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Análisis de sangre y lo que le pasó a uno de su pueblo

– Buenos días Pablo, siéntate ahí bien tranquilo, que yo soy Rogelio y no te voy a hacer daño.

– ¡Rogeliooo! Así se llamaba uno de mi pueblo ¿Quieres saber lo que le pasó?

-¡Claro! Estoy impaciente, cuenta, cuenta

-Pues que en lugar de sacar sangre, se la sacaron a él…Te la voy a contar en verso, como lo contaba mi abuelo Petronilo: “Les voy a contar señores lo que al “Picho” le pasó, se fue a Madrid a hacer fortuna cosa que nunca encontró, le cazó una perdigona, más grande que perdigón, le hizo vender las ovejas y el dinero se guardó

Le untó el culo con un ajo y se lo quitó d’enmedio. Pidió perdón a sus padres, cuando no tuvo remedio, con más orejas que un lobo Rogelio volvió pa’l pueblo”

– ¡Caramba, qué memoria!

– ¡Uy no! ¡Se me olvidan muchas cooosas!

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¡Ay, qué tía jodía!

-¡Uy mi abuela Faustina!, tos se querían poner a su lao pa la aceituna y en las ocasiones de reunión. Es que era un caso… Contaban que siendo una vez las fiestas de la Paz, en Villarejo,  le dijo a mi abuelo de ir al baile y él, que no quería, que cómo iban a ir…Y va y dice ella, pues me voy yo sola y se fue pa la puerta,  la abrió y cerró de un portazo, quedándose escondía en el cuarto, que estaba según se entra. Como mi abuelo era muy sordo, sólo oyó el ruido del golpe y creyò que había salido de verdá y muy enfadao,  les dijo a los chicos, que eran mi padre y sus hermanos, que no se les ocurriera abrir la puerta: “Que esta noche vuestra madre duerme al raso”. Así que se fue a la cama, que no sé porqué pero me acuerdo perfectamente que era ¡Uy, una cosa altísima! Y pa alcanzar a gatear había que subirse a una silla. Total que cuando echa el pie pa’rriba, va y se lo agarra ella que estaba  debajo, esperándole…”¡Ay, qué tía jodía!  Así que estabas ahí”. Y se reían mucho.wp-1499176056677.

Sí, esos son, Petronilo y Faustina

De viudas y arañas 

-Entonces, ese abuelo, Pablo, no te gustaba mucho

-Ni me gustaba ni me dejaba de gustar, yo cuento las cosas tal como son…-Suspira con una sonrisita mientras remata la chumbera con la azada 

– Si hasta dejó a deber algo a uno que vendía vino y aguardiente y tuvo que ir a reclamárselo a mi padre ¡las deudas de la viuda! Menos mal que le dejó y se fue – se acuerda de algo, deja la herramienta, hace una jarrita y con voz de misterio dice: – También había unas arañas que llamaban viudas negras, que tejían así unas telarañas para cazar… Decían que se comían al macho después de reproducirse y se quedaban viudas, claro… Pero yo eso no lo he visto nunca. Los que también picaban eran los “arraclanes”, por eso cuando había que quedarse a dormir en la viña, nos subíamos a un risco grande que había, que en la parte de arriba hacía un liso como de resguardo y ahí se acoplaba uno el cuerpo muy bien

– ¿Es que las arañas y los demás bichos no se suben a los riscos?

-Pues no, más bien buscan sus escondrijos debajo de las piedras, no se las veía “porcima” así al descubierto…Y voy a dejar esto ya que me están empezando a doler los riñones…¡Ya no valgo pa ná!

La miseria no es buena

Le pregunto de quién era la viña a la que tanto iba de chico

-Pues esa la heredó mi madre de su padre, que era lo único que tenía. Porque estuvo de pastor toda su vida y no valió pa otra cosa… Tenía poco espíritu

-El espíritu ¿es como llamas a la ambición?

-Algo así será…La cosa es que estando de pastor como era viudo, le engatusó el mayoral y le encasquetó a su suegra, que también era viuda…Y se casaron y todo, pero ya bien anochecido para no dar lugar a habladurías. Y esta mujer, esta viuda, le fue sacando todo lo que tenía, le hizo ir vendiendo todas sus cabras para “bebérselas”, porque era muy aficioná…Y luego le dejó. Y cuando le recogió mi madre, que mandó a uno de mis hermanos a ayudarle, no le quedaba más que un jergón, pero ¡hasta la lana le había sacado para venderla!

Se queda mirando la chumbera que lleva enferma ya desde el año pasado, se va y vuelve con una sierra.

-Esto habrá que cortarlo desde el tronco, porque lo que tiene no es nada más que miseria y si la dejamos, se extiende alrededor y no es bueno.IMG_20170328_114937762.jpg

de la muerte y la risa

-Pues llevo mucho tiempo ahí sentado en mi cuarto desde que me dispertao..Sin hacer ruido.

-¿Pensando?

-Pues sí, me ha dado tiempo a pensar muchas cosas… – me mira muy serio-  ¡En la muerte!..Que mejor que me quemen, y que no hagan entierro ni ná, que ya sé que vosotros no vais a querer las cenizas, porque ¿pa qué esas tonterías?

-¿No quieres que las echemos en el huerto para que crezcan las habas y las flores?

-Ni flores…Yo digo lo que decía mi abuelo Petronilo, “¡las flores las quiero vivo!” Y fíjate, le hicieron entierro -se refiere a funeral, creo- en la Iglesia, ¡él, que no la había pisao en vida! Con las flores y el cuuura, que era un vasco muy recio, dando unas zancás alrededor del muerto… que estaba dentro de una caja, ¡claro!…-Se ríe- Y el monaguillo que se las veía y se las deseaba para seguirle, agarrao a esos achiperres que se ponen…img_20170208_181648218.jpg

-¡Qué risión! Yo no me podía contener de reírme y me tuve que agachar, así como si llorara, poniéndome las manos en la cara para taparme…Y mi hermano Ángel diciendo,” yo no me vuelvo a sentar a tu lado, ¡cuidao qué hombre este!” Y el cura con esa cantinela, “cuando se junte el cielo con la tierraaaa…” ¡Qué risa!

 

mal de ojo

-En ese pueblo los hombres eran muy negociantes, estaban siempre de tratos unos con otros y cuando venían al pueblo a las fiestas, también…y en cambio, todas las mujeres decían que eran brujas y que curaban el mal de ojo.

-Eran brujas buenas, entonces…

-Si. A mí me llevaron de chico a que me curaran porque le habían dicho a mi madre que lo tenía. Y que era mi abuelo el que me lo había echado…¿pero, cómo iba a ser mi propio abueeelo? Y dijeron, que se podía echar …desde el cariño igual que desde el odio

Le miro, se ríe, se limpia la boca y luego la nariz con la misma servilleta, la vuelve a dejar en la mesa.., sigue comiendo…se para y dice

– Pero mi padre se pasó por donde daban las pastillas para las fiebres tifoideas que eran unas fiebres que daban por las tardes y eso era lo que yo tenía, o eso dicen…Unos me metieron las pastillas, que las daban del gobierno, gratis… porque era cosa que había mucho por entonces, esas enfermedades que ¡a saber lo que eran!… y las brujas me ataron un hilo a la muñeca…

-Medicina alternativa…

-Y yo qué sé, si eso me lo habrán  “contao” después, si yo tenía que ser muy chiiicoo…Supersticiones que había antes…¡Pero ahora también las hay!

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