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El gallo Kiriko en la boda

-Pues cuando llegó a la casa de su primo, que era grandísima y con muchas habitaciones para estar, le pasó que le mandaron al granero a esperar, ¿ a esperar a qué? Preguntó el gallo, pero nadie le hizo caso. Así que sacó al arriero que se las compuso para llenar el carro y dejar el granero limpio de trigo y paja…Cuando vieron lo que había pasado, le metieron en el gallinero, ¡No se está mal aquí!, dijo el gallo y se puso a presumir con las pulardas y las perdices que esperaban muy elegantes para la comida. En esto que salió la zorra y también se juntó a la fiesta y se formó tanta algarabía que llegaron los criados, agarraron al gallo Kiriko y le metieron en el horno que estaba bien calentito… Pero el gallo sacó al río,  que salió como un torrente, llevándose por delante todo lo que encontró a su paso, cubertería de plata y manteles de Holanda, a invitados todos y a sus caballos, al cura, al primo y a la novia…Todo eso arrastró el río y contento de tener tanto que contar, se fue llegando  hasta su cauce…img_20170324_124305220.jpg

-Y ¿el gallo qué hizo?

-¡No quedó “arrecostao” a volver a otra boda!

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El Gallo kiriko (en mi casa se cuenta así)

-Pues esto es que iba el gallo kiriko a la boda de su primo Rey porque había recibido un invitación y por el camino se topó con un río que le preguntó: ¿a dónde vas gallo kiriko tan bien preparado?  Pues voy a la boda de mi primo Rey, que me han invitado, contestó él. “¡Ay! Cómo me gustaría ir, que yo soy un riachuelo de pueblo y nunca he visto una boda elegante”. Pues vente, dijo el gallo, métete en mi culito y atranca con un palito. Y así hizo el río. Más tarde el gallo se encontraba con una zorra que también se mostró muy interesada en conocer los lujos de una boda de postín donde nunca se sabe a quién puedes conocer allí. Y el gallo dijo su cantinela: métete en mi culito y atranca con un palito. Y luego topó con un arriero que también se interesó por conocer las viandas que se servirían en esa boda y ni corto ni perezoso allá que se metió con su carro y sus bueyesimg_20170322_225902622.jpg

en el culito del gallo y si quieres saber lo que pasó, vas a tener que meterte también (o esperar a que te lo cuente mañana)

El viento en los sauces

-Me acuerdo cuando nos mandaban a sacar a los guarros… -se ríe- nos mandaban las madres a los chicos pequeños a sacarlos pa que comieran por el campo, porque en las casas, en aquel tiempo, poca comida habría para ellos y se los sacaba a las afueras del pueblo para que comieran, porque los cerdos comen de tó, bichos muertos, raíces, hierbas y hasta a ellos mismos entre ellos si tienen mucho  hambre…Te advierto que con nosotros reparaban poco;  los arreábamos bien deprisa hasta una casa que había abandoná y allí los dejábamos encerrados y nosotros nos íbamos al río.

-Pobres cerditos…img_20170315_104544.jpg

-¡Pero coño! Pobres nosotros, que en cuanto nos teníamos de pie ya habíamos de valer para hacer algo… Así que allí, que está a cinco kilómetros del pueblo, el río, ¡ná menos!..fuera del alcance de su vista era la manera de librarse…-Para de hablar, sonríe, suspira- Hasta que nos pillaron una vez porque mi primo cogió una rama de un sauce, que son muy flexibles y mi madre se dio cuenta porque esos árboles sólo crecen en las riberas y luego se fijó en mi que me había puesto la camisa del revés, a lo visto ¡Fíjate! ¡Qué chico no seríe que no valía ni pa vestirme!