Archivo de la etiqueta: animales

Estar como una cabra

-Yo no sé por qué se dice así, porque las cabras están mejor que quien lo dice. Uy, nosotros criamos una, que luego se la llevaba mi abuelo Pablo con las suyas, pa sacarla…Y ¡se comía la merienda de los gañanes!…los gañanes son los que aran -va explicando esto con las manos también- y mientras van haciendo el surco, pues dejan atrás la merienda en la manta y esta cabra aprovechaba para írsela quitando…¡Uuuuh! y cuando yo me iba a la viñaaaa, se venía detrás de mí como un perro, comía por allí lo que la parecía y se iba a corretear por los riscos…pero en cuanto yo decía ¡Vámonos! acudía  corriendo y se volvía otra vez conmigo… así que muy locas no están las cabras. Luego teníamos un burro, que ese sí estaba como una cabra. Una vez nos tiró a mi madre y a mí, vamos, yo brinqué antes de que me tirara, pero mi madre cayó patas arribaIMG_20170714_115226.jpg

Y es que este burro era mu manso y mu fuerte pa llevar lo que le echarás a las costillas; pero en viendo a alguien correr a su lao…a otro burro o mula o hasta un perro, ¡Uy, se ponía a correr como loco!

Está en su naturaleza

A los animales si los tratas bien te cogen cariño, aunque sean salvajes. ¡Hay gente salvaje también! Pero en mi casa estábamos enseñaos a tratarlos bien…¡A ver! ¡Trabajaban tanto como nosotros!

¡Uy!, ahora se me viene a la memoria el cuento de un soldao que llegaba a su pueblo, ya cumplío y se topó con una serpiente que se había atascao entre unas piedras y no podía salir ni pa trás ni pa’lante… Así que el hombre, que parecía bueno,  se amañó como pudo pa dejarla escapar. Pero la serpiente se revolvió contra él, ¡oye! y dijo que se lo iba a comer, que había pasado mucho tiempo sin poder moverse y tenía mucho hambre. Y el soldao va y le diceee:

– ¡Anda! y ¿cómo crees que vengo yo? Pues de pasar más que penurias… Y encima que me’parao a salvarte de morir atrapada…¿Cómo vas a pagar obra buena con daño? ¿Dónde se ha visto eso?                                                              
 -“Pues esa es ley de Hombre” – y que contestó el bicho

Se queda callado un rato, pensando, esperando.

-Y ¿cómo sigue el cuento? ¿Se lo come?

-¿Sabes lo que me comería yo ahora, pa refrescarme?…Un helaíto

Las libélulas no pican

-Te advierto que me voy a quitar esto y a quedarme en camisa, que ya está picando el sol que es un gusto…¡Mira! a esas las llamábamos “apagacandiles”

– ¿A qué?

-¡Apagacandiles! Porque se acercaban de noche a la llama que hacían los candiles y con el movimiento de las alas los apagaban, ¡Cosas de campo! Por aquí las llaman libélulas…Pero en el campo ponemos nombres a las cosas según lo que hacen, como los motes de la gente… ¿A que no la ves? ¡Si la tienes delante!IMG_20170329_212022507.jpg

-Parece muy pequeña y frágil como para apagar una luz ¿cómo era la llama? ¿Qué le echabais al candil de combustible?

-Pues era una llama poca cosa….Con un poco aceite que se echaba en un cacharro así pequeño – pone las manos como recogiendo agua- que terminaba así en una punta y con un “cachejo trapo” se hacía la mecha y se encendíaaa, ¡ná, una llamita!…Y con eso nos alumbrábamos para ver cuando nos juntábamos por la noche…Luego ya vino la luz eléctrica y ahí se acercaban los mosquitos, ¡esos son peores! Éstas comen mosquitos ¿eeeh?..¡Uy! ¡hasta abejorros grandes!…Pero no pican a la gente…

 

El guarro de San Antón

-¿ Y el guarro de San Antón? Tú no has conocido eso – me mira- Era un cerdo, que por allí los decimos guarros, que ozaba libremente por el pueblo y casi todos le echaban algo de comer pero no era de ninguno. Dormía en los estercoleros que era donde se amontonaba la mierda de las caballerías, buscando el calor que eso tiene. Y en llegando San Antón, que por eso se le nombraba así al guarro, lo rifaban y el dinero de las papeletas iba pal cura, pero al que le tocaba tenía que echar un lechón nuevo. Le recortaban las orejas y un poco el rabo pa distinguirlo y a la calle…Pero el que sacaba beneficio era el cura, de la rifa; no creo que le saliera a cuenta al que le tocaba

-¡Hombre! El beneficio estaría en lo que se sacaba de la matanza del cerdo, o nadie hubiera comprado  las papeletas

-Entonces en el pueblooo, se estaba obligao a seguir las tradiciones…Si hasta iba el alguacil vendiéndolas de casa en casa…Y que no hace falta que te obliguen pa saber lo que hay que hacer de voluntaria manera..img_20170311_010038310.jpg

¡Que es mejor criar tú a tu propio cerdo!

Relinchos, rebuznos y silbidos

Vamos andando en silencio, cada uno mirando para sus adentros, cuando se oye un relincho y rápidamente me mira y me pregunta

-¿A ver si sabes si ese relinchar es de un burro o de un caballo?

-Noo, dímelo tú

Y se pone contento mientras saborea esas palabras  que va a decir, como si se tratara de un caramelo que se pasa de un lado a otro de la boca…

-Pues la misma palabra te lo dice, es un caballo ¡porque los burros no relinchan!

-¿Qué hacen entonces los burros?

-¡Pues rebuznar!

Y aquí sigue una muestra del sonido de ambos para que yo aprecie la diferencia

-Y ¿las mulas?

-Pues las mulas son porque un caballo ha montado una burra y sale un cruce y es un poco de cada – y hace un sonido que empieza aspirando como para rebuznar y termina en agudo relincho- Todas estas cosas sé yo porque he tratado con estos animales. En la escuela, por mucho que vayas,  no te enseñan estas cosas…

-Y ¿te gustaba tratar con los animales?

-Pues ¡claro!, Se encariñan mucho contigo…Y yo siempre los he tratado bien…Iba al lado de la mula silbando, en vez de arrearla cuando llevaba mucha carga…img_20170216_204332814

tomando medidas

-Es que las piernas no me acompañan -dice pesaroso

-¿Corre más la cabeza?

-Corre, pero no me lleva a ningún sitio fijo

-Tienes que llevar las riendas – aquí yo en plan “autoayuda”-, como cuando ibas con la mula y el carro a Talavera a hacer las compras para la tienda…

-¡Uy!, pues no las tenía que llevar mucho, porque era una mula muy buena la que teníamos por aquel entonces…Iba siempre por su lao y…si se le ponían tiesas las orejas, es que venía un coche a lo lejos y ella sola se echaba a la cuneta.

-Entonces podías ir pensando en los encargos que te habían hecho los del pueblo

-Los llevaba apuntaaaaos…Qué no ves que me encargaban muchas cosas… De todo, herramientas, cacharros, prendas de vestir… – se ríe, me mira, no sabe si decirlo, pero lo suelta -¡ Hasta sostenes!

-¿Las chicas jóvenes? ¡Qué ligón!

Se va entusiasmando con la historia

-Mi tía, cuando se lo conté, no se creía que me encargaban hasta eso… Y voy y  le digooo, ¡sí hombre! ¡si hasta me dejan que las tome las medidas!img_20170207_195217440.jpg