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la alemana del bar Trankilo

– No estoy muy católico, déjame aquí en mi rincón observatorio, déjame tranquilo

– Vale, pero acompáñame a la farmacia por lo menos

– Bueno, te acompaño – hace como esfuerzo al levantarse animándose con la voz para impulsar el cuerpo – ¡Aaaaarriba! – da vueltas con la mirada buscando algo – ¿Dónde coño está la gorra?

– En la cabeza

Se lleva las manos y se la coloca.

Ya saliendo de la farmacia, le propongo volver dando una vuelta por el parque

– Venga, así no volvemos por el mismo sitio…y mira, allí en aquel banco a la sombra, me parece que veo a tus amigas

– Uy, mis amigas, si no salen nunca… serán los chavales…- pero se le anima el paso y va mirando a ver si distingue de quién son las cabezas que se ven a lo lejos.

– Hola Pablo ¿Qué alegría verte? Que he oído que te has caído… Siéntate con nosotras

– Miga, egstaba contando que ayeg, sentada en el baño vi unas pequeños animales que se movían pog el suelo y gápidamente – hace el gesto de coger un pulverizador y usarlo hacia unas hormigas – las eliminé a todas, pogque no quiego que viva nadie en mi casa, me gusta mucho estag sola…y también me gusta estag aquí y hablag con mis amigos, clago, clago…Y entonces ¿te has caído? Pego no te has hecho mucho, no te pregcupes, que todos nos caemos, lo que hay que haceg es levangtagse y seguig vivos…

Seguimos todos atentos al monólogo de la alemana y en un hueco entre palabras logra Vicenta hablar y se dirige a Pablo

– Pablo, ¿què hem de fer per no arribar a vells?

– Morir

– ¡Jajajaja, ai quin home!

De regreso a casa me explica que esa que hablaba tanto era la alemana del “Bar Trankilo”, que ahora lo lleva su hija, el bar y que, aunque hablan alemán, se las entiende perfectamente…si estás atento, porque son muy simpáticas

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Pablo ha cumplido noventa

Y le han ido llamado todos los de la familia para felicitarle y a todos les ha dicho, uno por uno, que eran los únicos que se habían acordado del día de su santo y cuando le preguntaban que cuántos hacía, él se quedaba pensando y calculaba ochenta y tantos porque

– ¿Noventaaa? Eso son muchos…¡Casi cien!

También estaban unos amigos con nosotros y hemos comido arroz a banda y trucha y una tarta de peras en el huerto. Pablo ha soplado la vela

– Fíjate, si todavía soplo…

Pa los reyes lo conocen los bueyes

Llevaba Pablo unos días “con poca gana” y la doctora dijo que durante este tiempo de menos horas de luz se hacen los días muy largos y es normal cierta melancolía. Le recetó unas pastillitas que tiene que tomar hasta finales de enero, en que hemos de volver a dar  reporte. Por mi parte le animo a salir de casa y a emprender tareas que siempre le han resultado estimulantes

-Tienes que podar ya las parras, Pablo

-Bueno, si tú lo dices, pero no hace tiempo…

Llega Michelle y le pregunta qué tal está y, sin desviar la mirada dice

– ¡Aquí, trabajando, me tienen!

Luego lo deja y se sienta con nosotros y mira a los perros y sonríe

También viene Álvaro

y María José, que son amigos nuevos

y

proponen hacer un cine de verano en el huerto y proyectar películas sobre la pared blanca de la caseta y le dan vueltas al sistema eléctrico necesario y hablan de Rohmer y “Le Rayon Vert” y de que, según Julio Verne  “cuando uno ve un raro destello  al atardecer, nuestros propios pensamientos y los de los otros se revelan como por arte de magia”…

Se van todos cuando el sol empieza a esconderse y un perro se escapa pero vuelve y Pablo dice

– Pa los Reyes, lo conocen los bueyes y pa San Sebastián el gañán, ¿a qué no lo sabes? – se me queda mirando –  Eso quiere decir que los días ya vienen de crecida y que los animales, que son más listos,  se echan a deber antes que nosotros

Un paseo por el campo y la ausencia

Ha venido A….A…… Y no para de compartir recuerdos y anécdotas de subidor de montañas, con J… mientras transcurre la paella y el vino y el sol brilla. Pablo, con la mirada baja y pensativa, nos coloca un enigma

-…de haberlo sabido yo, habría ido…pero le han enterrao ya
Cómo viaja al azar hacia cualquier momento de su vida, trato de adivinar con las piezas que me enseña dónde se encuentra, para lanzar un cable y atraerle a una orilla

-¿Ha muerto algún amigo?

Suspira

-Yo también he tenido muchos amigos…lo que tiene es que todos se van yendo…Si éste, que me he enterao que ha muerto ahora, ya estaba ausente de hace muuucho…no conocía a nadie ni se acordaba de ná de ná y necesitaba que le asistieran lo que se dice en tó…

Se ha agarrado a mi cable pero me arrastra a mi con él. A….A…… lanza otro

– Pero Pablo, es que tú eres muy fuerte, esos largos paseos que te das te mantienen en forma y el cuidado  del huerto .Porque, esto lo cuidas tú ¿no? ¡Tienes un huerto cojonudo! A mí también me gusta mucho el campo…

– Eso no es gustar del campo, eso es subir al monte sin necesidá… 

Y se va quedando traspuesto

Aleluya

Lucy y Steve han traído hoy la guitarra y nos cantan una bonita versión de “Blue moon”. La cosa se va animando y alguien pide una de Cohen y, aunque no recuerdan bien la letra deciden cantar “Halleluja” para que podamos todos entrar al estribillo, aunque sea mal entonado. Pablo está callado mientras bebe una cerveza y no se sabe si está atento a la música o con la cabeza en uno de sus viajes interestelares. 
Cuando le damos al ¡Aleluya!, termina de masticar una patata parsimoniosamente y me dice

-Eso es de misa, ¿qué no? – y sin esperar respuesta sigue – la primera misa que dieron en el pueblo después de la guerra la dieron en la plaza, porque la iglesia estaba mu mal, habían vivío allí milicianos y habían hecho fuego y tó, así que hasta que la prepararon puees…y va el cura y dice: “¡A mí no me ha salvao el pueblo, me ha salvao ladivinaprovidencia!” Y ¿cómo que no le había salvao el pueblo?, si le tuvieron escondío y a los niños nos dijeron que se lo habían llevao a Talavera, pa que no se nos fuera a escapar decir dónde estaba si nos preguntaban los de la FAI…Y más de uno dijo, ¡así por debajo, claro!, no le fueran a oír: “Ay amigo, si volviera p’atrás el tiempo, ¡veríamos a ver si te salvaba Ésa!”…Pero yo creo que le mandarían que lo dijera, que no salió de él ofender así, porque no era mal hombre, cuando había alguien muy enfermo y necesitao, siempre iba a verle y algo le llevaba, hasta tabaco dejó a uno debajo de la almohada una vez…

Retrato de Pablo con amigos

Han venido estos amigos y hemos pasado el día juntos. Son buenas gentes que conocimos, durante un viaje pleno de experiencias “exóticas”, cuyo recuerdo, probablemente idealizado y estilizado en el tiempo, nos ha ido mantenido unidos, a más de seiscientos kilómetros entre vidas cotidianas. Pablo se ha sentido a sus anchas, presumiendo a su modo de novias y conocimientos científicos: el vuelo de las rapaces hacia la presa, la transformación del queso en roquefort, ejemplos de la peligrosidad de recibir una sobredosis de vacuna, cómo injertar un frutal en otro para aumentar la variedad de la producción y sobre todo, la importancia de la poda en las parras para que las uvas vengan más dulces, porque para él es importante, ha dicho, que haya dulzura en lo que se come, en lo que se vive y en con quién se vive, bueno, sin llegar al empalago, ¡claro!

No sé por qué será

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– Pablo, ¿Te has comido los tres helados de la caja?

– ¿Tres helaaaaaos? ¿Dónde?

– Eran para invitar a tus amigas

– Pero como no aparece nadie…¡Yo no sé qué harán que no salen!…Pero yo me he comío   uno solo…yo creo que no había ninguno más… a lo mejor se han derretío por el calor…

– Pues desde que empecé a dibujarte has engordado un poco.

– No creo, si yo no he estado gordo nunca…¿Sabes lo que decía mi padre? – se ríe – Que si hubiera sío un cerdoooo, que arruinaba al dueño, eso me decía, porque comiera lo que comiera, siempre estaba seco… Claro, es que me movía mucho, era lo que se dice de rabo de lagartija…Ahora ya no me muevo tanto –  Mientras habla forcejea tratando de meterse la mano al bolsillo para sacar el pañuelo y le cuesta, porque el pantalón le queda muy ajustado y esa postura de sentado adolescente, complica aún más la operación – ¡Ay, qué cooooño! – Cuando lo consigue se limpia la nariz y la frente, vuelve a doblar el pañuelo parsimoniosamente y esta vez se levanta para guardarlo.

-Yo creo que este pantalón ha encogío un poco