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Lecciones de Historia mientras se ata un pañuelo

Pues ese que llamaban el Hormiga, luego se supo que logró escapar por los “Perineos” que son unos montes que’stán así entremedias de unos y otros

Y también dicen, porque de alguno llegó carta, que ayudó a pasar a más gente, porque como él se había echao al monte de chico,  se sabía toas las “trequiñuelas” pa esconderse y que no te pillen los guardias, ¡a ver!

Y estando allí y que estalló la otra guerra, la gorda, que aquí no llegó porque Franco dijo que ya habíamos tenío bastante con la nuestra, pero le entregó a los alemanes un porcionao de soldados, y que voluntarios dicen, ¡mía tú!, pué que alguno, ignorante, fuera voluntario…El caso es que pa’llá fueron los de “la división azul” a luchar contra los rusos

Y ya ves tú, con la mala ropa que “iríen” y mal calzao y de tó, pues murieron más de frío que otra cosa…Uno del pueblo que fue y volvió vivo pero loco sin remedio, le preguntaban pa reírse de’l “¿qué tal por Rusia?” Y él contestaba, “¡Uuuh, rusos por aquí, rusos por allí!” y se conoce que los volvía a ver en su cabeza, porque se escondía…el pobre

Y el hormiga en cambio, dicen que se metió en la resistencia francesa, que era una especie de ejército que combatían contra los alemanes pero furtivamente…Y eso se le daba bien a él

¡Hala! Ya estamos aviaos ¿A dónde hay que ir?

Química traidora

Ayer ya casi anochecido tuvo uno de esos despertares con alucinación vívida y tan convencido estaba,  que salió de casa persiguiendo la quimera de solucionar el terrible drama que en su imaginación vivía. Salió en bata, en zapatillas, sin garrote…La gorra sí, la gorra la llevaba cuando me lo encontré, ambos sin aliento, yo de perseguirle a él y él, según sus palabras, por el terrible sufrimiento que estaba pasando. Al llegar a casa, después de aceptar mis explicaciones y su extravío

-Sí ya sé que es un disparate -dice apretándose la frente con las manos- pero es que ¡lo veo tan claramente!…Pero en este instante me doy cuenta de que no me rige bien la cabeza…

Esta mañana le observo arreglar su cuarto, centrado en cada movimiento para dejar bien doblada la manta, acercando las esquinas como ajustando piezas de un mundo que se dispersa pero que aún es posible ensamblar.