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De pájaros y pensamientos que se escapan

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Se agacha a coger un pájaro del suelo, que parece aturdido y sigue andando con él en una mano. La pequeña garra va aferrando su dedo como un anillo

– ¿Sabes? Teníamos un gato que se ponía en la parte de arriba en el corral y cuando hacían los pájaros ese hacia abajo que hacen para luego subir – se para y me señala una curva en el aire con el garrote- los atrapaba, en ese instante. Pero que ¡oye, visto y no visto! Y muchas de las veces se los llevaba a mi padre en la boca

-Y ¿qué hacía tu padre?

-¡Pues comérselos, claro! ¿Qué iba a hacer? Los pelaba y los echaba a la lumbre

Me ha parecido notar un cierto temblor en las  verdes plumas

-Y este ¿te lo vas a comer tú?

-Nooo, si no tiene casi carne y son muy enredosos de comer con tanto huesecitos…Este, si lo pudiéramos llevar a mi cuarto y alimentarle con grano…Yo creo que venden grano ahí, al lao de casa, donde las semillas…

En ese momento el pajarillo ha salido volando

– ¡Uy, mira! Si sí que podía volar

-¿Qué pájaro es? ¿Cómo se llama?

-¡No sé lo he preguntao!

 

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La llave de lo dulce

-Pero Pablo, ¡voy a tener que esconderte los dulces!

-Mira, lo escondas donde lo escondas yo acertaré a hacerme con ello si lo quiero…Si mi madre también guardaba las cosas  en una alacena con llave. Las rosquillas, los cortadillos, las madalenas, lo administraba ella porque esooo no era pa tó los días como ahora…Pero yo me hice con una llave y…

-Y ¿cómo se la quitaste a tu madre para hacer la copia y todo eso?

-Sí entonces no eran las llaves como ahora, las cerraduras eran un agujero en la puerta con una palanquita que caía al otro lao y al meter la llave se levantaba y ya está. Así que yo me hice con un hierro “a propósito”, le afiné bien la punta y entraba perfectamente…Se abría la puerta que daba gusto…Y ¡que yo cogía poquito y con cuidado, pa que no se notara!

-Y la llave ¿dónde la guardabas?

-Pues en un agujero de una viga de la cocina, que entonces no teníamos techos rasos, estaban las vigas y paja, o yo no sé lo que sería. El caso es que el escondite lo tenía a la mano porque yo dormía allí, en un poyete que sobresalía al lado de la lumbreimg_20170317_183937220.jpg

El secreto de la morcilla

Durante el paseo ha venido contando la vida de su suegro, Julián, que era el matarife del pueblo y en su relato le mantenía vivo y de una edad aproximada “de más de ochenta años o cerca de cien”.

Ahora, mientras espera la cena, retoma la historiaimg_20170309_203119932.jpg

-Es que a veces se me va un poco la cabeza, pero si ya murió el hombre…si iba yo llevando la caja en el entierro (…)

Veo que eso le va a llevar al asunto de la muerte y no es buen runrún para que se lo lleve a la cama. Así que le interrumpo preguntándole detalles de la profesión matarifera

-Pues era el que pinchaba el cuchillo al cerdo en el sitio exacto -me lo señala en su cuello- para que se desangrara, mientras la mondonguera sosteniendo el caldero removía la sangre pa no dejarla cuajar.

Eso le lleva, a cómo se hacían las morcillas, que se cocía la cebolla y se le echaba carne de la parte de la grasa, de magro no, que eso era para los chorizos. Se para a pensar, da un sorbo de su mezcla especial de vino con gaseosa

-Pero no sé qué especies llevaban, porque eso lo guardaban en secreto las mondongueras. Bien que me gustaba a mí arrimarme a ellas y ayudaba a embutir la mezcla en la tripa pero, ¡oye! que no alcancé a saberlo…

 

De precio incalculable

-(…)Pues que estando en la viña vigilando mis primos y yo… Había que estar allí porque había mucha hambre…Se robaba hasta los garbanzos recién plantados, iban rebuscando en los surcos y..

-Te estás desviando otra vez de la historia

Bueno, pues que llegó la mujer, que se bajó de un coche y nos dijo que si podíamos recoger unas hierbas que le habían dicho que se encontraban por allí

¿Qué hierbas eran?

-Collejas -me mira esperando a ver si le pregunto qué son-Y se las llevamos a casa de un sobrino, que es donde nos dijo que estaba viviendo y nos preguntó que cuánto nos tenía que pagar…Y los otros, que aparentaban más grandes que yo, se encogieron de hombros y se quedaron callaos…Y yo dijeeee: “Mire usté, estas yerbas no se puede calcular su precio, porque no se venden como si fuera una carga de leña. Cada uno recoge las que se va a comer y no se comercia con ellas, así que, si le parece bien, como somos tres, denos treinta céntimos por hacerle el favor de traérselas,  diez para cada uno”. Y ella dijo, “Pues no me parece mal, toma diez para ti, diez para ti y a ti por ser el tratante te doy quince y ya te puedes dedicar a esto, que te defiendes bien”. Eso me dijo

Atracones navideños

En el dibujo, junto a Pablo, están Michelle, Bruno, la Chata y enfrente Rosa con el pelo naranja, también estábamos J… en la barbacoa y yo haciendo la foto; porque hoy hemos hecho una celebración improvisada de fin de año 2016. Cada uno ha traído algo de comer y todos algo de beber. Como estábamos contentos, Michelle ha dicho que estos momentos hay que agradecerlos y ha dado gracias al aire y a todos nosotros. Pablo, de vez en cuando dejaba de comer y cantaba un villancico: 

” He visto un perro volaaaaar y una torre andar a gatas y en lo más hondo del mar un burro asando patatas…Ande ande ande la marimorena, ande ande ande que es la Nochebuena”

También estaba el sol que brillaba mucho y calentaba y el cielo azul y la hierba verde. Vamos, que parecía una fiesta hippie. 

Pablo se ha dejado llevar del entusiasmo y el espíritu de estas fiestas y ha comido y bebido mucho. Cuando hemos llegado a casa,  a la caída del sol, se ha metido en su cuarto a descansar un poco y se ha quedado dormido y al despertar ha debido volver a sentir hambre pues he visto que ha acabado con los restos: dos o tres trozos de queso, medio paquete de turrón, un trozo de tarta de almendras y tres polvorones…Me ha dicho que eso ya merienda/cena, que “si eso” con las pastillas, un vasito de leche y magdalenas…