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De hernias, trajes y bolsillos

-Pues a mi bisabuelo, que era herniao de las dos partes, – se toca las ingles con ambas manos-  le llamaban “Morero el de la potra”

– ¿De la potra?

– La potra son los bultos que tenía, como los que le salen a las “azanorias” y a los nabos, que también se dice potra. Eran hernias, que antes no se operaban y se le hicieron grandes -Se queda pensativo- Cuando murió, que yo le vi porque antiguamente se les tenía allí a los muertos en las casas, por lo menos un día con su noche, allí adorándolos, ¡qué cosas! Yo me fijé que estaba tó lisito – se señala la tripa- Iba vestido con un traje de los buenos.  De un arquitecto rico de Madrid, que la que servía en su casa sería pariente y enviaba al pueblo lo que no le valía.

– Y ¿por qué se lo ponían de muerto, en vez de usarlo de vivos?

– ¡Sí hombre! Sí era de mucho luuujo…y en ese tiempo no se usaban más que pantalón de pana y cuando se rompían, apañaban uno corto pa los chicos – se ríe – Dicen que a mí el primero que me hicieron llevaba bolsillos, y estaba tan contento que iba siempre con las manos metías…y me caí de boca

– Y ¿te rompiste algo?

– Lo que sé es que mi madre me los cosió, los bolsillos

Se agarraba de una maroma para levantarse

Aunque su carácter siempre ha sido agradable y trata de “dar gusto” y dice mucho eso de que “es mejor reírse de las cosas que estar enfadado”, por alguno de sus desequilibrios en la dopamina, sufre a veces  alteraciones de conducta y emociones. Momentos muy duros para él y para los que le rodeamos en los que no se fía de nadie, en los que vive bajo la sospecha de que todos le estamos engañando, robando, aprovechándonos de él y de sus posesiones (sic). 

Hoy estaba de ese modo y no decía nada, dando el paseo; así que he empezado una conversación tratando de llevarle a esos lugares que le gustan tanto, como las cosas de su bisabuelo “el morero” que parece que le dejaron una honda huella aunque cuando murió no debía de gastar él más de  seis o siete años.

– (…) Y cuéntame, ¿cómo se levantaba del jergón?

-Pues cómo se va a levantar…Con una maroma…

-Y ¿qué es una maroma?

-Pues una cuerda más gruesa que está hecha a base de esparto trenzao

Porque como era herniao de las dos partes, ¡de algo se tenía que agarrar! Y ató una cuerda a una viga, que son unos travesaños de madera que sujetan el tejao, porque él dormía en el cuarto que tenían para dejar las aceitunas a remojo y colgar algún chorizo, y ni techo raso ni ná…

Ya se deja llevar de los recuerdos y enlaza unas historias con otras, muy lentamente y tropezando en alguna palabra que ha perdido y yo le echo un cable (o una maroma) y se la descubro para que siga, por ese camino.

La zorra y el oso

Una historia que le gusta mucho contar a Pablo, es la de un oso que presumía ante una zorra de ser el más fuerte del bosque y la zorra le decía, “eso es porque no conoces al hombre” “¿y qué tengo que hacer para conocerlo?”, preguntó el oso, “pues acercarte al camino, que por ahí es por donde pasa”, le dijo la zorra. Y el oso se llegó hasta el camino y cuando vió que se acercaba alguien preguntó “oye, ¿eres tú el hombre?” “No-le contestaron-yo todavía no lo soy” Y el oso se fue muy contento a decirle a la zorra que menudo cobarde era el hombre, pero la zorra le aclaró que aquello no era el hombre, que era, sólo,  un cachorro de hombre… Así que el oso volvió al camino, porque tenía mucho empeño en medirse con el hombre y vio que venía uno muy despacito y agachado, apoyado en un bastón. “Oye-le gritó- ¿eres tú el hombre?” “Nooo-le contestaron-yo lo he sido, pero ya no”. Y el oso de nuevo se internó en el bosque para confirmar con la zorra que él era el más valiente. “No-le dijo la zorra- eso era un viejo, ya verás como cuando te encuentres con el hombre te darás cuenta de su poder” Y el oso volvió, y por el camino venía un herrador, de los que van con sus herramientas a las casas de labor para apañar a los animales, y nada más abrir la boca el oso, el hombre le agarró la nariz con la tenacilla y con el martillo le arreó un buen golpe en la frente. El oso se dió la vuelta para huir y entonces el hombre, con la escopeta de perdigones que llevaba al hombro le disparó en el culo. Y cuando el oso llegó con la zorrabastante maltrecho y humillado así le contó a su amiga “teniéndome agarrado con dos dedos enormes y muy fuertes de la nariz, me ha dado un tremendo puñetazo, que casi me desmayo y cuando logré escaparme, el hombre estornudó y mira cómo me ha puesto las “jarreteras”

La espuma de los días

-(…)pues esas cosas me las contaba mi bisabuelo, que últimamente lo tenían por meses en casa de su hijo y de su hija… Él prefería su hijo porque su nuera le cuidaba mejor

-Su nuera era tu abuela Faustina…

-Sí, esa que era muy chistosa y siempre andaba gastando bromas…Pues verás lo que pasó una vez: Que tenían el matrimonio un cacho viña y sacaban para hacer una tinaja de vino to los años…Y en mes que ya se estaba acabando y se tenía que ir pronto a casa de su hija, se conoce que se quejó con sus amigos de que se iba a ir de en ca su nuera sin catar el vino, porque todavía no había hecho el fermento…Y alguno le dijo que echara bicarbonato y que eso hacía que el alcohol se diera más prisa…Y ni corto ni perezoso allá que fue de noche a la tinaja, y si a lo mejor había que echar una cuchará, él echaría un bote…-Se ríe- Y cuando llegó mi abuela a la cocina, se la encontró encharcá de vino y a mi bisabuelo nadando en la espuma

-Y para ninguno hubo vino!

-Cómo iba a haber si se salió todo de la tinaja!

Fábulas y padecimientos

-…Se apostaron el sol y el viento, a ver quién le quitaba antes a un viajante la manta..

-¿A un viajante?

-¡Claro! A un hombre que iba de camino…La cosa es que el sol se metió tras una nube y el viento empezó a soplar…y cuánto más soplaba, el hombre más se agarraba a su manta. Se echó para guarecerse de la ventisca entre unas piedras que había en la cuneta…pero la manta no hubo forma de despegársela. Así que salió el sol y empezó a apretar y el hombre a sudar y a sudar, hasta que tiró la manta…

-Ganó el sol

img_20161118_163637763.jpg¡Claro, es un cuento!. Si a mi todas esas cosas me las contaba mi bisabuelo

-Parece que le estás viendo

-No; me estaba acordando de una ventisca que me pilló a mí por el camino,y lo mal que lo pasé, agarrao al cuello de la mula, para que no me arrastrara el viento…hasta que llegué a casa…Y mi padre, ¡tan tranquilo! En la cama, ni siquiera salió a mi encuentro-Suspira hondo- …Menos mal que llevaba el carro cargao de vino, que si no habíamos salío volando, el carro, la mula y yo, que no tendría más de doce años…

El poder de la vaca sobre la víbora

-¿Tú sabes el poder de la vaca sobre la víbora?

-Noo

Pues se apostaron la víbora y la vaca a ver quién veía antes el sol y la víbora dijo, “tú tienes ventaja porque eres más alta” y la vaca dijo, “pues súbete encima de mi cornamenta para estar iguales” y así lo hizo la víbora y se pusieron cada una mirando para un lado. Riéndose la víbora porque se creía que la vaca estaba mirando mal. Y cuando ya iba a amanecer dijo la vaca “¿qué? ¿ves el sol?”, “no”, dijo la víbora, “pues date la vuelta y lo verás”,  dijo la vaca -Se ríe – y es que aclara antes el día por el lado contrario de donde sale el sol -explica-

-Mmmm…¡no lo entiendo!

-Es que vosotros no estudiáis esas cosas, ni lo pone en eso que miráis tanto – Cara de suficiencia – Es que yo tenía un bisabuelo que me enseñaba muchas cosas…Morero le llamaban, porque venía de Mora de Toledo, y yo fui el único de mi familia que se quedó con ese mote.

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Del tiempo de este niño

Me ve dibujando a Ernesto y dice:

-Del tiempo de este niño sería yo cuando murió mi bisabuelo… y parece que le estoy viendo cómo hacía el carbón con leños de encina que los metía en un barril y luego como un chozo alrededor, de leñas más ligera que se quemaba poco a poco…Y el carbón se lo compraban para las planchas

-¿Qué planchas?

-Pues eran unas planchas de hierro con tapa y se metía el carbón caliente dentro y con eso planchaban la ropa las mujeres…

-¿Tú veías a tu madre planchando así?

-Mi madre tenía poco “pa” planchar -Suspira-Pero padecían mucho las mujeres entonces, trabajando en el campo… que recogían  los garbanzos, las uvas, las aceitunas del suelo y “to” lo que había…Pero mi bisabuelo… ¡es que me contaba unas cosas! y yo las recuerdo todas y estoy seguro que mi primo, que era de mi mismo tiempo y andábamos juntos a “tos”sitios, no recuerda ninguna.

 

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