Aceitunas, valentía y ganas de mear

– Pablo, estas olivas tan cargadas de aceituna que van este año, ¿las recogemos y hacemos aceite?(*)

-Cómo se “esperdicia” tó ahora…Hubo un tiempo en que la gente se iba a los olivares  por la noche a coger lo que podían de aceituna y luego, en su misma casa, yo no sé cómo, con un saco y con agua caliente y estrujando, sacaban aceite y lo vendían o lo cambiaban y tó a escondías…Lo llamaban aceite de talega -Se ríe- Había una mujer, viuda de guerra, que esa ¡Uy!, hacía lo que fuera, sacaba de dónde no había, pa dar de comer a sus hijos… Un día se la toparon en la tienda unos, así ¡muy fanfarriosos! y le dijeron con sorna: “hoy sí que no has podío recoger ná, porque hemos estao toa la noche de vigilancia y habrás tenío miedo de la vara”. Y va ella y les contesta: “¿Que nooo? Y os habría podío mear encima de haberme dao gana, porque estaba arriba en la oliva y os escuchaba hablar; si queréis aquí mismo os doy señas de lo que andabais diciendo” 
– hace el gesto de cerrarse la boca con un candado- Y, oye, se quedaron mudos, algo no querrían que se supiera…Menuda era ella de echá p’alante, ¿No ves que había mucha necesidáaaa?…y eso es lo que te hace valiente… 

(*)hemos recogido ocho cajas de aceituna y las hemos llevado a la almazara de Gata 😉

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30 pensamientos en “Aceitunas, valentía y ganas de mear

  1. Espacio de imágenes y palabras de Claudia

    “La necesidad te hace valiente” , ¡Qué frase!
    Esta historia me hizo acordar que en la casa de mi abuela había un olivo y cada dos años había que apurarse a juntar las aceitunas negras (el piso quedaba hecho un desastre si caían las maduras) Por supuesto, ella las preparaba “a la italiana” y se comían aceitunas por meses…
    Muy buena historia! Y el dibujo con la mujer subida al árbol, genial.
    ¡Un abrazo!

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  2. inspectordisaster

    “Os habría podío mear encima de haberme dao gana”: ¡esto es auténtica poesía cañí, Note! Solo hay algo que me gusta aún más que las frases ingeniosas de Pablo: las frases desvergonzadas de las mujeres que aparecen en sus recuerdos. Yo creo que para llegar a ese grado de perfeccionamiento literario hay que haber pasado mucha hambre y recibido muchas cornadas de la vida pa’sacar adelante a los churumbeles… ¡Me encanta!

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  3. Laura Antolín

    Aceite de primera prensada, el de hoy. Me encanta el ingenio de esa mujer, tan sabia y valiente, tan segura de que esos dos facinerosos algo tendrían que ocultar. Da igual si ella estuvo o no encaramada al árbol, ella sabía que los podía comprometer solo con amenazar contar lo que les había escuchado decir.
    Sí, se teje un hilo entre Pablo, tú y nosotros, vuestro público, ya lo creo.
    Abrazos, y dar recado de esa cosecha de oro líquido, que del otro ya lo hacéis.

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  4. Alvaro Salazar

    Mujeres valientes, las ha habido siempre, las hay y las habrá. A ver si no como iba a ir el mundo con tanto fanfarrioso como anda suelto… Una historia hermosa y muy ilustrativa sobre la recogida de la aceituna. Abrozox2

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  5. Daxiel

    Bello, preciso, conciso, como la vida de alguien que pasa necesidades y ante la atropellada sale victoriosa de la afanada, lo vulgar no es la necesidad, lo vulgar es tratar de pillar a quien trabaja, aunque se surta, de la productividad ajena, de seguro esos críos hoy serán señores, aunque ella hubiere sido una mechera…

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  6. palmeiralibre

    ¡Y me lo había pasado por alto…! ¡Cuantas cosas me hacen recordar las historias de Pablo! Sin ir más allá, puedo aseguraros que las mujeres del pueblo no llevaban braga por aquel entonces: mi abuela (ella sí las llevaba) tenía una finca pequeña en la que sembraba de todo un poco, y tres jornaleros –dos mujeres y un hombre- eran suficientes para realizar las tareas de siembra y recogida. Recuerdo una mañana en la que les subí el desayuno y una de las mujere -separando las piernas y alzando un poco las faldas- se puso a mear en un regato. “¡Porca!, ¿non tes vergonza diante de Xan?”, la amonestó la otra. “E que ei de ter, si Xan é coma nós”. (“¡Cochina!, ¿no tienes vergüenza delante de Juan?” “Y qué he de tener, si Juan es como nosotras”) Y es qué el jornalero era gay…
    Formidable ilustración. Un abrazo compartido.

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