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Un día perro

A media mañana mientras dormitaba, le he dejado el dulce (papilla de harina y frutas) al lado de su hamaca. Pero se ha despertado y lo ha visto siendo ya la hora de comer

-Eso ya se ha convertido en postre, Pablo 

Y lo he llevado a la mesa, bajo su mirada atenta y contrariada … Mientras comía, alargaba el brazo por encima del pescado y la ensalada y se metía cucharadas del postre en la boca

-Si me como una cosa, no me como la otra.

-Pues te dejas el postre para merendar, entonces.

Se lo ha comido todo, haciéndome un favor.

Por la tarde continuaba enfadado y a mitad del paseo, se ha sentado en una piedra y ha dicho que él no andaba más, que está imposibilitao   y que vaya solicitando una silla de ruedas, si es que tengo ese empeño de llevarle a algún sitio.

Una vez en el huerto, (hemos ido en coche) se ha puesto a la tarea con unas almendras y un martillo…Y mientras acertaba a partir cada almendra con una precisión digna del maestro de Karate Kid, ha levantado la vista hacia mi

– Vais a tener que enterrarme debajo la higuera

– ¿Ahora?

– (se ríe) No, espera a que me muera

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¿Cuántos años tienes?

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Nos encontramos con Vicenta y Margarita

-Pablo, ¡ven con nosotras! que nos sentamos a tomar un refresco en la terraza de ese bar, venga, no te hagas de rogar…¡No va a ser todo ir al huerto! Y dime, ¿tú cavas todavía? – Margarita sonríe todo el tiempo mientras oye hablar a Vicenta, Pablo trata de descifrar las palabras un poco aturdido, pero consiente en sentarse con ellas y pide una cerveza, Vicenta sigue hablando

– Pero ¿Cuántos años tienes?

– …ochenta yyyy… cuaa… nueve

-¡Eres más joven que yo! ¿Y por qué tendré yo tantos? A mí me gustaría ser más joven…

– ¡Haber nacío más tarde!

Se ríen y Vicenta repite el chiste. Sirven los refrescos y Margarita pide más azúcar para su café. Cuando se lo traen, dejan también un plato con un aperitivo. Se ponen contentas porque aquí no es costumbre la tapa de regalo.

-¡Mira, ya con esto, nos ahorramos preparar la cena! ¿No comes? ¡Vamos, que está muy rico!

– Es que eso no me pasa ¡Si fuera un dulce! – da un trago de cerveza-

– ¡Ah! ¿Qué te gusta lo dulce? – Pablo sonríe – ¡Claro! Ahora entiendo porqué eres un hombre tan dulce tú ¿Cuántos años tienes?

Margarita se ríe abiertamente

 

 

El que poco sabe, pronto lo reza

Dejo cortada la fruta (hoy sandía) y un yogur con mermelada, mientras se van haciendo los guisantes lentamente, al gusto de Pablo, “bien pasaítos”. Salgo del radio de vigilancia unos minutos. Cuando vuelvo ya está comiendo, ha empezado por el yogur. Le pregunto por qué no me llama si tenía tanta prisa.

-Lo he visto aquí, tan preparaíto…

Le sirvo la verdura y se la va comiendo con la fruta. Una pinchaíta de cada.

– ¡Qué pronto has terminado hoy!

– A ver, (suena como *aave ) si no me das más… El que poco sabe pronto lo reza … Rezar, lo que se dice rezar, yo sé bien poco… Ahora  me estoy acordando de la mujer del confitero, que aprovechaba cuando su marido estaba en misa pa venir a vendernos un cacillo de  trigo  a la tienda, 

que le iba sisando del saco a escondías y poco a poco pa que no se echará a deber el hombre…Luego ella iba a la misa de medio día, con las mujeres, como si ná…¡Esa sí que sabía mucho… de rezar!… Bueno, yo ya me voy a descansar un rato…si no se ofrece más…

 

 

 

De lo grande y lo pequeño y lo poco y lo mucho

– Pablo, ¿me estás entendiendo lo que te digo?

– Ahora que mientas eso de entender, se me está viniendo a la cabeza una vez que vino uno a casa a preguntar a mi madre sí podría arreglarles un choto…Y mi madre ¡uy, yo no tengo vasija pa tan graaaande!  Y el otro, que no, que era muy chiquinino – se ríe  y gesticula con los brazos –  ¡Y es que era un chivito a lo que se refería! …Claro, como el muchacho era de otro terreno pues se conoce que allí nombrarían chotos a los chivos.

– Y ¿qué hacía en vuestro pueblo?

– Estaba de relevo. Era un camillero que le habían matao al compañero en el frente del Tajo y él solo, ¡oye!, había  seguido retirando heridos con una manta y mucha maña. Luego se hizo amigo nuestro y nos daba la enseñanza de la guerrilla a los chicos,  a escondernos de las balas y avanzar a rastras y a lanzar piedras para despistar al enemigo

– Menuda diversión fue la guerra para ti…

– Ya lo creo, no teníamos control ninguno

– ¡Pero dulces no había!

– (suspira) … Sí ya sé lo que me quieres decir… que tres flanes son muchos… Es que como estaban ahí juntos…y uno me ha sabío a poco…

Cabeza borradora

Le han dado una mala noticia, han ingresado a su hermano F. en un hospital. Se preocupa y se agobia, pero no sabe expresarlo. Dice que no ve bien, se encierra a observarse a sí mismo, le digo que ya tenemos cita para el oculista, se queja “¿Pa qué tantos médicos?” Le digo que todavía no es, que falta más de un mes, pero que si no quiere no vamos. Me mira como si estuviera diciendo un disparate. Aparta la comida que ha mordisqueado un poco, pregunta si ya se ha tomado las pastillas, le digo que sí, pero que comer no ha comido nada, que ha hecho el “paripé” como un niño pequeño y que no siendo dulce “no le pasa” (eso dice)…

– Entonces, ya sabiéndolo ¿por qué no me pones siempre dulce?

Se ríe y me dice que lo que hay que hacer es sembrar calabazas, que eso es muy bueno de comer y que cuándo vamos a comprarle semillas, que ya nos lo ha dicho varias veces y no le hacemos caso. Le digo que se prepare que nos vamos. Yo siempre estoy preparao, dice.IMG_20170509_121805_processed Y aquí estamos, camino del huerto con toda la solanera encima y Pablo con el sobre de semillas en la mano

La llave de lo dulce

-Pero Pablo, ¡voy a tener que esconderte los dulces!

-Mira, lo escondas donde lo escondas yo acertaré a hacerme con ello si lo quiero…Si mi madre también guardaba las cosas  en una alacena con llave. Las rosquillas, los cortadillos, las madalenas, lo administraba ella porque esooo no era pa tó los días como ahora…Pero yo me hice con una llave y…

-Y ¿cómo se la quitaste a tu madre para hacer la copia y todo eso?

-Sí entonces no eran las llaves como ahora, las cerraduras eran un agujero en la puerta con una palanquita que caía al otro lao y al meter la llave se levantaba y ya está. Así que yo me hice con un hierro “a propósito”, le afiné bien la punta y entraba perfectamente…Se abría la puerta que daba gusto…Y ¡que yo cogía poquito y con cuidado, pa que no se notara!

-Y la llave ¿dónde la guardabas?

-Pues en un agujero de una viga de la cocina, que entonces no teníamos techos rasos, estaban las vigas y paja, o yo no sé lo que sería. El caso es que el escondite lo tenía a la mano porque yo dormía allí, en un poyete que sobresalía al lado de la lumbreimg_20170317_183937220.jpg

libertad vigilada…

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Aquí está Pablo sentado en la puerta de su caseta del huerto, caído en uno de esos sueños de libertad.

Estar al cuidado de una persona no deja de ser, un poco, tenerle bajo vigilancia. Vigilar que se asee, que se cambie de ropa, que coma a sus horas y una dieta adecuada (Pablo preferiría comer dulce solamente), las horas de sueño y de vigilia. A veces le veo paseando por el pasillo con el reloj en la mano (porque pasa el tiempo más rápido que si lo tienes en la muñeca) cuando bajo a darle la última dosis de levodopa sobre las 21:00 Y si por cualquier distracción me retraso un minuto, me reclama a la voz de

-Las nueveeee, las pastillas!

Y cuando llego a su lado, preparo la cena y  se queda ese rato en la cocina, casi siempre contándome alguno de sus recuerdos. Sentado en su sitio de la mesa, calibrando el humor que tiene “el vigilante “para desviar hacia uno u otro lado la conversación…se toma sus pastillas y dice mirando cómo vuelvo a rellenar el pastillero

-Bueno, esas ya son las de mañana, ¿no? Ya no me mandas nada más por hoy, yo ya puedo irme a la cama. ¡Buenas noches!