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Por las ramas

 

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Deja la sudadera en el árbol como buscando en qué rama se detiene, igual que cuando rememora el pasado

-(…) También había árboles en la viña. Dos peros, que son como las peras pero más duros…

Aquí se va por la “rama” de la poda, de cómo aprendió y lo puso en práctica…

-(…) También albaricoqueros, que son tan buenos los albaricoques de por allí que hasta la pipa se come, como si fueran almendras…

Esto va a las ramas del mazapán, cómo se hace y a la familia del pueblo que tiene el negocio confitero…

-(…) Y yo creo entrever que había también alguna encina…¡Ah! Y una parte que dejábamos para labrar y allí plantamos algarrobones, que son como algarroba pero el grano más redondo y hacen una mata, así a esta altura – señala con las manos unos quince centímetros- Eso era de forraje para los guarros, que los soltábamos allí y ellos iban comiendo…De vigilarlos se encargaba Faustino, que era el más chico por ese tiempo y una vez – se ríe – nos le encontramos llorando y que porque se le habían perdío…Y es que se habían hartao de comer y ¡se habían echado a descansar!

Y en esta rama lo dejo.

El viento en los sauces

-Me acuerdo cuando nos mandaban a sacar a los guarros… -se ríe- nos mandaban las madres a los chicos pequeños a sacarlos pa que comieran por el campo, porque en las casas, en aquel tiempo, poca comida habría para ellos y se los sacaba a las afueras del pueblo para que comieran, porque los cerdos comen de tó, bichos muertos, raíces, hierbas y hasta a ellos mismos entre ellos si tienen mucho  hambre…Te advierto que con nosotros reparaban poco;  los arreábamos bien deprisa hasta una casa que había abandoná y allí los dejábamos encerrados y nosotros nos íbamos al río.

-Pobres cerditos…img_20170315_104544.jpg

-¡Pero coño! Pobres nosotros, que en cuanto nos teníamos de pie ya habíamos de valer para hacer algo… Así que allí, que está a cinco kilómetros del pueblo, el río, ¡ná menos!..fuera del alcance de su vista era la manera de librarse…-Para de hablar, sonríe, suspira- Hasta que nos pillaron una vez porque mi primo cogió una rama de un sauce, que son muy flexibles y mi madre se dio cuenta porque esos árboles sólo crecen en las riberas y luego se fijó en mi que me había puesto la camisa del revés, a lo visto ¡Fíjate! ¡Qué chico no seríe que no valía ni pa vestirme!

El guarro de San Antón

-¿ Y el guarro de San Antón? Tú no has conocido eso – me mira- Era un cerdo, que por allí los decimos guarros, que ozaba libremente por el pueblo y casi todos le echaban algo de comer pero no era de ninguno. Dormía en los estercoleros que era donde se amontonaba la mierda de las caballerías, buscando el calor que eso tiene. Y en llegando San Antón, que por eso se le nombraba así al guarro, lo rifaban y el dinero de las papeletas iba pal cura, pero al que le tocaba tenía que echar un lechón nuevo. Le recortaban las orejas y un poco el rabo pa distinguirlo y a la calle…Pero el que sacaba beneficio era el cura, de la rifa; no creo que le saliera a cuenta al que le tocaba

-¡Hombre! El beneficio estaría en lo que se sacaba de la matanza del cerdo, o nadie hubiera comprado  las papeletas

-Entonces en el pueblooo, se estaba obligao a seguir las tradiciones…Si hasta iba el alguacil vendiéndolas de casa en casa…Y que no hace falta que te obliguen pa saber lo que hay que hacer de voluntaria manera..img_20170311_010038310.jpg

¡Que es mejor criar tú a tu propio cerdo!

El secreto de la morcilla

Durante el paseo ha venido contando la vida de su suegro, Julián, que era el matarife del pueblo y en su relato le mantenía vivo y de una edad aproximada “de más de ochenta años o cerca de cien”.

Ahora, mientras espera la cena, retoma la historiaimg_20170309_203119932.jpg

-Es que a veces se me va un poco la cabeza, pero si ya murió el hombre…si iba yo llevando la caja en el entierro (…)

Veo que eso le va a llevar al asunto de la muerte y no es buen runrún para que se lo lleve a la cama. Así que le interrumpo preguntándole detalles de la profesión matarifera

-Pues era el que pinchaba el cuchillo al cerdo en el sitio exacto -me lo señala en su cuello- para que se desangrara, mientras la mondonguera sosteniendo el caldero removía la sangre pa no dejarla cuajar.

Eso le lleva, a cómo se hacían las morcillas, que se cocía la cebolla y se le echaba carne de la parte de la grasa, de magro no, que eso era para los chorizos. Se para a pensar, da un sorbo de su mezcla especial de vino con gaseosa

-Pero no sé qué especies llevaban, porque eso lo guardaban en secreto las mondongueras. Bien que me gustaba a mí arrimarme a ellas y ayudaba a embutir la mezcla en la tripa pero, ¡oye! que no alcancé a saberlo…