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Lo que, al hablar, dijo uno que prefería estar callao

Se enfrenta al plato de sopa concentradamente y sin prestar atención a nada de lo que le digo 

Le pregunto cómo está tan callado y, sin dejar la cuchara, agarra el tazón para beber directamente de él

Cuando termina, coge la servilleta, se limpia, la dobla parsimoniosamente. Yo retiro los platos y coloco unos dulces a su lado, en silencio; reposa las manos con cuidado sobre la mesa, los mira, me mira y dice

-Había uno, cuando estábamos segando, que no hablaba…Ni cuando nos sentábamos a comer, que parece que siempre uno dice una cosa, otro cuenta otra y en fin que lo vas sobrellevando…y uno va y dice a otro, pregúntale por su padre que murió no hace mucho, a ver si así se anima a entrar en la conversación y habla algo… Así que va el otro y pregunta, “oye, Fulano ¿ de qué murió tu padre?” y el jodío paró un instante de masticar y dijo “¡de repente!” …y siguió a lo suyo, tan callao. 

Lo repite un par de veces, haciendo énfasis en el “de repente” y mirando a ver la gracia que me hace… Levanta una mano sobre los dulces, duda un poco, coge una figurita de mazapán y se la lleva a la boca.

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Un día perro

A media mañana mientras dormitaba, le he dejado el dulce (papilla de harina y frutas) al lado de su hamaca. Pero se ha despertado y lo ha visto siendo ya la hora de comer

-Eso ya se ha convertido en postre, Pablo 

Y lo he llevado a la mesa, bajo su mirada atenta y contrariada … Mientras comía, alargaba el brazo por encima del pescado y la ensalada y se metía cucharadas del postre en la boca

-Si me como una cosa, no me como la otra.

-Pues te dejas el postre para merendar, entonces.

Se lo ha comido todo, haciéndome un favor.

Por la tarde continuaba enfadado y a mitad del paseo, se ha sentado en una piedra y ha dicho que él no andaba más, que está imposibilitao   y que vaya solicitando una silla de ruedas, si es que tengo ese empeño de llevarle a algún sitio.

Una vez en el huerto, (hemos ido en coche) se ha puesto a la tarea con unas almendras y un martillo…Y mientras acertaba a partir cada almendra con una precisión digna del maestro de Karate Kid, ha levantado la vista hacia mi

– Vais a tener que enterrarme debajo la higuera

– ¿Ahora?

– (se ríe) No, espera a que me muera

¡Dónde va a parar!

Hoy  Pablo ha amanecido muy enfadado. Probablemente ya llevaba mucho tiempo levantado, con esa prisa y resolución desesperada que le entra cuando siente que el mundo no se quiere adaptar a su ritmo obsesivo. Cuando ya he preparado todo para ir al huerto…(a la hora habitual)

-¡Sí hombre, ahora voy a ir yo, a la hora de comer!

-Pero si faltan cuatro horas para la hora de comer, ni siquiera es la hora del bocadillo.

-Bueno, ¡tú dirás lo que quieras decirme! Pero yo estoy aquí a gusto y no me muevo…

-¿Ni siquiera sales a sentarte al sol en la puerta?

No me ha contestado, se ha hecho el “sordo” y le he dejado.

Más tarde ha llamado Michelle para invitarnos al aperitivo, con el”pretexto” de agradecer una reparación con cuerdas anudadas que le hizo Pablo en una cesta. Al ser informado del evento le ha cambiado la cara,  se ha puesto su chaqueta buena y, delante de unas buenas cervezas,  ha estado contando animadamente  las bondades de su navaja ( que siempre hay que llevar una en el bolsillo) y lo ricos que están los tomates que él cría en su huertoimg_20170316_160306230.jpg

-…y la diferencia de sabor con los que venden por ahí ¡dónde va a parar!

felices penurias

Hoy, arropado con la manta, comiendo unas natillas, con un desánimo que le deja “el cuerpo frío y la cabeza caliente”img_20161112_203728960.jpg

-(…) es un frío por dentro lo que tengo, una cosa difícil de decir…

-¿Así te arropabas con la manta cuando ibais al campo?

-¡La manta no la soltaba!- empieza a hablar como enfadado de que le pregunte, pero poco a poco se va animando y su cabeza se va hacia esos días de “felices” penurias- Valía hasta de bolsa, en la parte del “doble” llevaba el cacho pan y las sardinas que me echaba mi madre de merienda….y valía para hacer sombra cuando hacía falta…y en poniendo unas pajas debajo, ya tenías la cama – se ríe- Me has hecho acordarme de una vez, yendo con mi primo ya muy tarde a guardar la viña…que veníamos del baile, ya de noche, y cómo iría de cansao que dice, “yo me quedaba aquí mismo”, y se echó sobre un risco…Yo me preparé bien la cama y me dormí enseguida y cuando “disperté” porque amanecía, mi primo no se había movido de según se había quedao, así tumbao y  ¡sin molestarle las piedras debajo! -se ríe y se aparta la manta- y con la manta en el hombro, sin arroparse ni naaaa…

-¿Ya no tienes frío?

-No, ¡ya se me ha quitao!- y sigue hablando de su primo y de cosas que me cuenta tantas veces…

Se agarraba de una maroma para levantarse

Aunque su carácter siempre ha sido agradable y trata de “dar gusto” y dice mucho eso de que “es mejor reírse de las cosas que estar enfadado”, por alguno de sus desequilibrios en la dopamina, sufre a veces  alteraciones de conducta y emociones. Momentos muy duros para él y para los que le rodeamos en los que no se fía de nadie, en los que vive bajo la sospecha de que todos le estamos engañando, robando, aprovechándonos de él y de sus posesiones (sic). 

Hoy estaba de ese modo y no decía nada, dando el paseo; así que he empezado una conversación tratando de llevarle a esos lugares que le gustan tanto, como las cosas de su bisabuelo “el morero” que parece que le dejaron una honda huella aunque cuando murió no debía de gastar él más de  seis o siete años.

– (…) Y cuéntame, ¿cómo se levantaba del jergón?

-Pues cómo se va a levantar…Con una maroma…

-Y ¿qué es una maroma?

-Pues una cuerda más gruesa que está hecha a base de esparto trenzao

Porque como era herniao de las dos partes, ¡de algo se tenía que agarrar! Y ató una cuerda a una viga, que son unos travesaños de madera que sujetan el tejao, porque él dormía en el cuarto que tenían para dejar las aceitunas a remojo y colgar algún chorizo, y ni techo raso ni ná…

Ya se deja llevar de los recuerdos y enlaza unas historias con otras, muy lentamente y tropezando en alguna palabra que ha perdido y yo le echo un cable (o una maroma) y se la descubro para que siga, por ese camino.