Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos

Se pasa mucho tiempo dentro del baño; yo a veces abro, despacito, la puerta para comprobar que esté bien y le veo ensimismado frente al espejo, entablando con él un diálogo gestual: enarcando una ceja, sonriendo, colocándose el pelo hacia delante, cubriéndose lo ralo…

Luego me voy a la cocina y le espero, con la leche caliente y las pastillas preparadas.

Hoy al sentarse, me ha mirado muy serio y me ha dicho

– Yo es que no sé quién soy – se señala las venas abultadas de las manos – yo es que no sé qué hago aquí…

Pienso que se refiere a estar dentro de ese cuerpo que no reconoce y empiezo a contarle cosas de su infancia y sus padres, cosas que le he oído tantas veces, para llevarle a un sitio “conocido”… Según voy hablando veo que no se interesa nada por mi voz, que probablemente no me entiende, pero me mira y canta:

– ¿Qué importa saber quién soy ni de dónde vengo ni de dónde voy🎶🎶🎶

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Las cargas de leña

Veo a un hombre que carga y coloca troncos cortados de naranjo sobre un camioncillo rojo y saco el móvil para hacer unas fotos robadas; pero nos ve, se detiene en la tarea y nos saluda. Le pregunto si puedo hacerle una foto y rápidamente salta al suelo y posa sonriente. Luego me cuenta que ha tenido que talar muchos árboles porque están malos y teme que se contagien los otros. Me dice que conoce a Pablo desde hace mucho y que siempre le ha parecido un buen hombre y dirigiéndose a él le habla de las dificultades del campo

– ¿Verdad Pablo? Si no es la mosca, es la goma y si no el piojo y si no los intermediarios…Pero siempre se quedan otros con la ganancia y nosotros con el afán

Pablo mira abstraído hacia la carga y no parece estar allí. Me despido del leñador y seguimos andando de regreso, muy despacio. Después de un rato se para a descansar en un poyete del camino y

– Esa leña que lleva enseguida arde…Es mejor la de encina y olivo que se da por mi terreno… pero aquello ya pasó…hace mucho que no voy por allí… se me van las cosas de la cabeza…¡Cuidao las cargas de leña que habré llevao yo!

Pepita sabe cómo arreglar lo del paro

Veo a Pepita en su puerta, que me hace el gesto para que me acerque

– Mira, no hago más que darle vueltas a esto porqueeee: aquí dice que gasto de agua son doce’uros y empiezan a sumar cosas que no sé lo que son y me cobran cuarenta y nueve’uros. Y ¿eso por qué? ¿Tú lo sabes?

– Por la depuradora y el servicio de llevar el agua a las casas y el…

– ¿Cómo que llevar el agua a las casas? ¡Ni que tuvieran que traerlo en burro! ¿Y la depuradora,no nos lo había cobrao ya el ayuntamiento?

-Será el mantenimiento

-¡Será que son unos ladrones!…y mira cómo tienen a la gente, tos en el paro, con lo que ganan ellos, que lo dicen por la tele y tó, que ese de las tiendas de ropa, ¿lo has visto?, yo no sé cuantísimo dinero gana y los de los bancos…Mira, si a mí me dejaran a cargo del gobierno ¿sabes cómo lo solucionaba? Pues obligando a esos que ganan tanto a dar empleo a la gente…Yo no digo que den limosna a nadie, yo digo que los pongan a trabajar y a ganar su sueldo ¿No son capaces de ganar tanto dinero? ¡Pues que ganen un poco menos y hagan más empleos! ¡Que tienen a los chicos jóvenes sin trabajar! Mis nietos se tuvieron que ir a la Inglaterra esa… Que no están bien tampoco, pero que tienen trabajo y allí se han quedao…Vienen luego en el verano y… ¡Mira!, pasa que te enseño la labor que estoy haciendo a ganchillo, para cuando vengan…¡si yo no paro!…Si no fuera por la rodilla que me dueleee…¿Y Pablo cómo está? ¡Ay el pobre! Con lo que era, que estaba siempre en danza de un lao pa otro…y ahora ¿ qué dices, que no tie gana de comer? Pues a mí no mesequita, la gana – se ríe – Anda vete ya, que te estoy entreteniendo mucho…

la alemana del bar Trankilo

– No estoy muy católico, déjame aquí en mi rincón observatorio, déjame tranquilo

– Vale, pero acompáñame a la farmacia por lo menos

– Bueno, te acompaño – hace como esfuerzo al levantarse animándose con la voz para impulsar el cuerpo – ¡Aaaaarriba! – da vueltas con la mirada buscando algo – ¿Dónde coño está la gorra?

– En la cabeza

Se lleva las manos y se la coloca.

Ya saliendo de la farmacia, le propongo volver dando una vuelta por el parque

– Venga, así no volvemos por el mismo sitio…y mira, allí en aquel banco a la sombra, me parece que veo a tus amigas

– Uy, mis amigas, si no salen nunca… serán los chavales…- pero se le anima el paso y va mirando a ver si distingue de quién son las cabezas que se ven a lo lejos.

– Hola Pablo ¿Qué alegría verte? Que he oído que te has caído… Siéntate con nosotras

– Miga, egstaba contando que ayeg, sentada en el baño vi unas pequeños animales que se movían pog el suelo y gápidamente – hace el gesto de coger un pulverizador y usarlo hacia unas hormigas – las eliminé a todas, pogque no quiego que viva nadie en mi casa, me gusta mucho estag sola…y también me gusta estag aquí y hablag con mis amigos, clago, clago…Y entonces ¿te has caído? Pego no te has hecho mucho, no te pregcupes, que todos nos caemos, lo que hay que haceg es levangtagse y seguig vivos…

Seguimos todos atentos al monólogo de la alemana y en un hueco entre palabras logra Vicenta hablar y se dirige a Pablo

– Pablo, ¿què hem de fer per no arribar a vells?

– Morir

– ¡Jajajaja, ai quin home!

De regreso a casa me explica que esa que hablaba tanto era la alemana del “Bar Trankilo”, que ahora lo lleva su hija, el bar y que, aunque hablan alemán, se las entiende perfectamente…si estás atento, porque son muy simpáticas

Guardarse del hambre

Hemos ido a la enfermera para las curas de la herida

Se queda muy quieto y estirado permitiendo la manipulación con instrumentos cortantes, tan cerca de su ojo

Yo, mientras miro, no puedo dejar de pensar en esto:

Pero Pablo no se queja.

La enfermera le pregunta cómo está pero él no contesta. Contesto yo por él, que ha perdido mucho el apetito y que dormita por el día pero que no duerme por la noche. Nos da cita para el médico. Al salir le pregunto si quiere andar un poco.

-Bueno, si tantas ganas tienes, te acompaño a un paseo

Camina muy despacio y me deja sujetarle del brazo. A mitad de camino se sienta en el tronco de un árbol viejo

y se pasa el pañuelo por la frente

-Esto está más duro que un risco

-Pero tú has dormido a veces encima de un risco, ¿no?

-Claro que sí, había uno muy grande en la viña y nos subíamos a él para vigilar y nos quedábamos dormíos allí mismo

-Y ¿qué vigilábais?

-Pues una vez a uno, que habíamos visto sus huellas y no podían ser de otro que de él porque gastaba unas albarcas grandísimas y allí nos quedábamos o yo o mi hermano Antonio, que no tendría más de nueve años…y fue él el que le pilló y le echó el alto: ¡Eh! ¿A dónde vas por aquí que no hay camino? Y ya no volvió

-Y ¿cómo se asustó tanto de un niño?

-Del niño no, de que le denunciaran…porque en ese tiempo, por robar unas uvas, te metía mano la guardia civil, ¡pero bien! Y ese era el miedo

-Y ¿le denunciásteis?

-¡Quiá! Eso no se hace, denunciar a uno por guardarse del hambre …No le vas a dejar que te quite lo tuyo y de tus hijos, pero denunciaaaar…- se levanta despacio- ¡Alevamos! que ya he descansao bastante…Y ¿qué te ha dicho la enfermera?

¡Nos ha jodío mayo con las flores!

Pues que he estado de vaca(ciones)IMG_20180501_134501.jpg

 

Mientras tanto, el señor @elirregular cuidaba de Pablo…

Que en una de sus precipitadas carreras por el pasillo de casa, mirando el reloj…

-Pero ¿Cómo ha sido eso?, Pablo

-Pues que no guardo bien el equilibrio y mira…

-A lo mejor tenemos que andar más despacio

-No, andar no quiero, yo me quedo aquí…

-Y ¿sí nos lleva J… en coche?

-Vale, entonces sí

-¿Qué haces con eso, tanto?

-Te hago una foto para que vean lo que te ha pasado.

Se endereza y pone su perfil bueno:

Se nos rompió el frigo y hemos ido al centro comercial a comprar uno nuevo

Esto parece un púlpito, o ¿cómo se llama eso de las iglesias? Es que me estoy acordando de Don Teodoro, el cura de mi pueblo, uno que no gustaba mucho a las beatas…y que porque cuando llegó al pueblo era el tiempo de las comuniones y preguntó que si sólo esos niños la iban a hacer, porque habían adornado con telas blancas y flores dos bancos de “alante” y le dijeron que eso era na más que pa los hijos de “Fulano” o yo no sé quiénes seríen, alguno de los riquillos…y que los otros niños que también la hacían, se sentaban detrás en los bancos sin adorno…Y el cura dijo que ¡ah,no!, que para to’s iguales, que o todos los bancos adornaos o que ninguno, entonces…Y más cosas así que fue haciendo, contrarias a lo que ellos gustaban de gobernar, ¡miá tú! Así es que, entre ellos hicieron un escrito de quejas que enviaron al obispo de Toledo, ¿Se dice así, obispo, al jefe de los curas? Bueno, lo que fuera, el caso es que la carta esa, no se sabe cómo, llegó a las manos de don Teodoro – se ríe – Y que cuando fueron a misa, le vieron allí subío al púlpito y que les dijo: “No estaba yo muy seguro de si quedarme o no en este pueblo, pero os voy a leer esta cartaaa que me ha convencío pa quedarme…Y los leyó la carta a los mismos que la habían escrito ¡Qué chasco se llevarían! Yo no lo vi porque no acudía a la iglesia, pero fue muy pregonao luego. También se dijo, no sé quién se enteraría, que’sque el secretario del obispo era hermano del cura y que por eso se la destapó a él en vez de andar con tonterías a importunar a su jefe ¡Qué se habían creído!

Después de elegida la nevera, va recontando la historia de ese cura, que era vasco, elevando la voz con emoción, para que le oigamos bien por la escalera (todos).

-Y allí que se quedó ¡Menudo era!