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Los tres mosqueteros

Se dobla sobre sí mismo hacia delante y se le cae la gorra; voy hacia él, pensando en ayudarle, pero se incorpora él solo deshaciendo la postura con movimiento grácil, sin esfuerzo ninguno y me muestra sonriente lo que ha encontrado

– Es un indio – me dice – de juguete

– Yo creo que no, Pablo

– Pues con estas plumas así…¡Aaaah! Pué que sea ¿Cómo se llamaban? Unos que luchaban muy bien a la espada…Ya no me acuerdo, perooo… había por medio gente de Iglesia, alguien así como un obispo de Francia, muy dominante…y de éstos eran tres, ná más, que defendían a la reina – se ríe – y luego llegó otro así del campo y se reían de él a lo primero y así… Se peleó a espada con ellos y vieron que se defendía bien…¡Uuuuh, menudo era! ¡Daba unos brincos!…El resultao es que se hicieron amigos… y ya se fueron metiendo en más líos hasta que ganaron a los del obispo ese…Y estooo ¿Cuesta mucho de empujar?

– ¿Lo quieres conducir tú un rato? Y luego cuando te canses, te vuelves a montar…

– ¡Ah, pues van muy bien estas ruedas! ¡Funcionan divinamente! ¿Te quieres subir tú un rato? ¡Venga, que te llevo!

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Se nos rompió el frigo y hemos ido al centro comercial a comprar uno nuevo

Esto parece un púlpito, o ¿cómo se llama eso de las iglesias? Es que me estoy acordando de Don Teodoro, el cura de mi pueblo, uno que no gustaba mucho a las beatas…y que porque cuando llegó al pueblo era el tiempo de las comuniones y preguntó que si sólo esos niños la iban a hacer, porque habían adornado con telas blancas y flores dos bancos de “alante” y le dijeron que eso era na más que pa los hijos de “Fulano” o yo no sé quiénes seríen, alguno de los riquillos…y que los otros niños que también la hacían, se sentaban detrás en los bancos sin adorno…Y el cura dijo que ¡ah,no!, que para to’s iguales, que o todos los bancos adornaos o que ninguno, entonces…Y más cosas así que fue haciendo, contrarias a lo que ellos gustaban de gobernar, ¡miá tú! Así es que, entre ellos hicieron un escrito de quejas que enviaron al obispo de Toledo, ¿Se dice así, obispo, al jefe de los curas? Bueno, lo que fuera, el caso es que la carta esa, no se sabe cómo, llegó a las manos de don Teodoro – se ríe – Y que cuando fueron a misa, le vieron allí subío al púlpito y que les dijo: “No estaba yo muy seguro de si quedarme o no en este pueblo, pero os voy a leer esta cartaaa que me ha convencío pa quedarme…Y los leyó la carta a los mismos que la habían escrito ¡Qué chasco se llevarían! Yo no lo vi porque no acudía a la iglesia, pero fue muy pregonao luego. También se dijo, no sé quién se enteraría, que’sque el secretario del obispo era hermano del cura y que por eso se la destapó a él en vez de andar con tonterías a importunar a su jefe ¡Qué se habían creído!

Después de elegida la nevera, va recontando la historia de ese cura, que era vasco, elevando la voz con emoción, para que le oigamos bien por la escalera (todos).

-Y allí que se quedó ¡Menudo era!

Sol y sombra, “me acuerdo”

Hemos llegado andando hasta la playa y nos hemos sentado en la piedra de pensar. Llevamos un par de minutos en silencio, él haciendo rayas en la arena con su bastón y yo…De repente se levanta y me pregunta

-¿Sabes cómo conocía yo que había llegao el medio día? …Pues me colocaba así, con el sol en la espalda y si echando el pie p’alante – hace el gesto de pisar su sombra – me pisaba la cabezaaa

…es que había llegao la hora de parar a comer – se ríe, se sienta de nuevo y empieza a cantar –

🌫️🎶ya se está poniendo el sol, hacen sombra los terrones, mírale la cara al amo, verás qué mal gesto pone🎶🎶

Eso era un cantar que hacían las mujeres en la aceituna, queee había algunos amos que se les hacía poco la jornada de sol a sol y ponían mala cara cuando se acababa…Luego ya vino la ley de las ocho horas, perooo ¡ya pa’qué! – se ríe – Ahora yaaaa…voy con el sol a la espalda…y la sombra también…¡Ah! Había también una bebida que lo llamaban “solysombra” ¡Yo no sé porqué me acuerdo de eso ahora!

Análisis de sangre y lo que le pasó a uno de su pueblo

– Buenos días Pablo, siéntate ahí bien tranquilo, que yo soy Rogelio y no te voy a hacer daño.

– ¡Rogeliooo! Así se llamaba uno de mi pueblo ¿Quieres saber lo que le pasó?

-¡Claro! Estoy impaciente, cuenta, cuenta

-Pues que en lugar de sacar sangre, se la sacaron a él…Te la voy a contar en verso, como lo contaba mi abuelo Petronilo: “Les voy a contar señores lo que al “Picho” le pasó, se fue a Madrid a hacer fortuna cosa que nunca encontró, le cazó una perdigona, más grande que perdigón, le hizo vender las ovejas y el dinero se guardó

Le untó el culo con un ajo y se lo quitó d’enmedio. Pidió perdón a sus padres, cuando no tuvo remedio, con más orejas que un lobo Rogelio volvió pa’l pueblo”

– ¡Caramba, qué memoria!

– ¡Uy no! ¡Se me olvidan muchas cooosas!

Padrenuestro de los moros

Han estado con nosotros amigos (Geluka y Gaspar) con los que Pablo se ha sentido a sus anchas y aunque les ha encontrado un poco “achaquientos” y desmejorados y sin ningún reparo se lo ha dicho a la cara, no ha perdido ocasión de hablar con ellos y compartir su nostalgia de juventud y república

-Pues en mi pueblo, ni se mató antes, ni se mató después…Venían algunos que se decían milicianos, al empezar la guerra a armar bronca y meter cizaña, pero salió el hormiga…que era uno que había estao en la legión y los echó del pueblo…

-Sí – dice Gaspar-  mi tía nos contaba que estando ella en el tren, sentadita, pasaron revisando y de que vieron que llevaba un rosario en las manos, porque era muy religiosa y gustaba mucho de rezos y plegarias, se la querían llevar para matarla por facha y ella les dijo, que no, que yo soy roja, si  yo sólo me sé el padrenuestro de los moros …Y ¿cuál es ese? preguntaron los milicianos. Pues mira :

“padrenuestro de los moros,

que te dije que te qué,

quedebuá quedebué,

que la vida perderé,

paparrús mamarrús,

padrenuestro aménjesús”y les debió caer en gracia porque la dejaron ir. Yo la conocí ya de mayor y lo primero que hacía antes de nada, era rezar para agradecer el nuevo día y pedir que nos fuera bien a los sobrinos. Luego ya se hacía el moño.

 

Ya está abrochao

Se sienta a abrocharse el cinturón y pelea un buen rato con la hebilla y sus dedos

-¡Ay que ver!

-¿Te ayudo?

-Si es que me estoy acordando de un cantar que decía “Hay que ver hay que ver las ropas que hace un siglo llevaba la mujer” -mientras habla no deja de luchar con su cinto- Era un cantar muy famoso…¿Tú no le conoces? Seguía diciendo -canturrea- “Creo yo, creo yo, que con una de esas faldas se hacen lo menos dos…”  Pero no hace tanto que llegó un día mi abuela, ¡yo no sé pa qué!, sería pa llevarnos alguna merienda a mi primo y a mi…es que había que estar cuidando los melones pa que no selos comieran los cuervos…La cosa es que fue llegar mi abuela y ponerse a llover, no mucho, así un llovizneo, pero que te cala si te quedas quieto…y entonces mi abuela empezó a quitarse faldas y nos dio una a mi primo y otra a mi y ella se agarró de otra y se la echó por’cima de la cabeza…¡Y todavía le quedaban faldas debajo!- se ríe- ¡Qué cosas se le quedan a uno en la cabeza!…Ya está ¡abrochao!

Aleluya

Lucy y Steve han traído hoy la guitarra y nos cantan una bonita versión de “Blue moon”. La cosa se va animando y alguien pide una de Cohen y, aunque no recuerdan bien la letra deciden cantar “Halleluja” para que podamos todos entrar al estribillo, aunque sea mal entonado. Pablo está callado mientras bebe una cerveza y no se sabe si está atento a la música o con la cabeza en uno de sus viajes interestelares. 
Cuando le damos al ¡Aleluya!, termina de masticar una patata parsimoniosamente y me dice

-Eso es de misa, ¿qué no? – y sin esperar respuesta sigue – la primera misa que dieron en el pueblo después de la guerra la dieron en la plaza, porque la iglesia estaba mu mal, habían vivío allí milicianos y habían hecho fuego y tó, así que hasta que la prepararon puees…y va el cura y dice: “¡A mí no me ha salvao el pueblo, me ha salvao ladivinaprovidencia!” Y ¿cómo que no le había salvao el pueblo?, si le tuvieron escondío y a los niños nos dijeron que se lo habían llevao a Talavera, pa que no se nos fuera a escapar decir dónde estaba si nos preguntaban los de la FAI…Y más de uno dijo, ¡así por debajo, claro!, no le fueran a oír: “Ay amigo, si volviera p’atrás el tiempo, ¡veríamos a ver si te salvaba Ésa!”…Pero yo creo que le mandarían que lo dijera, que no salió de él ofender así, porque no era mal hombre, cuando había alguien muy enfermo y necesitao, siempre iba a verle y algo le llevaba, hasta tabaco dejó a uno debajo de la almohada una vez…