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Los tres mosqueteros

Se dobla sobre sí mismo hacia delante y se le cae la gorra; voy hacia él, pensando en ayudarle, pero se incorpora él solo deshaciendo la postura con movimiento grácil, sin esfuerzo ninguno y me muestra sonriente lo que ha encontrado

– Es un indio – me dice – de juguete

– Yo creo que no, Pablo

– Pues con estas plumas así…¡Aaaah! Pué que sea ¿Cómo se llamaban? Unos que luchaban muy bien a la espada…Ya no me acuerdo, perooo… había por medio gente de Iglesia, alguien así como un obispo de Francia, muy dominante…y de éstos eran tres, ná más, que defendían a la reina – se ríe – y luego llegó otro así del campo y se reían de él a lo primero y así… Se peleó a espada con ellos y vieron que se defendía bien…¡Uuuuh, menudo era! ¡Daba unos brincos!…El resultao es que se hicieron amigos… y ya se fueron metiendo en más líos hasta que ganaron a los del obispo ese…Y estooo ¿Cuesta mucho de empujar?

– ¿Lo quieres conducir tú un rato? Y luego cuando te canses, te vuelves a montar…

– ¡Ah, pues van muy bien estas ruedas! ¡Funcionan divinamente! ¿Te quieres subir tú un rato? ¡Venga, que te llevo!

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Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos

Se pasa mucho tiempo dentro del baño; yo a veces abro, despacito, la puerta para comprobar que esté bien y le veo ensimismado frente al espejo, entablando con él un diálogo gestual: enarcando una ceja, sonriendo, colocándose el pelo hacia delante, cubriéndose lo ralo…

Luego me voy a la cocina y le espero, con la leche caliente y las pastillas preparadas.

Hoy al sentarse, me ha mirado muy serio y me ha dicho

– Yo es que no sé quién soy – se señala las venas abultadas de las manos – yo es que no sé qué hago aquí…

Pienso que se refiere a estar dentro de ese cuerpo que no reconoce y empiezo a contarle cosas de su infancia y sus padres, cosas que le he oído tantas veces, para llevarle a un sitio “conocido”… Según voy hablando veo que no se interesa nada por mi voz, que probablemente no me entiende, pero me mira y canta:

– ¿Qué importa saber quién soy ni de dónde vengo ni de dónde voy🎶🎶🎶

la alemana del bar Trankilo

– No estoy muy católico, déjame aquí en mi rincón observatorio, déjame tranquilo

– Vale, pero acompáñame a la farmacia por lo menos

– Bueno, te acompaño – hace como esfuerzo al levantarse animándose con la voz para impulsar el cuerpo – ¡Aaaaarriba! – da vueltas con la mirada buscando algo – ¿Dónde coño está la gorra?

– En la cabeza

Se lleva las manos y se la coloca.

Ya saliendo de la farmacia, le propongo volver dando una vuelta por el parque

– Venga, así no volvemos por el mismo sitio…y mira, allí en aquel banco a la sombra, me parece que veo a tus amigas

– Uy, mis amigas, si no salen nunca… serán los chavales…- pero se le anima el paso y va mirando a ver si distingue de quién son las cabezas que se ven a lo lejos.

– Hola Pablo ¿Qué alegría verte? Que he oído que te has caído… Siéntate con nosotras

– Miga, egstaba contando que ayeg, sentada en el baño vi unas pequeños animales que se movían pog el suelo y gápidamente – hace el gesto de coger un pulverizador y usarlo hacia unas hormigas – las eliminé a todas, pogque no quiego que viva nadie en mi casa, me gusta mucho estag sola…y también me gusta estag aquí y hablag con mis amigos, clago, clago…Y entonces ¿te has caído? Pego no te has hecho mucho, no te pregcupes, que todos nos caemos, lo que hay que haceg es levangtagse y seguig vivos…

Seguimos todos atentos al monólogo de la alemana y en un hueco entre palabras logra Vicenta hablar y se dirige a Pablo

– Pablo, ¿què hem de fer per no arribar a vells?

– Morir

– ¡Jajajaja, ai quin home!

De regreso a casa me explica que esa que hablaba tanto era la alemana del “Bar Trankilo”, que ahora lo lleva su hija, el bar y que, aunque hablan alemán, se las entiende perfectamente…si estás atento, porque son muy simpáticas

¡Nos ha jodío mayo con las flores!

Pues que he estado de vaca(ciones)IMG_20180501_134501.jpg

 

Mientras tanto, el señor @elirregular cuidaba de Pablo…

Que en una de sus precipitadas carreras por el pasillo de casa, mirando el reloj…

-Pero ¿Cómo ha sido eso?, Pablo

-Pues que no guardo bien el equilibrio y mira…

-A lo mejor tenemos que andar más despacio

-No, andar no quiero, yo me quedo aquí…

-Y ¿sí nos lleva J… en coche?

-Vale, entonces sí

-¿Qué haces con eso, tanto?

-Te hago una foto para que vean lo que te ha pasado.

Se endereza y pone su perfil bueno:

El mar, ese río grande

Me sirvo otro café y miro el móvil mientras él desayuna. Le veo cómo mira de reojo al reloj mientras mete en la taza el bizcocho. Se le derrama un poco de leche sobre el mantel y se pone, nervioso, a recogerlo con la servilleta

-Es que como me tiembla tanto la mano, tengo que estar muy listo al hacer las cosas

-No te preocupes, eso nos pasa a todos…yo creo que hoy tienes prisa, que miras mucho la hora ¿Quieres salir de paseo?

-Pues sí, porque las piernas no se quieren estar quietas…- Mira los restos en la mesa-¿Dejas esto empantanao?

-Sí, venga, ya fregaremos luego…

-A lo primero de empezar a venir por aquí, nos llegábamos a ver el mar, na más soltar la maleta, aunque fuera de noche…Mi mujer, Pili, ¡Uy lo que la gustaba!…Tó se le hacía querer traer a su madre a que lo viera: “Tiene usté que venir que es cosa muy bonita…” “No será pa tanto – decía ella- será como un río grande” …y se murió sin verlo, le dió una cosa de esas que se sube toa la sangre a la cabeza de golpe y se quedó en el sitio… fregando estaba, ¡fíjate!

– Menos mal que hemos dejado nosotros todo empantanao…

– Y estamos aquí – suspira hondo – que es cosa muy bonita…

Un día perro

A media mañana mientras dormitaba, le he dejado el dulce (papilla de harina y frutas) al lado de su hamaca. Pero se ha despertado y lo ha visto siendo ya la hora de comer

-Eso ya se ha convertido en postre, Pablo 

Y lo he llevado a la mesa, bajo su mirada atenta y contrariada … Mientras comía, alargaba el brazo por encima del pescado y la ensalada y se metía cucharadas del postre en la boca

-Si me como una cosa, no me como la otra.

-Pues te dejas el postre para merendar, entonces.

Se lo ha comido todo, haciéndome un favor.

Por la tarde continuaba enfadado y a mitad del paseo, se ha sentado en una piedra y ha dicho que él no andaba más, que está imposibilitao   y que vaya solicitando una silla de ruedas, si es que tengo ese empeño de llevarle a algún sitio.

Una vez en el huerto, (hemos ido en coche) se ha puesto a la tarea con unas almendras y un martillo…Y mientras acertaba a partir cada almendra con una precisión digna del maestro de Karate Kid, ha levantado la vista hacia mi

– Vais a tener que enterrarme debajo la higuera

– ¿Ahora?

– (se ríe) No, espera a que me muera

El banco vacío y los venenos…

-Ya no hay nadie que se venga a sentar en el banco…hasta que no vuelva el calor…

-¿Echas de menos, a tus amigos?

-Es que enseguida les parece que hace frío…y ya no salen…¡yo no sé dónde los tendrán metíos!

-Pues en su casa…Pero si hace poco te dijo una señora muy amable, que por qué no ibas  a merendar y a pasar la tarde, que allí se reúnen tres o cuatro y lo pasan bien…Yo te acompaño hasta su casa, si quieres…

-No, si yo sé ir…lo que es que no quiero…

-Pero ¿por qué?

-Pues porque ¡para estar allí callao!…Si fuera antes, que me sabía muchos chistes y cuentos …Pero ahora ya ni entiendo lo que me dicen…

-¡Cómo que no! Y lo que sabes de las vacas y las víboras, ¿no te acuerdas?…

-Pues que una vez, quitando los chupones de las olivas, a uno le picó una víbora en un dedo y como tenía la estraleja en la otra mano, se lo cortó allí mismo  y se fue al pueblo a curarse…y se salvó, pero después, no se le ocurrió otra cosa que volver a buscar el dedo…y esa fue su perdición…porque al llegar al sitio, se habían arremolinao allí las avispas a la sangre y una le picó en el cuello, en una vena de las que van al corazón… y ¡lo que son las cosas! Cayó muerto antes de llegar al pueblo… del veneno de la avispa…

-Pobre hombre…

-¡Él se lo buscó!

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