha notado enseguida la atención de las chicas, que hablaban de ir al carnaval de Pego,ha dado rienda suelta a sus recuerdos, bien ligero con las palabras «picantes», que son las que dan gracia al cuentowp-1487708833404.jpg y se ha entusiasmado contando cómo era antes; que uno se disfrazaba, no «pa» lucirse si no para no ser reconocido y poder hacer y decir cosas que no están bien vistas si vas a cara descubierta…Y ha contado que su abuela Faustina, que era una mujer muy revoltosa, se puso una vez ropas de su marido, un blusón que la tapaba todo el cuerpo  y en la mano, una romana -¿sabéis lo que es una romana? Como una báscula, que en un lado va el soporte de lo que vas pesando y en el otro una barra de hierro con medidas, por dónde se va corriendo el peso – Bueno, el resultao es…que no se la conocía. Y una de las marquesas y que le dijooo «Oye, ¿ahí, qué es lo que pesas?» Y ella le contestó «¡Cominos!¿Quieres que te pese el tuyo?» img_20170221_211956258

Es que mi abuelaaaa…¡tenía una gracia! …Luego ya después de la guerra prohibieron los carnavales…Y ¡ahora ya no es lo mismo!

(…)se quitó la china del zapato

Mira el pastillero que le acabo de rellenar. Repasándolo con los dedos, moviendo los labios como hace al leer (porque se está leyendo el pensamiento y colocándolo antes de hablar)

-No creas que esto que anuncian tanto ahora es cosa nueva…-No le pregunto a qué se refiere para no diluir su concentración- Digo…esto de los que no se conforman con que no los quieran y las matan… Un caso muy sonao, al terminar la guerra, fue de uno de esos que hacían patrullas por el pueblo y que les dijo a los otros,  que siguieran la ronda, que él se iba a quitar una china que llevaba en el zapato…Y lo que hizo fue descalzarse, ¡claro! Pero para agarrar el gatillo con el deo del pie y dispararse a la cabeza

-Y ¿había matado a su novia, antes?img_20170219_180049248.jpg

-Pues ¡no, porque no pudo! Iba con la intención de llevársela por delante…Y estuvo allí llamándola a voces por la ventana para que saliera…pero ella…ya se había ido del pueblo. Y ¡con toda la familia!…Porque parece ser que él la rondaba y que ella no quería. Y que un par de noches atrás, habían tenido una muy gorda, con  él gritando amenazas, que se le oyó de lejos… 

 

¡A todo confort!

Me ve en el cuaderno el dibujo de ayer

-¿Qué dibujas aquí?

-Pues a ti con la mula

-¿Esto es una muuuuula?

-¿No me ha salido bien?

-Más bien se da un aire a los «poneys» que usan aquí, por la parte de Valencia…La mula era más fina, con las patas más largas y ¡ unas orejaaas! que te avisaban de cualquier ruido  que tú ni sentías…

¿Asi?

-Bueno, eso yaaa, se parece un poco más

-Y, en la escuela, entonces ¿qué te enseñaron?

-Pues enseñarme, lo que se dice enseñarme, ¡na! Pero me hicieron aprender lo que es la injusticia…Que a los pobres nos sentaban en un banco, apretaos, ¡sin espaldar, ni ná! Y al alcance de la vara del maestro…Y a los ricoooos los acomodaban en esos pupitres con tintero y pluuuuma ¡A todo confort!

Implante de memoria, amor y fibra

Llamó su hermano para felicitarle y me quedé oyéndole hablar tan lúcidamente y alegre, hasta que, de repente, se quedó perplejo sin saber qué decir y me pasó el teléfono

-Ángel, parece que no te entiende lo último que le has dicho…

-Pues que el diciséis ha sido el mío y él no se ha acordado de llamarme…pero es natural, si a mi también me pasa, si basta que estés pendiente de algo para que se te olvide cuando llega -Me excuso con él; le digo que hace poco Pablo me contó, precisamente, la nevada que cayó cuando él nació y que era el año cuarenta y uno…y…

Horas después, viene a verme muy serio y me dice, que no se le olvidó, que sí que llamó para felicitarle, que se acuerda perfectamente…

-…lo que tiene es que él no estaba y se puso la mujer y es a ella a la que se le habrá olvidado decírselo…img_20170126_201203_processed.jpg

A eso se le llama, en las historias de ciencia ficción, un implante de memoria. No puede soportar  en su cabeza, haberse olvidado de algo «tan importante» y lo ha estado rumiando durante horas hasta que ha «encontrado» el recuerdo. Y ya sale contento de casa y le da un enérgico garrotazo a un globo que se le cruza ofreciendo amor y fibra. Todo en orden.

 

 

 

La zorra y el oso

Una historia que le gusta mucho contar a Pablo, es la de un oso que presumía ante una zorra de ser el más fuerte del bosque y la zorra le decía, «eso es porque no conoces al hombre» «¿y qué tengo que hacer para conocerlo?», preguntó el oso, «pues acercarte al camino, que por ahí es por donde pasa», le dijo la zorra. Y el oso se llegó hasta el camino y cuando vió que se acercaba alguien preguntó «oye, ¿eres tú el hombre?» «No-le contestaron-yo todavía no lo soy» Y el oso se fue muy contento a decirle a la zorra que menudo cobarde era el hombre, pero la zorra le aclaró que aquello no era el hombre, que era, sólo,  un cachorro de hombre… Así que el oso volvió al camino, porque tenía mucho empeño en medirse con el hombre y vio que venía uno muy despacito y agachado, apoyado en un bastón. «Oye-le gritó- ¿eres tú el hombre?» «Nooo-le contestaron-yo lo he sido, pero ya no». Y el oso de nuevo se internó en el bosque para confirmar con la zorra que él era el más valiente. «No-le dijo la zorra- eso era un viejo, ya verás como cuando te encuentres con el hombre te darás cuenta de su poder» Y el oso volvió, y por el camino venía un herrador, de los que van con sus herramientas a las casas de labor para apañar a los animales, y nada más abrir la boca el oso, el hombre le agarró la nariz con la tenacilla y con el martillo le arreó un buen golpe en la frente. El oso se dió la vuelta para huir y entonces el hombre, con la escopeta de perdigones que llevaba al hombro le disparó en el culo. Y cuando el oso llegó con la zorrabastante maltrecho y humillado así le contó a su amiga «teniéndome agarrado con dos dedos enormes y muy fuertes de la nariz, me ha dado un tremendo puñetazo, que casi me desmayo y cuando logré escaparme, el hombre estornudó y mira cómo me ha puesto las «jarreteras»