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El burro del Aquilino

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-Ahora que voy viendo a ese burro – ríe- …Había uno que le llamaban Aquilino, que tenía una mala famaaa…-suspira- y una vez me tocó a mí ir con él de secretario

-¿Secretario?

– Cuando es el tiempo, nos ajustábamos en las fincas, que eran grandísimas, pa asistir a los que iban de caza Se sale de la casa grande ya con el encargo de los aparejos del que te haya tocao (y ese año me tocó el Aquilino)…y, en fin, que empiezo a cargar el burro con las cartucheras y sale una muy señoritinga y va y dice:”¡Uy! Mi papá, tiene que ir cómodo en la caballería!, Tendrá usté que llevar eso” y digo yo: “Pues entonces pida usté que le den otro burro con un buen serón pa cargarle ¡porque yo no soy ningún burro!” Y eso hizo la que decía que era la hija, que a mí no me importa quién fuera, ni lo que entre ellos hacían…Pero se ve que eso era lo que estilaba el Aquilino, llevar cargao al secretario y él sin estorbo alguno, de caballero…¡por eso le tenían horror! ¡Y no habia protestao ninguno! -se va encendiendo y volviéndolo a repetir desde otros ángulos-

– Y tú llevaste la carga en un burro

-La carga ¡y yo montao también!

-Y ¿no se quejó el tal Aquilino de ti?

-¡ Qué se iba a quejar! ¿Te crees que ellos reparan en sí es hombre o animal el que carga? con que les tengas la escopeta a puntooo…¡Al contrario!, a otro año preguntó por mi, me dijeron, pero yo ya me había ido a vivir a Madrid…

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hay que saber mirar

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-… estaba pisándolos y no los veía…y le dijee… es que desde arriba, como están tan derechos, osea que se ve sólo la punta y se confunde con la espesura de la mata que lo esconde…Para ver los espárragos, le dije, no tienes más que agachar la cabeza y así a su altura se distinguen perfectamente y eso pasa con muchas cosas, que si no las ves, es porque miras desde donde no es…y así le enseñé. Luego yaaa, yendo él, un día y que cogió muchos y que dijo: “¡Uy, si yo he cogido todos estos, yo no sé los que hubiera encontrao Pablo!” -se ríe- Si mi madre lo decía también: “Hasta que no viene Pablo, no comemos cosas buenas del campo” …Y otra vez, llegué al huerto que tenían en casa y ná más verlo les dije, ¡aquí tenéis topos! …y es que van dejando un surco por donde pasan, osea que no van saltando por’cima la yerba, aunque se la comen y también los brotes pequeños de lo que plantas…y no sirve poner ballesta, hay que cazarlos con lazo…y que también están ricos, son como conejos chicos…Y otra vez, según vamos pasando por el puente, entrando al pueblo, va y me dice: “¡Mira un topo!”…Un topooo, pero no ves el rabo que tieneeee…IMG_20171120_165852.jpg

Como las liebres

-Yo es que no duermo. Descanso pero no duermo. Estoy siempre al acecho. ¿Tú sabes que las liebres duermen con los ojos abiertos? No, tú ni habrás visto nunca una liebre…Pues están así encogidas, agachás, con los ojos abiertos, pero yo sé que están dormidas – imita con mímica el movimiento de un cazador furtivo acercándose a la presa- … y me acerco así despacito …y ¡zas! cuando quiere acordar ya la he cazao. Pero el que no lo sabe cree que está despierta. Es que en el campo se aprenden muchas cosas. Tú es que no te has criao en  y el campo y no has vivido esoIMG_20170609_164245.jpg

*Pinto una liebre imitando a Durero

– Pero yo te veo y duermes con los ojos cerrados

– Sí, si yo los cierro, pero veo las cosas tan claramente, como en una película, cosas que son verdá, como cuando bailaba al son del acordeón y cuando dormía en el campo y que siempre se cazaba algo si tenías el dormir ligero…si te duermes profundo, como mis primos que no había dios que los despertara, es como si estuvieras muerto.

*Se cree que el maestro, Durero, utilizó una liebre muerta de modelo

 

La caza

-Los mochuelos se suben a lo alto de un árbol para ver bien, con esos ojos grandes que tienen, no sé si los has visto alguna vez, y luego se lanzan -hace el sonido del vuelo y con la mano imita el movimiento rápido hacia el suelo- a cazar los ratones y musarañas que hay siempre escondíos en el campo -se ríe- Por eso yo ponía las “ballestas” en las olivas cuando nos quedábamos a dormir por allí. Y siempre me despertaba el ruido que hacían cuando caía alguno. Yo he tenido siempre un dormir muy ligero y un buen despertar. Mi primo, en cambio, no los oía nunca -sonríe con el recuerdo ganador – Hasta una vez vi a mi tío que se levantaba muy temprano, así despacito, para ir a ver las trampas…-enarca las cejas- pero ¡quiá! ¡Ya los había cogido yo!img_20170129_110002307.jpg

-Y ¿los cogías vivos?

-Sí, los agarraba así de las patitas y suavemente con la otra mano, ¡zas! -Me mira la cara y …-  si no les hacía sufrir ni naaaa, era un buen golpe… Así quiero yo que me lleve San Pedro, ¡de un cogotazo bien dao!

Hormigas de alas y tupé

-Mira, esas hormigas son las mejores de cebo porque relucen de lejos moviendo las alas y caen los pájaros que da gusto…

Yo me agacho a observar las hormigas con detenimiento y a hacer fotos. Pablo escapa con su máquina del tiempo…

-Mi madre me daba un trozo pan y algunas veces una “perra chica”, que antes no se llamaban céntimos, para que me comprara una sardina, cuando me iba a cavar y al “cuidao” de la viña… Eran una sardinas que llamaban de Cuba porque venían dispuestas en una cuba de madera haciendo una rueda, estaban buenas…pero yo no me la compraba. Cargaba la ballesta y con estas hormigas, al instante caía la merienda.

-Y ¿cuando no había hormigas de alas? Porque estas sólo salen en unas fases de apareamiento o algo así (véase: click aquí si quieres saber más sobre insectos)

Se le pone cara de felicidad

-Siempre encontraba algo de comer, unos berros, unas collejas…lo que fuera…Luego con las perras que iba ahorrando, me iba a la peluquería y pedía que me cortaran el pelo a raya

-¿Eso era lo más elegante?

-¡Claro! Ir “tó pelao” te costaba menos…si era a raya, te dejaban así un tupé.

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y todo lo que caía

-¿Esa es una paloma?

-¡Qué va a ser paloma, es una tórtola!

-Tú habrás comido alguna de esas…

-Esas y  todo lo que caía. Lo primero que hacía al llegar a la viña era poner las ballestas

-¿Cómo era eso?

-Pues eran unos palos con dos alambres y un muelle…-va gestualizando con las manos su explicación, le cambia la expresión y dice- Había un pájaro que le llamaban “alcaudona” y que era ¡caníbal! Cazaba a otros pájaros más chicos imitando su “piar”, escondido entre las zarzas y cuando se acercaba el pájaro lo mataba. Pero se conoce que no le gustaba comérselos recientes y los dejaba pinchados de los espinos, allí colgando…Y ese día no me hacía falta la ballesta…Los cogía y a la lumbre, bien asaditos, ¡Me los comía que daba gusto!.

 

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