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Y una cosa por otra

Rebaña complacido ese dulce rosa para niños, de queso crema, rechupeteando la cuchara y volviéndola a meter al repaso de cada posible resto entre los ángulos y bordes del envase vacío. Me mira y ve que le miro.

-Tú es que no sabes lo que es alimento… Había una mujer, de algún pueblo de al lado, yo no sé de dónde sería…Iba por allí pidiendo…y se cogía unas curdaaas -sonríe, se queda pensando, se pone serio – Y uno, por pura maldá y haciendo ese día mucho frío, le tiró al río la botella… ¡Oyes! Tenías que haberla visto a la mujer, hecha y derecha, llorando y diciendo – “Ese era mi único alimento…”- Luego ese mismo, entrando yo en el pueblo con la mula cargá y yo agarrando, pa que no se me cayera un costal, iba detrás de mí y “alredor”, haciendo burla con unas llaves, de esas grandes de antes, dando golpecitos, tintilintin tilintín, tintilintin tilintín…Y en una de esas se cayó el costal, que yo no quería que se cayera, y en ese instante le agarré la llave y le di un buen golpe con ella en la cabeza, ¡porque me creía que lo había tirao él!, luego ya otro me dijo que no, que se había caído sólo, el costal…pero pensé… que la botella sí que se la había tirao a la mujer…y ¡una cosa por otra!

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El agua, la tierra, el mar

-Mira Pablo, qué aire tan bueno y ese castillo ¿A que en tu pueblo no hay castillo? Es que este pueblo antes estaba allí bajo, por eso se llama “…de la Vega” Pero hubo una epidemia, yo no sé cuándo, en tiempo de los moros pué que fuera y subieron el pueblo aquí a lo alto. Y eso era todo regadío y “habían” manantiales y todo estaba sembrao y se vivía de lo que se iba sacando, tomates, judías, pimientos…Y, las tormentas, ¡qué miedo! Es que yo era pequeña y vivíamos allí bajo, en la ermita y teníamos que abrir y cerrar las esclusas para regar los campos de “alredor”…Pero luego nos fuimos a Madrid, mis hermanos y todos…y entonces hicieron aquí un aparcelamiento (*) de tierras y juntaron las huertas de la Vega, luego se repartieron a su gusto y manera, entre los que mucho tenían y seguían en el pueblo, y a nosotros nos dijeron que nos había “tocao” un trozo allí lejismo y de secano, que no valía pa ná y que los cachitos de huerta tan “gúenos” que teníamos, pues que ya no eran nuestros y mi hermano… ¡Uuuuh! cómo se puso, pero de ná le valió al pobre…Y ahora ya tó está perdío, hasta los caminos… tó abandonao y ni huertas, ni agua… Y ¡mira!, por allí pasaba un río y ahora está seco y no llueve

– Pues donde yo vivo ahora, tengo una huerta y tampoco llueve mucho, pero hay un río muy grande…y muy salao

(*)La primera disposición sobre concentración parcelaria se promulga en España el 20-12-1952

Tiempo de melón

Aunque esté en la mesa y tenga sus cubiertos, cuando sale el melón, saca su navajita del bolsillo, la abre y va haciendo con ella trozos pequeños que se lleva a la boca sin soltarla wp-1499065002675.

Mientras esto hace con parsimonia, moviendo el tiempo a su modo y manera, recita mi navajita bien corta un chiste de gallegos. (Véase, el que lo quiera, yendo a entrada 23/4/17) Echa la cabeza hacia atrás, mira a la parra y se asombra de la cantidad de uvas y de que no nos preocupe compartirlas con los pájaros y con esa amiga nuestra que le dijo que iba a venir a llevárselas para hacer vino.

– ¡Miá tú, a ver si atina! Bien que me preguntó y yo bien que le dije pero, no creo ni que se ponga; ahora ya no se gasta tiempo en aprovechar las cosas

Mira el melón que ha quedado en el centro de la mesa y vuelve a partirse una rajita, repitiendo el proceso

– Esto se come sin sentir, como un caramelo… a vosotros es que os ha tocao vivir en un buen tiempo… ¡Aquí, claro! Que en otros sitios habrá que pasen hambre y estén en guerra ahora…¡Qué mal repartío está el mundo!

¡A todo confort!

Me ve en el cuaderno el dibujo de ayer

-¿Qué dibujas aquí?

-Pues a ti con la mula

-¿Esto es una muuuuula?

-¿No me ha salido bien?

-Más bien se da un aire a los “poneys” que usan aquí, por la parte de Valencia…La mula era más fina, con las patas más largas y ¡ unas orejaaas! que te avisaban de cualquier ruido  que tú ni sentías…

¿Asi?

-Bueno, eso yaaa, se parece un poco más

-Y, en la escuela, entonces ¿qué te enseñaron?

-Pues enseñarme, lo que se dice enseñarme, ¡na! Pero me hicieron aprender lo que es la injusticia…Que a los pobres nos sentaban en un banco, apretaos, ¡sin espaldar, ni ná! Y al alcance de la vara del maestro…Y a los ricoooos los acomodaban en esos pupitres con tintero y pluuuuma ¡A todo confort!