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Un golpe y dos chichones

Se cayó de noche y se hizo dos heridas, una a cada lado de la frente.

Llamamos y vinieron enseguida en nuestra ayuda, uno de ellos parecía un gigante

Con qué fuerza se agarra y qué bien se sube al coche, dicen admirados de su agilidad

Estos enfermeros le revisan la herida mientras él se deja hacer sin soltar ni un gemido. La herida es leve, nos dicen y nos envían de vuelta a casa, con el encargo de ir el lunes a la consulta de enfermería para cambiar el vendaje

Ya en casa, hace un hatillo con la manta que le pongo en las rodillas y dice que se va a dormir al campo, que es allí donde se duerme bien y que además su cama está llena de gente y que, cómo los va a echar, si no tendrán a dónde ir

Pero si soy yo, le digo, que me he tumbado aquí en tu cama para hacerte compañía. Ah! Con que eres tú, dice, ¡como tienes esos malos pelos, me pareces un león!

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Guardarse del hambre

Hemos ido a la enfermera para las curas de la herida

Se queda muy quieto y estirado permitiendo la manipulación con instrumentos cortantes, tan cerca de su ojo

Yo, mientras miro, no puedo dejar de pensar en esto:

Pero Pablo no se queja.

La enfermera le pregunta cómo está pero él no contesta. Contesto yo por él, que ha perdido mucho el apetito y que dormita por el día pero que no duerme por la noche. Nos da cita para el médico. Al salir le pregunto si quiere andar un poco.

-Bueno, si tantas ganas tienes, te acompaño a un paseo

Camina muy despacio y me deja sujetarle del brazo. A mitad de camino se sienta en el tronco de un árbol viejo

y se pasa el pañuelo por la frente

-Esto está más duro que un risco

-Pero tú has dormido a veces encima de un risco, ¿no?

-Claro que sí, había uno muy grande en la viña y nos subíamos a él para vigilar y nos quedábamos dormíos allí mismo

-Y ¿qué vigilábais?

-Pues una vez a uno, que habíamos visto sus huellas y no podían ser de otro que de él porque gastaba unas albarcas grandísimas y allí nos quedábamos o yo o mi hermano Antonio, que no tendría más de nueve años…y fue él el que le pilló y le echó el alto: ¡Eh! ¿A dónde vas por aquí que no hay camino? Y ya no volvió

-Y ¿cómo se asustó tanto de un niño?

-Del niño no, de que le denunciaran…porque en ese tiempo, por robar unas uvas, te metía mano la guardia civil, ¡pero bien! Y ese era el miedo

-Y ¿le denunciásteis?

-¡Quiá! Eso no se hace, denunciar a uno por guardarse del hambre …No le vas a dejar que te quite lo tuyo y de tus hijos, pero denunciaaaar…- se levanta despacio- ¡Alevamos! que ya he descansao bastante…Y ¿qué te ha dicho la enfermera?

Vivir, soñar

-Pablo, te estoy haciendo una prueba para ver cómo tienes el corazón

-Pues yo creo que ese está en su sitio, que no se me ha movío…lo que se me mueve mucho es la cabeza, como si estuviera llena de cosas que quieren salir y no encuentran por dónde y me dan golpes, así, por dentro…y las piernas que se ponen a dar patás ellas solas cuando estoy sentao o tumbao, las jodías, como si quisieran echar a correr y luego, cuando “echoa’ndar” me pesan, ¡Uuuuuh!, como si las llevara atás a algo, como esto que me pones así, pero arrastrando un peso…y ¿por qué me pones esto en las piernas si lo que estás buscando es el corazón?, dices…

– Todo lo tenemos conectado, Pablo. El corazón está en su sitio, pero está trabajando para el resto del cuerpo…Y parece que a ti…, ahora te lo dirá la doctora, pero te funciona muy bien

– Entonces…Si no hacéis más que decir que lo tengo todo bien ¿Qué es lo que no marcha?

– El sistema de comunicaciones, Pablo. Tienes bien todas las piezas, pero no saben, entre ellas…encajarse.

Se queda callado, distraído, como si hubiera dejado de estar ahí. Cuando salimos, le digo lo bien que ha preguntado y que sí ha entendido las explicaciones..

– Yo no sé -arruga la frente y se coloca la gorra- …¡me ha parecío que me tenían atao así con unos cables! – se ríe, apartando un pensamiento de su cabeza – ¡ lo habré soñao!

La enfermera Concha, que no duele, se entera de la historia de Regino el torpe

– A ver si me la vas a clavar, Concha…como se la clavaron a Regino el Torpe

– A ese no le conozco yo, Pablo

– Era uno de mi pueblo, que estando bailando con su novia de formalidá, va y le llega un telegrama que le dice: “Preséntese en la estación de Erustes a recoger a su mujer y a su hija que llegarán a tal hora” Y es que había estao de asistente con un sargento y le llevaba la ropa a lavar y a los arreglos…a la casa donde vivía esa chica…y la clavaría, ¡Claro! Porque llamó a un taxi que había y allá que se fue a recoger a la mujer y a la niña, dejando a su novia, que se llamaba Gonzala…pues así…pero luego encontró a otro, a uno que era muy bruto pero buena persona… Y a Regino, empezaron a llamarle el Torpe, porque corría la voz por el pueblo, de que esa niña era del sargento y que se la habían clavao a él

-¡Caramba, Pablo, qué cosas me cuentas!

– Pues dio la casualidad de que estuve trabajando luego con este Regino en un finca de labor y ¡Oye! Me dijo que era muy feliz con esa mujer, que se llevaban divinamente, ¡A lo mejor se hubiera llevao peor con la otra!, nunca se sabe…Como tú, que me pinchas, pero ni gota me duele…

¡Pies para qué os quiero!

De buena mañana:

-Como ayer te “fuistes”sin decirme ni las buenas noches ni ná…¡Por lo menos yo no te oí decirme ná!…Pues pensé que estarías enfadá por algo… Así que, ¡mira! me voy a dar un paseo aunque sea sólo hasta la playa, porque no se me pueden tener quietas las piernas y no voy a estar esperándote aquí sentao hasta que puedas salir conmigo…

-¡Pablo !- se da la vuelta y aparenta que no me oye -¡Pablo!- Sigue trajinando con las llaves en la puerta. Me acerco a él y le fuerzo a mirarme- Oye ¿No te acuerdas que tenemos cita con la enfermera?

-No me va a quedar más remedio que esperarte entonces

Cuando entramos a la consulta, ya se pone todo formal y atento a lo que le preguntan y me mira antes de contestar. Se tumba,con esa agilidad de yogi que tiene, en la camilla y Concha le hace una examen de sensibilidad en los pies. Le va tocando y él distingue, sin mirar, lo frío, lo caliente, los pinchazos y las cosquillas. img_20170308_183401643.jpg

-Está todo perfecto, Pablo-le dice mientras anota los resultados y le mira calzarse en perfecto equilibrio

-¡Si lo sé! No los tengo muertos los pies, no..

La enfermera se llama Concha

Hoy, de camino al centro de salud,  me ha dicho varias veces que la enfermera se llama Concha y que llegó aquí hace ya mucho.

-¿Qué tal estás Pablo?

-Yo muy bien, y tú?

Pues efectivamente le ha encontrado bien, de tensión, de peso, de ánimo. Y él nunca les dice si le duele algo, o si tiene alguna preocupación, no vaya a ser que “no le aprueben el examen”.img_20170117_162054356.jpgEscucha muy atento las recomendaciones de la enfermera, que dé paseos que coma equilibradamente y que se distraiga haciendo puzzles o jugando a las cartas, que es muy bueno para ejercitar la memoria… Y a la salida me pregunta

-¿Qué ha dicho Conchita?

-Que hagas puzzles, que es muy bueno para distraerse

-No sé ni lo que es eso…

-Rompecabezas! Eso que son piezas que tienes que ir juntando…

-¡Bastante rota tengo yo la cabeza! -sabe que me ha hecho gracia y se le iluminan los ojillos- …Si sé lo que es, si eso se lo compraba yo a el irregular de pequeño…Lo que tiene e que es mucho lío para mi. Si yo estoy bien, si yo me distraigo pensando en cuando de cualquier cosa hacíamos baile y música…En ese tiempo!